Temprano, de madrugada, medio dormida sabiendo que no me he de levantar, que aún tengo horas para acurrucarme. Descubro la verdad de que el tiempo se para, de que lo demás es un espejismo, de que las mentiras de mañana son solo una falsa y lejana luz en la oscuridad; una luz ya muerta. Siento que entiendo y que comprendo. Entiendo el cielo y su mecanismo. Comprendo qué es lo que tenemos que hacer ahora mismo. Así, respirar en el calor de unas caricias perezosas. Lo demás es vacío.
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