Si la peor de las respuestas es siempre el silencio, la peor de las preguntas es el silencio.
Es imposible, imposible, comunicarse si siempre dejamos las preguntas en el tintero; el rencor se acumula y la distancia aumenta.
La amistad destrozada se torna en hipocresia y yo pregunto ¿vale esto la pena? ¿vale la pena jugar al mismo juego de aquellos a quienes censuramos, a quienes criticamos, a quienes públicamente vilipendiamos? ¿Seremos iguales a ellos? ¿O diferentes? Tú dirás.
¿Jugaremos al juego de los secretos y las mentiras, de las verdades a medias, de las dudas y las intrigas?
¿Seremos como ellos entonces?
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