sábado, 30 de junio de 2012

Él a Ella




¿Dónde estás? Tantos días han pasado que ya no los puedo contar. Nadie sabe darme noticia. Sé lo que dije pero claro que no quería despedirte. ¿Cómo? Si el tiempo sin ti pesa más que un gigante golpe en el pecho: Lo que ahora siento: el golpe sordo, seco y contundente. Como el rugido del mar furioso, ahora me duele tu falta. ¿Dónde estás?
Ha pasado ya tanto tiempo. ¿Acaso importa el tiempo? El reloj se ríe al fondo en un lugar borroso. El sitio más largo y estrecho, donde me ahogo. ¿Y si voy a buscarte y me pierdo en el mitad del camino? ¿Y si permanezco en la encrucijada, ese limbo donde instalar piel y vísceras y esperarte?
¿Qué hago, amor mío? Ven aquí y dime, como siempre, qué debo hacer contigo. Tengo miedo de que tu marcha sea mi destino y que al fin yo la provocase, sin desearlo, pero así sería si no volvieses. Ni tan solo sé adónde buscarte. Pasarán los días y el dolor del pecho me impedirá respirar sin mi amante.
Espero un poco más en la encrucijada. Pero, tras un tiempo, saldré a buscarte.

Ella


Las paredes de cristal dejan ver las escenas cotidianas y anodinas de todos los habitantes de la calle, el suelo refleja el cielo y sobre un escalón-espejo la enmarañada melena le oculta la cara. Los ojos van de lado a lado sin que la mente pueda poner nombre a los cuerpos y rostros que pasan ante ella caminando rápido, caminando despacio, observándola con pena, con asco. Un avestruz con vestido rosa y las manos cargadas con bolsas, el esqueleto vestido que da tumbos y se apoya en la esquina invisible, la familia de cangrejos sonrientes, que la mira alejándose, las cabezas retorcidas sobre el rojo cascarón de su desaire, cada transeúnte sorberá una sopa de indolencia al llegar a su cocina impoluta, cada misterio viviente acapara un momento de su atención herida, tras la que -inconsciente y sin alarma- vive perdida de sí misma. Descendió de repente y chocó de tan alto, expulsada del mundo, que ahora es ajena a todo. Su olvido es absoluto. Allí estará por siempre, ausente la voluntad de vivir y la de morir: el mundo no le pedirá cuentas. Algún Lobo atormentado le echa unas monedas cada tarde para que el mendigo desdentado, atufando vino malo, se lo cambie por un poco de comida. Ritual que se repite: el vagabundo del que todos se apartan, al que ella ve con el rostro de un muchacho sano y perfumado, se acerca, retira las limosnas y deja el alimento que le permitirá existir en esa esquina otro día. La repetición es parte del juego de la confusión y el olvido. Cada día será el mismo mas ni Ella ni el mendigo se cuestionan hasta cuándo ni para qué sobrevivir. Él recorrerá unos metros más para buscar una tienda de bebidas donde la mirada de ella no alcance, Ella devorará las viandas sin preguntarse.

miércoles, 27 de junio de 2012

Él

Bajé las teclas del piano que eran escaleras


Con la mente en brumas y el cuerpo en ruinas, ya no doy nada por un minuto más de vida, como había predicho hace tanto tiempo atrás en una cueva donde las promesas parecían gigantes inmortales que rebotaban en el eco de la humedad de sus paredes, cuando me tomabas la mano y mentías sobre la medida de tu amor inconmensurable: no hace más de un minuto que esto ha pasado, que estaba ante el fuego, en tu pasión arropado, que no había fuera ni había dentro, que solo estábamos solos y no existía el tiempo. Nunca hubo deriva como aquella de la lluvia mientras me alejaba, ya la palabra soledad no era suficiente, no había un techo ni un suelo donde pisar, —¡qué deriva!—, en un mundo que se mueve alrededor y cambia su forma cada vez, del que no deseo conocer reglas, del que no admitiré un nivel más de degradación ni una esperanza vana, del que recibo acaso espejismos contra los que chocar tras, exhausto, perseguir una sombra con tu silueta, un rumor con el tono de tu voz, un viento con el sonido de tu respiración... El olor de tus cabellos en el fondo de esta niebla clava un puñal invisible en mi pecho: mira cómo señalo el lugar con mi dedo, aquí, justo aquí, el dolor del punzón, del veneno que es echar tanto de menos. 
Es, bajando y bajando, la niebla más densa y oscura y fría, y moja ahora mi rostro que está humedecido por el aire espeso y mortal de este sitio donde voces me ruegan que retroceda, donde rugen pensamientos mensajeros, donde adentrándome me aseguran que perezco mil veces y para siempre en un tormento, en un cenagoso destierro; mas es lo que ahora deseo: vengarme en mí de lo perdido, esperar que del dolor queden cenizas, que yo sea tan poco yo conforme avance, que devenga un despojo infrahumano; morir, sí, y si esto no es posible, quedar vacío y sin voluntad ni memoria, encontrar un hueco en este infierno donde no llegue el olor ni la música, donde no existan palabras ni hayan miradas, perdido pero sin saberlo.

sábado, 16 de junio de 2012

RUGE GEA




R
uge Gea, de la que hereda la voz la Tormenta. Ruge, no sin razón, contra la crueldad que no quedará sin castigo: mirad aquí la hoz goteante en la sangre del padre y la obediencia mórbida del hijo castrador. Oh, la Justicia primigenia dando ejemplo.
Ruge Gea mientras da a luz al Mundo, pariendo dolorosamente todo; y es así, cumpliendo su sino, que ha de dar a luz tanta maldad, de la que al fin descendemos todos. 


