miércoles, 29 de junio de 2011

Los puntos cardinales y el Santo Grial

Hace tiempo que pienso que la busqueda del punto G es como la búsqueda del Santo Grial. Es que es igual. Todos desde hace varias décadas ya están seguros de dónde está. Pero mi opinión es que nadie lo va a encontrar jamás. Ni saben lo que buscan; ni lo que piensan sobre el tema es mínimamente real.
En principio es muy necesario establecer qué es lo que se busca, para qué y por qué. Creo, nada modestamente, que se busca el lugar donde habita el placer sexual. Para gozar sin más ni más y porque sí. Lo del clítoris está bien, pero niños y niñas, no os debéis guiar por él.
En principio, cuál es la fuente del placer: los sentidos, qué más podría ser.
Como la opinión generalmente aceptada es que tenemos 5 sentidos, -a saber, la vista, el olfato, el oído, el gusto y el tacto-, hablaré de cinco sentidos, aun sabiendo que son seis.
La vista, en principio, y sobre todo en los machos, es esencial. Cualquier cuerpo atractivo puede ser motivador de la actitud idónea para que todo, pero todo, todo, sea un punto G. La verdad es que en los hombres la respuesta al estímulo sexual es bastante menos compleja que en la mujer. Un cuerpo desnudo, con las adecuadas proporciones y los genitales a la vista, es ya aliciente por sí. No obstante, esto no es lo que quería contar.
El tacto. Bueno, el tacto es el rey de los momentos eróticos y activador de pasión. Los cuerpos bienavenidos y en contacto con la piel del otro u otros con los que vayamos a experimentar es esencial. Y, sin embargo, como muchos saben, sin tocarse ni que te toquen puedes tener una reacción orgásmica placentera y aquí pueden surgir un sinfín de objeciones. Siempre por parte de aquellos incapaces de utilizar su sexto sentido. Pero vamos poco a poco. Caricias, labios que rozan, frotarse los cuerpos, sentir calor en la piel,... Solo de pensarlo mando la ciencia a paseo.
Sigamos. El olfato no debe ser desdeñado. No únicamente nos da las directrices para huir de situaciones que nos podrían traer complicaciones. Es también un sentido que atrae a los individuos hacia lo que les agrada y es también importante conocer el hecho de que el olor del sexo es un estimulante que debe ser afinado, trabajado, practicado, usado y otra vez usado. Una vez adiestrado este sentido es uno de las más eficaces fuentes de placer y al tiempo estimulante sexual.
El oído. Otra vez lo más evidente y al tiempo no creo que exento de interés. El gemido, el suspiro, palabras y más palabras, e incluso las frases de tipo lascivo y/o romántico (según cada quien) es la cosa que mas enerva los espíritus y agrada y excita y moja. Todos, menos los vecinos sexagenarios que tratan de dormir al otro lado de la pared, quieren gritos y gemidos. Uno de los grandes momentos del ayuntamiento sexual es la confesión del gusto que nos procura el compañero de juegos. Todos lo saben, pero no gritan para no ser la comidilla de la comunidad.
Por fin, el más sofisticado de los sentidos en el plano sexual: el gusto. Existen ahora pomadas y lubricantes con sabor tropical, pero en realidad, lo tradicional era saborear a la persona en su sabor natural, en su sudor, en su dulzor, en su sexo ácido, amargo, delicioso, en la humedad que se puede lamer con pasión o como obligación y rutina. Aquí el experimentado cuenta que no hay nada que no se pueda saborear.
No quiero alargarme así que pasaré a hablar del sexto sentido, el más excitante de todos: la fantasía. Sin oler, ni lamer, ni ver, ni tocar, pero con imágenes surgidas en la propia mente, todo puede ser mejor o igual. Pero hay que ejercitar la imaginación. El deseo de veras habita en la cabeza. Si uno quiere/desea a alguien, más allá de cualquier sentido, será la mente la que le dará el lugar donde su sexo gozará. Entre las piernas, en el pecho ardiente, en los labios que tiemblan. Todo absolutamente todo es el punto G para el que abre cada uno de sus sentidos para disfrutar.

