lunes, 30 de abril de 2012

algunos, no

Hay un tiempo para sentirse a salvo, 
para sentirse plenos,
para sentirse libres.


Al menos eso cuentan las voces del coro
que leen mis pensamientos
como si fueran el eco
del aliento de entonces.


Mas, llegado el tiempo,
unas cuantas palabras,
unos ojos azules,
un poema, una carta,
y la paz se acaba
y viene el miedo.
Así se conoce el desconsuelo
y se conoce la locura. 


Pero tranquilos, dice el coro,
la desdicha no alcanza a todos.
Algunos nunca se lo permiten.
Se aferran a certezas arbitrarias,
a pócimas y códigos solemnes,
a artificios convencionales,
a fútbol, hijos y mujeres.


Para otros, sin embargo,
el tiempo de sentirse libres, 
de sentirse a salvo, 
de sentirse plenos 
habrá pasado, dejando un vacío
que solo llenarán soñando. 

domingo, 29 de abril de 2012

Cerrado por autocompasión

Las trampas que nos tendemos a nosotros mismos
Las palabras
que se escapan entre mis dedos como la arena seca
arena seca oscura y tibia
En la oscuridad de una noche eterna
en una remota playa
La playa de la lluvia de estrellas
La playa de las cosas pasadas
La playa donde me quedé siglos atrás

Eres un extraño
Soy una extraña
Nada remedia nuestra imposible comunicación

Yo fui la reina del amor
mientras me quisiste fui la dueña del amor
Ahora soy una extraña en una playa sin dueño
sin norte
sin pasión.

Ya no estás
tampoco yo.

No queda nadie. Cerremos el bar.

jueves, 26 de abril de 2012


De mi vida como sirena



1.
En 2002 tuve una revelación: el sitio donde trabajaba y había estudiado, donde pasaba las mañanas y las tardes era un pozo que conducía directamente al Infierno.
En cualquier caso, yo no fui consciente de que aquel descubrimiento se haría sólido y entraría a formar parte de lo que creo saber hasta el mismo año 2012, en el que ahora estamos.
Lo cierto es que cuando en la noche ya de vuelta en casa, me dejo suelta la melena y mojo mi cola reseca, intuyo que parte de lo que he presenciado es como un sueño en que las personas se transmutan en animales ante mis propios ojos. Sin ir más lejos, convivo junto a una alimaña gigantesca, a la que tras mucho observar reconozco como una hiena de dimensiones espectaculares.

Es un lugar peculiar este donde me acogieron y al que tanto debo (como lugar), y estos mis compañeros son, como si dijéramos, mi familia. Además, incluso en aquel tiempo, sentir que era aquello una pequeña isla del Dr. Moreau no me resultó extraño siendo yo de una condición semihumana, que mantenía a escondidas. Si era yo un bicho raro, por qué no lo iban a ser los demás.


2.
Una mañana, sin saber cómo, escuché una conversación que no entendí porque yo era una sirena especial que no se enteraba de nada. Ahora me he vuelto como todos, una mierda.
Aquella charla que se representaba entre una trol gigante especialista en la literatura de postguerra y una chicharra-búho daba noticia de que un compañero había pegado a su mujer. Me extrañó para la hora (eran las 8 a.m.), el tono jocoso de la conversa. Las risitas de ambos entes susurrantes llenaban las escaleras. Inquietante. Volví sobre mis pasos y preparé las clases en el baño de la planta baja, con el pestillo echado.
Yo acudí a mi médico a decirle que tenía visiones y oía cosas raras en las escaleras. Él me mandó un montón de ansiolíticos y me dijo que no era tan raro pues tenía un oído superdotado. Inmediatamente, procedió a una revisión en profundidad de la parte superficial de mi cuerpo. Me volvió a inspeccionar las mamas, para indicarme que debía acudir ya sí que sí a que me hicieran una ecografía. Espera que me aseguro. Y volvió a tocarme con suavidad y lentitud las tetas.
Por más rara que sea una fémina, sabe cuando la están magreando y aquel mi médico cada vez que podía me magreaba. Me imagino que lo hace con todo el mundo y que está en su naturaleza. Yo tengo cola así que no me alarmo ni un tanto así.
Sigo su consejo: tomo los ansiolíticos (a los que me hago adicta ipso facto) y voy al especialista, lo que se salda con una mastectomía parcial y un tiempo de niebla en el que ni tan siquiera llegué a hablar con mi creador.