El destino es la pregunta que fue dada antes de que fuera concebida la  respuesta .


Ω


En el origen sangra de la Madre el destino envuelto en la placenta en la que el Hombre se encoge y se recuesta.

Ω

El rugido de la existencia. 
Tan leve en su principio.
Tan suave, fácil, el inicio.

El reloj se ríe al fondo en un lugar borroso. 
¿Acaso importa el tiempo?
El sitio donde me pierdo.
El laberinto de Chronos.

Y siempre a mitad del camino,
la vida se bifurca
en una vuelta a empezar 
mas ya sin inocencia ni paz.
Ir por uno de las dos sendas 
sin mirar atrás, 
sin saber cuál...

¿Acaso?
Permanecer en la encrucijada.
El limbo donde instalar piel y vísceras 
y esperar.
En el mitad del camino, 
es imposible volver atrás. 
Hagas lo que hagas.
Vas hacia Allá, 
al final, 
solo un sendero que no se hace al andar,
que nada tiene que ver con tu voluntad.
Excepto en aquellas disyuntivas, 
las mínimas elecciones en potencia 
donde habita el escueto margen 
en que se mueve tu libertad: 
el resto es el rugido 
ensordecedor 
del transcurso del río.


Río de furiosas corrientes, 
río caudaloso y furioso 
que parece inmenso mar 
desde el que no ves orilla ni final.
Caimanes, tritones, serpientes, 
nenúfares gigantes. 
En las márgenes, 
la vegetación se espesa, 
las rocas son resbaladizas 
imposible la salida, 
aunque hubo quien lo logró.


Así es. 
Siempre alguien lo logra 
siempre alguien lo cuenta. 
Siempre el mito delante de la orfandad del alma.


Las crónicas que nos llegan 
como ecos de lejanía hablan 
de mujeres altas y albas de largas cabelleras 
armadas con arcos y flechas. 
Amazonas que atacan 
a todo aquel que se aventura.


Nadie, 
excepto los cronistas 
que raudos, 
exhaustos, 
la mirada perdida, 
consumidos y locos, 
volvieron a encauzar su triste destino, 
salió de los límites de la existencia 
que nos fue dada.

Ruge Gea y gime el poeta...



miércoles, 6 de junio de 2012


Aquel que tiene un tornado en el pecho
que aflora por sus labios y por sus dedos
ideando palabras, masticando versos,
que acaso no dicen nada, mas podrían ser
-pasó alguna vez-
tormenta feroz y lasciva,
lluvia fina que amansa,
brisa ardiente que inflama.

Solo en lo que miente dice alguna verdad.
El sol de la pena
y el sol de la esperanza
y el sol de la alegría le abrasan.
Conoce lo imposible y lo perfecto
pues anidan en su alma.

El poeta toca una cuerda invisible
con su deseo.
No son palabras: es el corazón,
que de algún modo se arranca
y deja entre tus manos
como una amapola caliente
que palpita, que te mira,
que ahora ves y ahora no ves.

Dirá: te regalo mi corazón,
lo guardaba en mi pecho,
brillante, como el placer
que algún día te daré.

Oh, aquella está perdida.

El poeta necesita estar loco.
Así esa voz, díscola e incontrolada,
que tantas veces embriaga,
que inventa sueños y eleva almas,
viaja en un fingido navío.
Disfraces inventa el que simula,
cuando necesita sobrevivir
al amor o al vacío,
a su impulso,
         -ingenua misión-
de enriquecer un ápice
la esencia del mundo.

sábado, 2 de junio de 2012

Navegaremos

Mañana habrá tormenta
y miraremos los rayos
que siempre caen en la mar
mediterránea
y eterna.

Miraremos los rayos.
Desnudos,
desde una ventana ajena.
Desentendidos del tiempo,
que es terco y espeso
pero no tan real
como tu mano sobre mi pecho.

Cada esfuerzo que sea de un día;
cada goce, de un momento;
cada gesto, de un segundo.

¿Qué haremos nosotros entonces?
¿Acatar las leyes de lo inmenso?

¡Tanto tiempo hemos dormido!
Tú en tu sueño maldecido.
Solo. Tan solo,
como un lobo loco en las estepas,
hambriento, mas sin hambre,
viviendo acaso por inercia.

Tanto tiempo hemos dormido,
que ahora extraño es despertarse.
Tú, acallando tu voz enorme.
Yo, encajándome algún traje.

Tanto tiempo es el tiempo perdido
que aunque no exista, pesa,
como una invisible y terrible cadena.

Ahora llama Abril inesperado.
Viene puro, fuerte viento
que sopla las velas de un barco robado.
en que, acaso soñando, zarpamos.

Y partiremos,
sin saber navegar,
sin saber dónde el Norte,
como niños:
los ojos entreabiertos,
las manos trémulas;
perdidos e inestables,
quizás surcaremos
una mar que nos reta,
y atracaremos en un puerto
lleno de puertas abiertas.

Tanto tiempo hemos dormido,
que creo que no necesito más alimento,
más tiempo, más esperanza
que tus somnolientas palabras.
Líquido inflamable.
Verbo enhiesto, amable,
lleno de la rabia del alma.

Y yo que te calme,
como tú me calmas.
Que sepa yo calmarte,
entre sábanas y olas
de libertad perfumada.
En un tiempo de tormenta,
nuestras velas
desplegadas...