PS: Me olvidaba de decir que el sexto sentido es peligroso, peligrosísimo. Es el que conduce a la perversión. El único que lleva al hombre a perder el Norte, sus bienes, su  familia, su cuerpo, su vida y su alma. Hay una línea invisible: no la crucéis.

martes, 14 de junio de 2011

Todo fuego se apaga
y la noche se acaba
ya no nos queremos
ya no me hace feliz tu palabra
la rutina se nos ha tragado las ganas
El mundo largo se estira ante mis ojos
te muestra tal como eres
pequeño
oscuro
cobarde
humano
Y mi reflejo
ya no me veo cómo me vi
ante tu mirada asombrada
se acabó el verme radiante
interesante
ingeniosa y dulce
Lo que no era
lo que no soy
inteligente y amada
Y vuelvo aliviada
a la anodina realidad que me reclama
a la odiosa sesión de manicura
a la peluquera que habla sin decir nada
a la limpieza de cutis
a la copa de clausura
a la cena de gala
a mi realidad que me reclama

domingo, 12 de junio de 2011

Y si tenerte fuera la respuesta

Y si tenerte tan solo acabara el miedo
Y si fuera la respuesta
Pero dónde estás cuando me haces falta

Podría yo vivir sin esta duda

Sería yo quien esperaba
si tuviera tu espalda
tus hombros
tu espada

Y si tú me tuvieras
serías ese que deseas ser

Y si todo tuviera sentido un día
si tuviera sentido mientras me asomo a mi ventana
Qué añoraríamos entonces
porque si algo sé
es que estamos hechos para añorar


Si fueras real entre mis piernas
Si cimbreasen los cimientos de la civilización
lo que tarda la noche en hacerse dueña del cielo
Si estuvieras aquí
si solo fueras para mí
qué querría yo entonces
qué contrariedad me sobrevendría
qué dolor me corroería

Y tú, qué habrías hecho entretanto
podría yo soportarlo
soportar el relato de tus viajes,
de tus aventuras, de tu plenitud
Y no lo echarías de menos
Y no te sentirías atrapado,
deseando partir de nuevo

Y por qué siquiera lo pienso
Nunca habrá oportunidad de comprobarlo

miércoles, 8 de junio de 2011

Soy el pasajero, me muevo a través del tiempo, veo las estrellas cambiar, la noche pasar. Soy un viajero vocacional. Navegaré los siete mares y yaceré con cientos de doncellas. Bajo la luna llena, aullaré. Viviré, algún día viviré. Presenciaré guerras en las que no querré participar, pero participaré. Tomaré partido, lucharé. Me tentará cambiar de bando, y cambiaré. Soy la muerte que me espera en el espejo. Soy la imagen en movimiento, desnudo bajando las escaleras. Gritando en el camino. Dormiré en autobuses inmundos sin saber dónde me llevan. Llegaré a pueblos agrestes, hostiles, raros, lejanos. Me sentiré forastero. Seré el rechazado, el desheredado. El joven huido. Soy el extraño, el extranjero que enferma. El pordiosero que no pide limosna. Desconoceré la lengua de los nativos. Bailaré para ganar mi comida. Soy el que no acampa ni descansa. Esperaré un nuevo tren de carga y miraré de frente el sol hasta quedarme ciego. Seré el invidente que busca sin descanso. Que intriga, molesta y turba. Y llegaré a un sitio con mar, destruido por los años. Viejo, desdentado, vestido con harapos, sucio, hediondo. Conoceré a una mujer que no verá mis cicatrices, ni mi carácter de pasajero. Dejaré que me cuide, ¿por qué no? Reposaré entre sus sábanas limpias, tomaré sus caldos. Me dará todo, me devolverá la vista. Seré fuerte y joven otra vez. Y la mujer no querrá dejarme marchar, seré para ella como el aire, una necesidad. Entonces, solo entonces, más que nunca y puede que a mi pesar, tendré que regresar.

viernes, 3 de junio de 2011

Y qué hay del azul de las piedras,
qué de la promesa, dónde la respuesta.
Entre el tiempo y mis ojos.
En el azul del ocaso.
En el azul de tus penas.

Como las piedras que amo
perdidas en la bruma y la niebla espesa.

En la distancia y el olvido.
El profundo azul de tus años.

Y qué hay de las cascadas y de las tormentas;
qué del calor y las estrellas;
qué hay de las horas largas,
del frío de tu cuarto,
de tus manos pequeñas.

Y qué del tiempo,
de nuestro tiempo extraño
mojado entre mis piernas.
De las palabras desnudas.
De tu voz, contra mi deseo.
Qué del abrazo,
de mis labios, amor, contra tus piedras.