3.
A mi vuelta, después del postoperatorio y las vacaciones, me concentré en acabar mi tesis doctoral y preparar clases. Nada más ya que, como sirena, no podía follar.
Al poco de llegar, subiendo las dichosas escaleras supe sin preguntar que el tipo recién casado cuya naturaleza oscila entre la del hombre-hipopótamo con paranoia y la de un gorila esquizo marchó al extranjero. Iban mezclándose los graznidos para informarme de que lo hacía ciertamente para huir de los rumores de que zumbaba a su mujer que era además una falsa sirena, campeona de sumo pasivo-agresivo.
Confusa aún, mi jefe inmediato, ¡ay, los tiempos en que la jerarquía era tal!, me comunica que, dado que el mono paranoide se había dejado todas sus clases sin dar y para no estar en boca de todo el mundo, la asamblea de majaras ha decidido en mi ausencia que yo me encargase de su docencia.
Y así lo hice por orden del oso pardo torpe, que era por entonces coordinador de área. Estuve, como pueden figurarse, bastante ocupada un tiempo y no recuerdo las maniobras orquestales en la oscuridad de mis compañeros algunos de los cuales se movían por la tarde-noche con más agilidad por ser animales nocturnos.


4.
Por fin, leí la tesis doctoral. Comencé después una etapa de loco quehacer que impedía la observación naturista de mi entorno, y pasé así unos años sin percatarme más que de ciertas actitudes hostiles en instantes fatales, donde estupefacta y nada segura de si alucinaba presenciaba destripamientos rituales propiciados ora por un par de cuervos con pañuelos de seda, ora por un nibelungo con una cohorte de enanos pervertidos, ora por una hiena con bolsos de marca,...
Habría creído que todo era cosa de mi extrañamiento y mi dualidad pez-persona a no ser porque la encarnación de Cruella de Vil, la cual luce abrigos hechos de piel de cachorros de dálmatas, se comporta como una mezcla de buitre leonado y hiena: ríe como hiena pero da miedo como si dentro tuviese el espíritu del león y por más que presuman algunas alimañas incluyendo a la serpiente sabia, de elegante porte e impecable reputación, todos le hacen la rosca ante el temor de una muerte profesional y/o social lenta y tortuosa.
A pesar de ello, no es un espécimen especialmente odioso el buitre-hiena. Los hay peores, mejores o iguales pero más temibles. El nibelungo, por ejemplo, está por encima en inteligencia, memoria, astucia y carácter de estratega. Aquel hombre pequeño y de sonrisa falsa se mide con cualquiera y es terriblemente peligroso. Alguien debiera quitarle el anillo, en serio, pues se avecina un día en que el piso se abrirá y nos tragará a todos, incluyendo a los habitantes del Olimpo: aquellos que están en el más alto escalafón, los aristócratas de nuestra pequeña sociedad que encierra la más triste de las réplicas de un mundo real.


5.
No hace mucho, con un retraso fuera de lo normal, conocí por fin al dios que nos acoge como un generoso padre, el que nos permite actuar en módulos y pasillos. En general como todo dios padre, aunque su pasado esconde terrores que a todos apenan, siempre acepta de buena gana lo que sea que le solicites y se muestra magnánimo y complaciente. Por mi parte, he de decir que todas mis sugerencias de los últimos años han sido aceptadas, palabra de honor dada en las escalas. 
Lo malo es que palabras y sonrisas, irreprochable afabilidad con las masas y detalles pictóricos aparte, adolece de una memoria terrible que le hace olvidar peticiones y promesas. Quizás el mismo mal que le hace olvidar lo prometido le hace recordar las afrentas, reales o ficticias. Desdichadamente, esto lo convierte en un engendro como todos los otros pero con más peligro por el miedo a perder el poder. Curiosamente, sé que muchos lo aprecian y admiran pues no han visto al lobo que puede llegar a ser.
Yo me traigo el agua de casa y procuro no comer nada guisado en este lugar pues he llegado a la conclusión de que hay algo aquí que propicia la paranoia y todo el que tiene una posesión (aunque sea una completa ficción) se vuelve como el Gollum, antes conocido por Sméagol.
El buen dios de nuestro pequeño paraíso cultural, ventoso y soleado, se ha mostrado como el lobo con piel de cordero que quizás siempre fue. El hombre bonachón, -y, según las malas lenguas, alcohólico y mujeriego-, ha dejado claro que, tras su ridículo e incompetente comportamiento, esconde un carácter fuerte y una faceta déspota. Yo lo he visto. He visto cómo la sangre conducía a mi despacho tras el amago de la reina hiena de “relevar” al hombre cordero.
Al ver la sangre, que no podía ser más que el resto político de la voz gritona y apabullante, la risa vulgar y el ahogado intelecto dedicado únicamente a maquinar el modo de medrar, tuve un amago de mezquindad tan tremendo que casi dejé de ser sirena para ser una alimaña más.
He aquí quienes dominan la Tierra Media de este agujero alegre y pintoresco donde está la puerta del infierno verdadero, donde aprender y enseñar son la última meta, donde todos tienen los ojos puestos en los puentes, los aumentos y los incentivos. Donde perdí mi alma, mi inocencia y donde estoy a un paso de perder mi locura y mi condición de sirena.

