lunes, 30 de mayo de 2011

Escombros

Es la estricta verdad.
En aquel fin del mundo
volaron torres altas de acero
como se vuela un sombrero
en la turbulencia de un vendaval.
Y digo volaron no cayeron
que no es lo mismo caer que volar.

Tenemos fotos, vídeos, cuadros al óleo
Tenemos cantares y patrimonio oral.

Durante un tiempo, todo fueron hazas baldías,
lodazales, pantanos huérfanos de caimanes.
No quedó ni un tejado.
La memoria de las vigas se retorcía
entre las moles de cemento desarmado.

Tardó el sol en colarse entre el polvo del aire
Tardó el superviviente en organizarse.
Recomenzaron esta vez tarde y mal.
Sin fuerza, sin amor, sin ganas.
Hartos, cansados de volver a empezar.

sábado, 28 de mayo de 2011

Me dices espera y yo espero; te regalo mi tiempo, no tengo otra cosa, no hay nada más que posea. Mi tiempo. Ni siquiera si fuera rica y te regalara un millón de dólares. Ni un Picasso robado. Ni un Rembrandt adquirido en una subasta. No sería mío de verdad. Pero mi tiempo, dado en don por Natura, a través de mi madre loca, es mío y de nadie más. Y te lo doy. A veces, es cierto, lo pierdo ante el espectáculo de las estrellas, de la noche aromática que se debate entre el jazmín y la gardenia. En esa terraza que tengo, por así decir, y disfruto en días como hoy que de tan templados desbordan, que de tan tibios rompen, que de tan limpios embargan.

Y pensarás de seguro que soy afortunada, que las coordenadas de mi existencia son excelsas; y yo si me dieras oportunidad te diría que no. No. Lo cambiaría todo. Las constelaciones y el jardín, el aroma del durazno, la verdura del césped. Daría todo. Las cientos de sonrisas de las estrellas, la luna menguante. Mi edición de Rayuela, el guion del primer corto de mi hermano, el maldito portátil con mi vida dentro. Las salpicaduras de la ola en las rodillas desnudas, heladas, felices. El olor del salitre. El sabor del yodo. La arena en la mejilla. El feliz dibujo del biquini en mi cuerpo, tras el agotador día de playa. Todo. El sol y las nubes, el aroma del pescado frito, de los espetos, de la brisa marina. Todo. Amor. Todo. Mi sueño, tan valioso y esquivo. Todo.

domingo, 22 de mayo de 2011

Todos en nuestras pequeñas vidas,
vidas sin rima,
sin ritmo;
en nuestras diminutas batallas
de esfuerzos cotidianos baldíos,
en nuestro calor,
en nuestro frío,
en nuestra pena
soledad con reverberaciones de hastío.

Todos parados
mirando al cielo,
mirando al suelo,
esperando un giro.
Parados
en mitad de la calle,
en mitad de la nada
oyendo los aullidos,
las hojas que crujen,
el chillar de los grillos.
Acurrucados
en los huecos de la roca.
Cenicientos
por el polvo de los siglos.

Todos cansados,
grises, macilentos,
escuchando
el reloj acompasado
con el latido sangriento
Todos solos,
compungidos,
esperando,
esperando que se nos robe el olvido,
que tanta locura acabe,
que pase la vida como un suspiro.
Y al fin ser ave, 
ser mar, ser aire,
ser piedra,  ser dios,
ser fuego, ser vacío.
Todos en nuestras pequeñas vidas,
vidas sin rima,
sin ritmo;
en nuestras diminutas batallas
de esfuerzos cotidianos baldíos,
en nuestro calor,
en nuestro frío,
en nuestra pena
soledad con reverberaciones de hastío.

Todos parados
mirando al cielo,
mirando al suelo,
esperando un giro.
Parados
en mitad de la calle,
en mitad de la nada
oyendo los aullidos,
las hojas que crujen,
el chillar de los grillos.
Acurrucados
en los huecos de la roca.
Cenicientos
por el polvo de los siglos.

