Hace tiempo que pienso que la busqueda del punto G es como la búsqueda del Santo Grial. Es que es igual. Todos desde hace varias décadas ya están seguros de dónde está. Pero mi opinión es que nadie lo va a encontrar jamás. Ni saben lo que buscan; ni lo que piensan sobre el tema es mínimamente real.
En principio es muy necesario establecer qué es lo que se busca, para qué y por qué. Creo, nada modestamente, que se busca el lugar donde habita el placer sexual. Para gozar sin más ni más y porque sí. Lo del clítoris está bien, pero niños y niñas, no os debéis guiar por él.
En principio, cuál es la fuente del placer: los sentidos, qué más podría ser.
Como la opinión generalmente aceptada es que tenemos 5 sentidos, -a saber, la vista, el olfato, el oído, el gusto y el tacto-, hablaré de cinco sentidos, aun sabiendo que son seis.
La vista, en principio, y sobre todo en los machos, es esencial. Cualquier cuerpo atractivo puede ser motivador de la actitud idónea para que todo, pero todo, todo, sea un punto G. La verdad es que en los hombres la respuesta al estímulo sexual es bastante menos compleja que en la mujer. Un cuerpo desnudo, con las adecuadas proporciones y los genitales a la vista, es ya aliciente por sí. No obstante, esto no es lo que quería contar.
La vista, en principio, y sobre todo en los machos, es esencial. Cualquier cuerpo atractivo puede ser motivador de la actitud idónea para que todo, pero todo, todo, sea un punto G. La verdad es que en los hombres la respuesta al estímulo sexual es bastante menos compleja que en la mujer. Un cuerpo desnudo, con las adecuadas proporciones y los genitales a la vista, es ya aliciente por sí. No obstante, esto no es lo que quería contar.
El tacto. Bueno, el tacto es el rey de los momentos eróticos y activador de pasión. Los cuerpos bienavenidos y en contacto con la piel del otro u otros con los que vayamos a experimentar es esencial. Y, sin embargo, como muchos saben, sin tocarse ni que te toquen puedes tener una reacción orgásmica placentera y aquí pueden surgir un sinfín de objeciones. Siempre por parte de aquellos incapaces de utilizar su sexto sentido. Pero vamos poco a poco. Caricias, labios que rozan, frotarse los cuerpos, sentir calor en la piel,... Solo de pensarlo mando la ciencia a paseo.
Sigamos. El olfato no debe ser desdeñado. No únicamente nos da las directrices para huir de situaciones que nos podrían traer complicaciones. Es también un sentido que atrae a los individuos hacia lo que les agrada y es también importante conocer el hecho de que el olor del sexo es un estimulante que debe ser afinado, trabajado, practicado, usado y otra vez usado. Una vez adiestrado este sentido es uno de las más eficaces fuentes de placer y al tiempo estimulante sexual.
El oído. Otra vez lo más evidente y al tiempo no creo que exento de interés. El gemido, el suspiro, palabras y más palabras, e incluso las frases de tipo lascivo y/o romántico (según cada quien) es la cosa que mas enerva los espíritus y agrada y excita y moja. Todos, menos los vecinos sexagenarios que tratan de dormir al otro lado de la pared, quieren gritos y gemidos. Uno de los grandes momentos del ayuntamiento sexual es la confesión del gusto que nos procura el compañero de juegos. Todos lo saben, pero no gritan para no ser la comidilla de la comunidad.Por fin, el más sofisticado de los sentidos en el plano sexual: el gusto. Existen ahora pomadas y lubricantes con sabor tropical, pero en realidad, lo tradicional era saborear a la persona en su sabor natural, en su sudor, en su dulzor, en su sexo ácido, amargo, delicioso, en la humedad que se puede lamer con pasión o como obligación y rutina. Aquí el experimentado cuenta que no hay nada que no se pueda saborear.
No quiero alargarme así que pasaré a hablar del sexto sentido, el más excitante de todos: la fantasía. Sin oler, ni lamer, ni ver, ni tocar, pero con imágenes surgidas en la propia mente, todo puede ser mejor o igual. Pero hay que ejercitar la imaginación. El deseo de veras habita en la cabeza. Si uno quiere/desea a alguien, más allá de cualquier sentido, será la mente la que le dará el lugar donde su sexo gozará. Entre las piernas, en el pecho ardiente, en los labios que tiemblan. Todo absolutamente todo es el punto G para el que abre cada uno de sus sentidos para disfrutar.
PS: Me olvidaba de decir que el sexto sentido es peligroso, peligrosísimo. Es el que conduce a la perversión. El único que lleva al hombre a perder el Norte, sus bienes, su familia, su cuerpo, su vida y su alma. Hay una línea invisible: no la crucéis.