lunes, 23 de abril de 2012

Tu cara es un anuncio de cocacola. Algo que dice: "Hola, no soy una persona, soy una marca".
"Antes fui yo (una mierda de yo, pero yo), después fui padre, después de nuevo yo, ahora realmente lo que quiero es venderme como una marca".
Fui anarquista, revolucionario, ahora diseño sillas de colores pastel. Me cambio el nombre, critico y soy polémico para llamar la atención, me desnudo y cuando me miráis absortos, admirados, a la cara -la cara de logo de cocacola- os vendo algo de diseño.
Soy yo, el nombre de una marca, de un diseño, de un vacío enorme, miradme y decibid mi mensaje liberador.
Ya no veo tu cara, cuando abro contra mi voluntad, veo un logo que recuerda un anuncio de cocacola.
Cuándo se me pasará. Cuándo mis manos, mis ojos atenderán el dictado de mi mente y de tu voluntad y dejarán de buscarte entre los mensajes, para ver tu cara.

domingo, 22 de abril de 2012

Tomar o no tomar

Anoche tuve un sueño de lo más raro. Una pesadilla. Terrible. Me vendía totalmente borracha, a la mañana no quise besar al tipo poderoso y me marchaba. Nada había servido para afianzar mi posición. Me sentía basura. Mis acompañantes me sentían basura. Era basura.
No tengo a quién contarle mis sueños.
Espero que la profecía no se cumpla y que lo que no se cuenta, no se cumpla.
El tipo más corrupto, más sucio y más desagradable del mundo es el hilo del que pendo en el sueño. Las amigas que me acompañan me abandonarán. Todos son personas de mi vida en la Facultad. 
Últimamente, cada sueño es más real que la realidad.
Al despertar, un reproche de mi boca te culpaba por no haberme sabido salvar.

sábado, 21 de abril de 2012

El azul de tus piedras

El código de Hammurabi


A la hora establecida, como había sido prescrito, los soldados empujaron al joven Rapi al Río Sagrado en su zona más profunda y quedaron observando desde una loma escarpada. 
Rapi sabía nadar. Había aprendido mientras sus hermanas lo llevaban con ellas cuando había ropas que lavar. No allí, claro, mucho más arriba, donde el Eúfrates se convertía en una playa y las muchachas se agachaban y frotaban con placas de jabón las telas mientras cantaban.
Rapi se debatió en las negras aguas. El pánico se apoderó de su alma durante unos segundos y no lograba recuperar el control de sus músculos ni discernir adónde debía dirigir su cuerpo. Aquella zona llevaba una fuerte corriente que tendía a empujar hasta los troncos más grandes de árboles caídos, a los que llevaba sin esfuerzo hasta el Arvand Rud, donde se perdían para siempre alejándose hacia un mar hostil y extranjero.
Rapi era un joven fuerte, aunque no lo pareciera porque siempre andaba solitario e inmerso en sus pensamientos. Había ejercitado su cuerpo tanto como su mente. 
No era de una familia ignorante: no solo sabía la lengua acadia, además del sumerio, sino que era capaz de grabar los caracteres en piedra, asimismo conocía las costumbres de las estrellas, los números y las leyes del rey, así como los nombres de cada una de las divinidades. 
No había ido a la guerra. Pero tampoco nadie se lo había exigido. Hasta su casa no había venido emisario alguno y, aunque conocían la situación creada por los elamitas, confiaban en la sabiduría e inteligencia de su rey. 
En el fondo de su espíritu, entendía que la Historia se volvía e iba y venía y cuando no era Larsa era Elam, y siempre la zona entreríos andaba en un continuo batallar entre vecinos que se saldaba con la vida de muchachos como él, así que ningún pecado ni ofensa a sus ancestros había causado. Su propio padre había perecido en una batalla de la que no quedaba memoria. Tras su muerte, recibieron una misiva donde les notificaban el suceso y su pérdida de rango aunque podían mantener la casa del padre dada la ausencia de herederos nobles.
Rapi desfallecía arrastrado por uno de los remolinos que bullían en aquel lado del Río Sagrado mientras imaginaba a su madre y sus hermanas desterradas y desposeídas de su patrimonio en favor de su acusador. Y a su querida Ilitani, mutilada y lapidada, como le había jurado hacer Naquerib.
Rapi se percató de que los recuerdos lo estaban embargando y que le alejaban de la vida, hundiéndose en ellos a través del remolino. Naquerib había desposado a Ilitani a pesar de conocer el amor existente entre ellos y haber sido testigo en una ocasión de sus relaciones carnales. Había prometido vengarse. Y ahora lo había logrado.
Lo había acusado de brujería: lo había asesinado para robarle sus tierras y dejar el nombre de su familia enterrado en el lodo. Tenía que salir, tenía que luchar por su vida; sin embargo, el pensamiento se había apoderado de todas sus fuerzas y empezaba a hundirse cada vez más. Ya empezada la agonía, rendido a la fuerza del agua y del destino, vio un destello. Ese brillo señalaba la superficie. Era una señal, el Río habló. Salió una fuerza del propio remolino y la corriente cambió para favorecerle. El joven brotó bruscamente y nadó hacia la orilla ante los ojos de los tres hombres cuyas sombras largas se extendían montaña abajo. Rapi dirigió la mirada hacia la tercera forma, que no recordaba. Habría acudido allí mientras él se ahogaba.
Allí desde la altura la tercera figura se le mostró brillante y cegadora. Pensó en un dios aparecido para ayudarle y se desvaneció exhausto.
Al despertar estaba ante el rey, a cuyos flancos estaban los dos ejecutores de su sentencia. Las vestimentas de Hammurabi eran de oro y reflejaban la luz de la luna plena. Rapi que trataba de descifrar aún lo que había ocurrido, comprendió que el rayo que lo guio fue el brillo que el protegido de Ishtar emanaba. El rey habló. "La Verdad ha declarado inocente a este hijo de mi pueblo. Su acusador será ejecutado y sus bienes y herederos pasarán a su custodia, así como títulos y patrimonio. Espero que haga honor al favor del Río Sagrado y se ocupe del bienestar de los que, desamparados de aquel falsario, caen bajo su potestad".
Rapi quedó en el suelo, la noche se cernía a orillas del río que reflejaba la luz de las estrellas y los tres hombres dignos desaparecieron despacio sin mirar atrás.