Todos cansados,
grises, macilentos,
escuchando
el reloj acompasado
con el latido sangriento
Todos solos,
compungidos,
esperando,
esperando que se nos robe el olvido,
que tanta locura acabe,
que pase la vida como un suspiro.
Y al fin ser ave, 
ser mar, ser aire,
ser piedra,  ser dios,
ser fuego, ser vacío.

viernes, 20 de mayo de 2011

Muero de primavera. Muero de ganas de hablarte y obligarte a amarme. Sin romanticismo. O quizás --¿por qué no?-- con romanticismo. Porque lo cierto es que te quiero. Y quiero que cumplas tus promesas y me lleves a tu cama y me hagas lo que te apetezca las veces que te apetezca y después, si quieres, aguardas a que me duerma.
Espero poesía, caricias y besos. Besos largos como la tristeza, largos como el mar. Espero que cumplas tus promesas y me hagas olvidar. No saber quién soy, ni si estoy allí o en un viaje en barco o en una playa de cuento y soy una sirena. Quiero morirme de besos. De caricias. Y tu mano no alcanza, nunca llega. Aunque se curve mi espalda y tiemblen mis piernas; aunque esté atada, desnuda y dispuesta. Aunque esté presta a volar, tu mano no alcanza, no llega.

jueves, 19 de mayo de 2011

El excepticismo de un dios

El centro del universo pasa por tu puto ombligo. Si te duele el amor, el amor es una mierda. El esfuerzo de los otros aparece ante tus ojos y haces un chiste ingenioso y cruel, que no está exento de lugares comunes y discursos que ya he escuchado antes. Sin darte cuenta de que un paso grande nunca va antes de uno pequeño. Menospreciar al otro es siempre una práctica detestable. Prejuicios. Miras por encima de nuestros hombros bien alimentados con el derecho que te da haber nacido en un lado distinto del mundo. Si tus lecturas y tu pasado y tu presente te autorizan, no lo sé. Pero veo claramente un prejuicio cuando lo tengo delante.
La indolencia no es lo que encontrarás aquí. Ni el egoísmo. Ni el desprecio. Ni la vanidad. Probablemente nada cambie, porque quizás nada puede cambiar, pero si algo hay que hacer es empezar a controlar a nuestros propios gobiernos antes de pensar siquiera en arreglar el desastre que otros han heredado, seguramente por "nuestra" culpa. Por mi culpa. Seguramente, yo tengo algo que ver con el hambre en el mundo, con las guerras en Oriente Medio, con el frío de Siberia, con las violaciones en México. Por mi culpa, ablaciones, hambrunas, secuestros, expolios, tsunamis y pedófilos.
Como me alimento cada día y transito por carreteras asfaltadas, como tengo un apartamento y un jardín, no debería protestar, opinar ni tan siquiera hablar. Y si lo pienso, a poco que lo pienso, es cierto. Es verdad. No debería ni hablar.

miércoles, 18 de mayo de 2011

Por fin

El mundo convulsiona. La policía arremete contra estudiantes. El mundo gira otra vez y parece mentira que yo esté en ascuas, pendiente del hilo de tus palabras. Bebiéndome la noche en palabras tuyas. Hay esperanza y desencanto a la vuelta de la esquina. Juventud y hostias que vienen por el camino despacito pero sin pausa. Y yo en ascuas. La calle es un hervidero o debería serlo. La gota en la roca. El tiempo que se precipita. Y yo en ascuas. Pensando en el espejo que nos refleja, que nos oculta lo que tenemos delante. Esa esfera de metal líquido que nos rodea. Realidad televisada, programada, tergiversada, manipulada. Y yo en ascuas.
Pensaban que todos distraídos en los modelitos para las comuniones de mayo, íbamos de compra a la primavera de El Corte Inglés. Y resultó que algunos, no muchos, pero bastantes, fueron a la calle. Pasan cosas, cambiarán o no el mundo, pero pasan. Si alguno lanzase una piedra contra ese espejo, tendríamos que agarrarnos a las mesas porque el gran seísmo lo movería todo, pero algunos están dispuestos. El resto es el resto, siempre les ha venido bien todo. La dictadura, la república, la anarquía. Su dinámica no cambia. No pasan por el mundo conscientes. Pero esos otros. Son pocos, pero puede que por fin.