viernes, 20 de abril de 2012

Otra vuelta alrededor del sol

El mundo ha recorrido millones de kilómetros a un ritmo vertiginoso. De nuevo me toca elegir un relato y pasar la noche en el colegio, contando cuentos, oyendo cuentos.
Hace un año, leí, tuve frío, creo que en esos días era feliz. Todo se disponía a cambiar pero yo, que propiciaba el cambio con mi solo avanzar, no me daba cuenta de que lo que era aquella noche, no volvería a serlo más. 
Lo que he sido, lo que era, lo que fui se va disipando frente a mí. No puedo decir que tenga control sobre nada, y sin embargo toda la circunstancia se ha visto avasallada por mi mera existencia. 
Apenas tenía intención, apenas tenía conciencia de estar poniendo todo del revés. A lo más que llegué era a contar las lunas según mi sufrimiento. Un sufrir animal, un sufrir sin más que dolor: ni reflexión, ni conciencia. Sí que dejaron esas heridas cicatriz. Mas yo no tenía alma solo existía sin más. Así que el dolor no formó parte de nada, no tuvo significado, no será parte de mí. No será memoria. Lo que pasó no lo recuerdo. Vi las estrellas cambiar de posición en el cielo cada noche, hice lo que tenía que hacer. Ahora sí que tengo una conciencia que no deseo ni necesito. Percibo el peligro y la intensidad de la fuerza que me empuja. Y no puedo imaginar un misterio mayor de cómo va a continuar mi viaje sobre el mundo. Un par de paseos más de la Tierra en torno al Sol, unas pocas visitas más al colegio y el cuento acabará.

miércoles, 18 de abril de 2012

No digas "Hola, Pilar", borrego conformista

La guerra no viene del miedo ni de la ira, viene de la obediencia, de la idiotez y de la indolencia. Así que la culpa, sí, la culpa es del hombre normal no de los gobiernos infames e inasequibles.
A los cobardes del mundo: mejor ser corrupto con conocimiento de causa. El día que me claves tu cuchillo por la espalda, felicítate, no te sientas culpable. De otro modo, serías una marioneta. Debes odiarme. ¿Qué coño de enemigos somos entonces?



domingo, 15 de abril de 2012

Lo jodido que es despertar

En los límites entre la fantasía y la realidad existe la deuda de los sueños. Los deseos siempre inundan todo. Las decisiones postergadas, las tomadas, las erradas. El tiempo como una lámina o un pergamino fluorescente se hace visible sin apenas entidad y marca los latidos de tus errores y tus aciertos. Siempre que no estés muerto, o casi muerto, o medio muerto, o haciéndote el muerto. Siempre que no dejes que la marea mueva tu lánguido cuerpo flotante habrán errores, aciertos y miseria. Y lo que hoy te abandona o lo que hoy abandonas no volverá, porque es el tiempo de tu vida: el ahora, lo inasequible. Lo que te cabrea de verdad. La puta realidad de mierda que te da por todos los lados y te joroba. Así que no hay otra. Seguir adelante no es siquiera elección tuya. Es la señal que lanzas al universo de que no estás muerto, de que no te dejas llevar, de que no te haces el muerto en una mar pacífico, templado, celeste y ajeno que te lleva. Sí. Lo jodido que es despertar.

jueves, 12 de abril de 2012

Te quiero

Si es amor lo que te hace falta, díselo a Marta.
Si lo que necesitas es un terapeuta, díselo a Elena.
Elena te escuchará hasta el infinito,
Marta te dará sexo hasta dejarte sin sentido.

Si lo que necesitas es un golpe fuerte en la cabeza,
díselo a Bárbara, va al gimnasio desde hace dos décadas.
Te dejará K.O. y te levantarás con amnesia.

Si te das tanta lástima que apenas te levantas,
díselo a Fräulien Schmidt que acabará con tu miseria.

Solo si quieres sobrevivir,
si te apetece beber, vivir un día más,
charlar de algo absurdo,
naufragar en un sofá,...
dímelo a mí.
Estaré.
Para ti estaré.
Siempre.
Soy Marta, Elena y Pilar.

Siempre.
Que en medidas humanas es una barbaridad.


miércoles, 11 de abril de 2012

Lo que hizo ella

Una vez más entro en el baño de ella. Tomo el bote plateado, sin estrenar, comprado el día anterior. Una pomada de belleza que costaba más de cien euros. ¿Cómo pudo hacerlo? Quién va a una sesión de belleza, se gasta quinientos euros en productos antiaging y hace lo que hizo ella justo a la mañana siguiente. 
Él entra en el baño y toma los botes sin abrir, los mete en sus cajas y rebusca en papelera la factura para recuperar el dinero. Al fin y al cabo, estaban sin abrir. Intenta, entonces, tomar el bote de plateado y ligero, la emulsión de día con protección solar factor 30. Pero tras un brusco forcejeo, decide dejarme en paz con mis fetiches y mi pensar y sale como si tal cosa.
Por mi parte, siempre con el fragante tarro apretado entre mis manos, yo salgo a la terraza. A mirar con seriedad cómo juegan al golf unos señores este lunes por la mañana, en el que parece que nadie excepto nosotros ha parado el tiempo para jugar, para pensar, para frotar un frasco y recuperar un olor, para llenarse de paz, al fin. Los golfistas experimentados, según mi impresión, seguían el ritual sano de un día de suave y soleado invierno en el Sur de Europa, a escasos dos kilómetros de la playa que también yo veo desde mi terraza. Llena de geranios, gardenias y azaleas, de helechos y un par de albaricoques, un jazmín en una de las esquinas y un baúl donde ella guarda los útiles de jardinería. 
Vuelvo a abrir el frasco, me pongo una gota en los pómulos y ya huelo como ella.
Durante el día de ayer escuché tantas historias, conocí tantos escenarios que hoy solo quiero sumirme en el silencio. Quizás me haga bien esta crema a mí también. Cuántas cosas no sabemos y cuántas cosas que creemos secretos son sabidas por todos. Ayer supe que ella estaba enferma. Nunca me lo dijo, ni lo comentaron ante mí. Y también que no le gustaba estar enferma, cosa que disimulaba bastante bien.
Ayer, mientras abrazaba a la gata y hacía como que dormía, supe que había fecha. Y hoy quiero entender que eso fuera suficiente. Pero ¿quién demonios se compra esta crema para no envejecer? ¿Quién prepara todo para el día siguiente, tararea, sonríe, prepara reuniones, queda con amigas y, después, hace lo que dicen que hizo ella?
Para qué tantas cosas que no iba a llevarse, tantos detalles, tantas caricias, tantas promesas.

Ahora los golfistas cambián de tee y los pierdo de vista. Solo veo el verde relajante y, al fondo, el mar celeste y pálido que indica que el agua está caliente, que el Mediterráneo de hoy es Mediterráneo. Quizás una tormenta habría dado un sentido a las cosas, pero hay días que son así. Todo es perfecto y tranquilo. Llegan murmullos de olas que se quiebran en las pequeñas piedras de la orilla. Apenas unos pájaros que charlan. Y todo el cielo para mí. Es precioso y me embarga una tranquilidad conocida, una paz que quizás se debe a que ella está por aquí, o su olor me hace sentirlo así. Abajo el jardinero de la urbanización prepara el abono para poner en forma el jardín. Zonas comunes. ¿Serán blandas? Estoy en alto y no percibo el olor del abono. Estoy en alto y siento una extraña felicidad. Respiro profundamente para disipar la locura, los pensamientos, el reproche, la tristeza, la sospecha. Me asomo y vuelvo a abrir el frasco. Me pongo varias gotas bajo la nariz. Miro el frasco plateado de La Praire, lo agarro como si fuese otro pájaro que necesita volar.
Me echo en la barandilla, para ver cómo las lágrimas bajan rápidas y llegan ora al césped, ora a la acera; lágrimas que caen de mi rostro y que me hablan. Me dicen que no debo preguntar, porque jamás lo sabré. Nunca me habían desafiado las lágrimas, nunca con ese aire protector, me habían resultado tan condescendientes. 
Ahora oigo la puerta. Él se ha marchado, quizás a hablar con la dependienta de la perfumería. Quizás para dar una vuelta. ¿Quién sabe? Ese embustero. Cómo puede pensar en el dinero.
Se levanta un poco de viento, una brisa que acerca el olor del mar. Aprovecho el breve silencio de las lágrimas y aprieto el frasco plateado con las manos. Me dan ganas de volar. Mi movimiento no tiene nada de grotesco ni poco natural. Vuelo. Tengo un intenso sentimiento de libertad. Telón.



martes, 10 de abril de 2012

Todos menos tú

Hay una cosa que no llego a entender. Tras un día de locos (locos de atar, de medicar, de encerrar), tengo la sensación de que mucha gente me quiere. Más o menos todos. Igual, a pesar de todos mis defectos, casi todos los que llego a conocer. Me saludan los alumnos, me aprecian los compañeros, los bedeles, las dependientas. Todos me conocen. He vuelto al trabajo, sí. 
No entiendo cosas porque yo sí soy tonta desde chica. Lo antitético, lo verdaderamente chocante del juego social es que soy bocazas, torpe y metepatas, pero el que me tiene en frente, no ve eso, ve otra cosa. Quizás se ve en mí y por eso todos son tan amables, tan cariñosos. Me hacen sentir querida. A pesar de mi idiotez congénita, de mi llegar tarde e ir corriendo a todas partes, de mi memoria de mierda y de hablar de más.
Se hace duro cuando alguien al que quieres no te quiere nada, no te quiere bien. Pero no me quejaré. Sería egoísta y patético y además mañana tengo el médico que me da miedo y no quiero sufrir.

lunes, 9 de abril de 2012

Los sueños recurrentes



-Pronto nos encontrarán, se hará de día y nos separarán. Tú andarás a un colegio mayor y yo me quedaré. 
-Eso no pasará, nunca nos separarán, -digo con seguridad.


Después la veo, en un piso grande. Abrió la puerta, una chica como tú, con un vestido parecido a ese de flores que vistes en verano. 
Era preciosa. Se agachó en la penumbra y empezó a nevar en la habitación.
El rostro de asombro, las manos acariciando los ligeros copos, blancos y brillantes.
La sonrisa de la muchacha a pesar de temblar. Miraba hacia arriba maravillada y ya los labios morados y la tez lívida, seguía jugando con las albas briznas. Yo pienso en traerle un abrigo o una manta, y me acerco a la puerta. Me quedo allí mirándola, absorta y maravillada, con un sentimiento de amor casi intolerable. Entonces, mis manos dejan caer las mantas y cierran la puerta. Mis piernas no me sostienen y me desplomo allí junto a la puerta cerrada, sobre las mantas heladas, mientras la siento gritar, llamarme, agonizar y morir.

domingo, 8 de abril de 2012

Trópico de Cáncer (II)

Estar en el mundo pero aparte de su devenir. Estar fuera del tiempo. Ser —quizás— un viajero del tiempo. Miller como Orwell son visionarios: a su modo observan una desintegración. El mundo se vino abajo y nunca se recompuso del todo. Tras la Guerra, hubo visiones parciales, centradas en el Holocausto, el terror de los terrores. 
Los cuates Churchill, Stalin y Truman tienen fotos preciosas de entonces. En Postdam, tras una probable visita a las curiosas morrenas que conforman su paisaje, decidieron la división, como si de un pastel se tratara, de Europa en dos bloques. Hoy habrían visitado la antigua prisión de la KGB, pero entonces no existía y ellos, que no tenían dones especiales ni podían viajar en el tiempo, no lo sabían. Estos tres, algunos secuaces y varias taquígrafas, redactaron, ya de paso, las condiciones de la rendición de Japón, lo que a lo que parece no gustó demasiado a otro de los personajes históricos que se hallan en el corredor de la muerte del Infierno: el hijo del Samurai o Kantaro Suzuki que curiosamente no se suicidó sino que murió de muerte natural. 
Los “aliados”, así, cortaron por lo sano alegremente el problema japonés. Truman, el héroe, debe estar achicharrándose en el Infierno. Con la piel hecha jirones como todos los japoneses víctimas del Enola Gay. 
Cómo permanecer al margen de estos antecedentes. Cómo sustraerse a la realidad en que se basa nuestra supuesta libertad. Y en una perspectiva mucho más cercana, mucho más relativa, particular y humana, cómo olvidar cada pequeña tragedia, cada caída, cada suicidio, cada muerte, cada cosa que sale de nosotros siempre para mal. 
La melancolía se ensaña con el alma débil y cansada, y el modo en que transcurren nuestras vidas solo puede ser indolente o ignorante. El desapego, pues, no es un defecto ni una falta, es una necesidad para la supervivencia. Por momentos creo que la comprensión del mundo es imposible y, si lo fuese, sería incompatible con cualquier modo de cordura.
Joe nos enseña la actitud que le es natural: no sentirse herido ni perder la perspectiva alejada de lo nimio y vulgar. Como afirma Miller de Matisse: “Tras las minucias, el caos, la mofa de la vida, detecta la pauta invisible”. Pues Joe, pesar de su desapego, es sensible al Arte. Sin embargo, no está abocado al suicidio ni a hacer del mundo un lugar mejor. Se limita a ser testigo. Tomar distancia. Pensar. Y ahora yo me pregunto: ¿es eso..., más allá de la excelencia literaria, más allá de las reflexiones valiosas y del movimiento que de él se pueda derivar, es eso de alguna utilidad?

sábado, 7 de abril de 2012

Fue peor verla y verme como en un espejo reflejada. Fue peor. Todo es mucho peor ahora. Demasiado peor. Demasiado.
Ojalá fuese libre para liberarme,




Habrá una cura

Habrá una cura.
Siempre se puede explicar de modo racional:
falta de serotonina, astenia primaveral, demasiado alcohol  
y su repentina falta, síndrome premenstrual.


Igual al fin un suicidio no es más que un modo de morir.
A la carta.
Lo mismo que si te explota el hígado 
y queda la pared como un cuadro de Pollock.
Como un halos solar en Malasia
O una bomba de hidrógeno
O una revuelta en la granja


Little boy y Fat man forman una seta psicotrópica




La vida como una ráfaga revuelve las hojas caídas 
y crea expresionismo abstracto en la puerta de la farmacia.


Hegel, Marx y Freud tomándose unas cañas.
Discutiendo con frenesí (¿sustituto del sexo?)
sobre los motivos, las medidas, las soluciones y las causas 
de que un equipo gane al otro en la gigantesca pantalla.
Se agarran a golpes, el primero en dar es Marx pero Hegel no se achanta.
Freud trata de mediar, mientras por lo bajo suelta patadas.
Yo, si fuera usted, no aparecería por aquí mañana
Lleven ideas y llueven palabras; llueves guantazos y llueven patadas.
Comprometidos con el compromiso de revelar.
Revelan una inutilidad que cansa.



jueves, 5 de abril de 2012

Davor

Se llama Davor y no nos entendemos bien;
su inglés es de pena y el mío tambíén.
Así nos llevamos...
a la perfección, nada de lo que dice
lo entiendo.
Es más que perfecto.
No capta mis sutilezas,
ni se ofende cuando no debe.
Es medianamente joven y tiene todo el pelo.
Dice que recuerdo un cuadro de Anita Kreituse
y se empeña en fotografiarme
desnuda con un tocado.
Es fotógrafo, no me entiende, me enciende. El hombre ideal.



Sueño bajo un acebuche

Triste pastorear 
mediterráneo
calor, soledad,
pellejo de agua,
el queso de cabra, 
y el pan seco.


Mira el confín celeste,
clara la luz lejana:
el pastor bajo el acebuche
sueña con la ciudad blanca.


La ciudad del desfile 
de ataúdes,
de la tiña, de la peste y del agua
envenenada.
Do mercaderes de narices afiladas
campan a sus anchas.


La alcaicería es una turba
vocerío y olores,
damas y putas,
moscas y pesas trucadas.
El alguacil vigila y regaña.
Guiña a la prosperidad 
a la que de cualquier amenaza, 
salvaguarda.


Salir del laberinto de tenderetes,
del zoco de mil colores;
salir urgente a una calle despejada.


La calle-alcantarilla camino-ciudad
donde corre el jugo de humanidad:
orines, semen y caldo de pescado,
la sangre del desuello, el despiece,
la matanza sobre piedra lisa y ancha.


Cerdos y corderos.
terneros y vacas.
El pastor despierta agitado,
comprueba que está todo:
el rebaño, el perro
y, en el zurrón, 
las llaves de su casa.
Bella volando sobre el cielo de Vitebsk.
El pueblo nevado, desierto
y gris.
Flotan sillas en una habitación dormida.
Y donde suponemos el cielo, brilla
un gallo dorado y pleno.

La joven, de pechos
hinchados y llenos,
al poeta anuda
y baila desnuda
al son de un violín.

Fiesta tradicional
suspendida en el tiempo;
eterno folclore de risa
y deseo carnal
donde el abanico cubre
el centro del amante.

Acaso lentejuelas, flores silvestres,
intervengan en la danza
si ella mira al futuro,
la boca asombrada.

Doncella, de pelo azul y sombra azul.

Siempre una cabra, un cordero
un gallo, un sombrero
el reloj y el violín.
Siempre un futuro,
siempre una luz.

Ángeles y cruces,
muchachas desnudas,
jóvenes preñadas.
Novias-amantes.

Azul sobre azul.
Rojo vivo ardiente;
rostros de hombre-serpiente,
negro de carbón el suelo.

Cada mundo es un recuerdo
si el poeta pinta un sueño.

lunes, 2 de abril de 2012

Llueve en todos lados menos en Las Vegas
Hace frío y tú no estás
Nunca, nunca estás,
así que no digas: "Vamos a Las Vegas
porque odio la lluvia".
Cada vez creo que me da más igual
que te hundas o flotes,
hundirme o flotar.
Que le den a las bodas rápidas
al póquer descubierto
al no-hay-mañana-vamos-a-follar.
Que te den de camino de vuelta
a la ciudad de las promesas.

Y que todo vuelva a ser lluvia.

Trópico de Cáncer (I)

Yo, como todos los personajes de Henry Miller llamados Joe, soy Henry Miller.
"Durante los últimos cien años o más, el mundo, nuestro mundo, ha estado muriendo. Y en estos cien años ningún hombre ha sido bastante loco como para meter una bomba por el culo de la creación y hacerla saltar por los aires. El mundo está pudriéndose, muriendo poco a poco". En la perspectiva de casi cien años después, consignar que nuestro mundo se ha muerto pero sigue sin recibir sepultura es la única verdad que reconozco. 
Hubo un tiempo en que pensaba que tú podrías salvarlo, pero como todos los espejismos estás falto de carne, de huesos, de valor, de pasión. No puedes salvar el mundo, ni tan solo consignar su muerte, ni tan siquiera manifestar tu pena o tu desesperación pues careces de valor y de pasión.
"Mientras falte esa chispa de pasión, la actuación carecerá de significado humano". Y así como mero observador se confiesa Joe, impotente, indolente: solo puede observar la máquina. Aunque más tarde toca una cuerda que resuena como un trueno en el silencio de una noche del desierto: "Puedes montar sobre una tía y magrearla como un macho cabrío; puedes ir a las trincheras y volar en pedazos; nada creará esa chispa de pasión, sino interviene una mano humana. Alguien tiene que poner la mano en la máquina y forzarla para que los engranajes vuelvan a encajar bien. Alguien tiene que hacer eso sin esperar recompensas, sin preocuparse por los quince francos...".  Y lo dice como un espectador, un hombre que mira la máquina. Como todos. 
Páginas atrás dice: "La época exige violencia, pero solo estamos obteniendo explosiones abortivas. Las revoluciones quedan segadas en flor, o bien triunfan demasiado deprisa. La pasión se consume rápidamente".  Lo escribe en 1939, claro. Pero siento que estas ideas son las que me acompañan mientras atiendo a lo inmediato y me concentro en mi tragedia privada...
La diferencia, si la hay, es que en 1939 las circunstancias no estaban ocultadas, que quedaba un resto de fe en la política, en la filosofía, en la capacidad de reaccionar. Todo eso ha volado ahora y ya es imposible la fe en un hombre con pasión y que ponga la mano sobre la máquina sin esperar recompensa. Ahora sabemos que no es un hombre, no hay Mandela, Martin Luther King, Ché Guevara, Gandhi, ni César, nada sobre nada, el hombre ya no es capaz de alcanzar la filosofía ni de entender la política ni de solucionar el desagravio de la democracia. No hay un poeta en esta tierra. 
No obstante, el descreimiento no conduce a ninguna parte. Se impone la deconstrucción y nadie sabe si desea vivir en una época en que sople un viento que le despeine. Deconstrucción que además no está permitida, ni se comprende en general por parte de nuestros congéneres, ni busca la destrucción aunque en manos de según quién sería tan desastrosa que el miedo se apodera de los mismos que piensan que algo tiene que cambiar. 
Yo también odio el flower power, la actitud torpe de recibir una hostia y dar a cambio un flor.
Yo también soy Joe. Estoy pensando.

domingo, 1 de abril de 2012

¿Qué coño es Los sinsabores del verdadero policía?
Yo creo saber lo que no es. No es una novela. No son una serie de relatos. No es justo para Bolaño que hayan destripado su disco duro pero...
Pero gracias, desgraciados.
Para cualquiera que haya leído los cuentos de Bolaño, sus Detectives, 2666, Amuleto, es una pista más de lo que podría haber llegado a ser y no fue. Y no fue porque sabía que se moría y porque quería dar una forma verosímil al puzle inacabado de su gran proyecto que no fue pero que está.
Los sinsabores podría haber sido el título de su obra mayor, aquella que tiene como centro los crímenes de Sonora y cuya amplitud abarca personajes de otras latitudes y otras épocas lleva a Santa María la triste y salvaje imposibilidad de luchar contra el mal. Eso es, creo.
Aquel proyecto ambicioso que había ocupado miles de páginas... En Los sinsabores del verdadero policía tenemos una pista más, el pasado de Amalfitano, el desdibujado principio de Lalo Cura y sus mentores, la terrible realidad de un lugar en que un hombre por bravo no está predestinado a cambiar el destino de un lugar que podría ser cualquier otro.
Nadie que no sea lector adicto de Bolaño gaste su pasta en leer esto, pero a pesar de mi desprecio por los editores-ratas yo he sacado algo, que contaré mañana. Una idea, una perspectiva, una intuición de lo que trataba y a punto estuvo de hacer Bolaño. Lo tenía todo preparado, pensado, estudiado. Pero la muerte tocó a su puerta. Lástima.