En otra vida fui Jack el Destripador

Escucho Portishead mientras afilo mi machete. Una antigüedad bien cuidada y útil. Pocas antigüedades pueden presumir de seguir en activo cinco siglos después de su nacimiento. En unos de sus muchos viajes de esos a los que no me llevaban, mis padres lo trajeron a casa. Y en un descuido habitual en el mundo de dispersión absoluta en el que viven, se lo sisé, con nocturnidad y alevosía, para darle buen cuidado y buen uso.
Solo para el bien, me dije. Y así lo he hecho hasta hoy. Jamás asesté un golpe a alguien que no lo mereciese de modo objetivo. Soy justa y magnánima. Sé que el ser humano es débil y perdonar no me es ajeno. De verdad. Solo el corrupto y el indigno de llamarse ser humano habría de morir antes de su hora natural.
Sin embargo, en esta ocasión concreta y tras muchos ajusticiamientos, me topé con uno de esos adonis de tres al cuarto, fardando de sonrisa y de amigos, de coche y de chaqueta de cuero de diseño y de reloj carísimo y de móvil-de-última-generación y no pude por más que matarlo. Así, sin mediar más provocación que el insulto que su meritita existencia me lanzaba a la cara.
Ahora me siento diferente. No me siento mal, ni culpable. Es más, me gustó. Por primera vez, disfruté. Retengo el recuerdo de cómo salpicaba su sangre caliente en mi cara. Con cada gota sentía como una caricia. Y el dulce olor de las visceras. El corazón, a mil. Mejor que el sexo. Qué digo, puro sexo.
Me doy cuenta ahora de que nunca nada jamás será lo mismo. No puedo esperar a verte. Solos tú, yo y mi machete.

En otra vida fui Jack el Destripador

Escucho Portishead mientras afilo mi machete. Una antigüedad bien cuidada y útil. Pocas antigüedades pueden presumir de seguir en activo cinco siglos después de su nacimiento. En unos de sus muchos viajes de esos a los que no me llevaban, mis padres lo trajeron a casa. Y en un descuido habitual en el mundo de dispersión absoluta en el que viven, se lo sisé, con nocturnidad y alevosía, para darle buen cuidado y buen uso.
Solo para el bien, me dije. Y así lo he hecho hasta hoy. Jamás asesté un golpe a alguien que no lo mereciese de modo objetivo. Soy justa y magnánima. Sé que el ser humano es débil y perdonar no me es ajeno. De verdad. Solo el corrupto y el indigno de llamarse ser humano habría de morir antes de su hora natural.
Sin embargo, en esta ocasión concreta y tras muchos ajusticiamientos, me topé con uno de esos adonis de tres al cuarto, fardando de sonrisa y de amigos, de coche y de chaqueta de cuero de diseño y de reloj carísimo y de móvil-de-última-generación y no pude por más que matarlo. Así, sin mediar más provocación que el insulto que su meritita existencia me lanzaba a la cara.
Ahora me siento diferente. No me siento mal, ni culpable. Es más, me gustó. Por primera vez, disfruté. Retengo el recuerdo de cómo salpicaba su sangre caliente en mi cara. Con cada gota sentía como una caricia. Y el dulce olor de las visceras. El corazón, a mil. Mejor que el sexo. Qué digo, puro sexo.
Me doy cuenta ahora de que nunca nada jamás será lo mismo. No puedo esperar a verte. Solos tú, yo y mi machete.

lunes, 16 de mayo de 2011

el color de la soledad


Paré en seco, con torpeza y violencia y sin fe. Paré porque así lo decidí. Decidí parar. Dije basta. Y me paré. Pasé tiempo indefinido, respirando, tratando de recuperar la calma. La claridad de mente que nunca había tenido. Tratando de decidir si volver a emprender la marcha pero esta vez hacia adelante.
Quedarse quieta en realidad no era una opción y yo era consciente. Acaso temblaba pues lo que tenía delante estaba oscuro e ir hacia atrás fue más fácil aunque había sido ir a ninguna parte.
La senda inagotable se presentaba cuesta arriba y desierta. Sinuosa y ascendente, su curso solo dejaba ver un corto tramo, después una finísima niebla como una cortina de humo ocultaba lo siguiente. A partir de ahí debí seguir a tientas.
No contaré aquí cómo fue el camino, si sufrí, si lo conseguí; adónde condujeron mis pasos; si al fin encontré a alguien. No seré la guía de nadie en este periplo inevitable, no contaré el final del libro, ni explicaré el poema. Cada cual debe encontrar su caja, decidir si abrirla, y entrar dentro, si tiene el valor, para descubrir el color de su propia soledad.

sábado, 14 de mayo de 2011

Memorias de una empirista

Semper liberis

Hace muchos años pasó por aquí un barco de la Argentina. En aquella época, yo era joven y flexible y andaba en búsqueda del Conocimiento y la Verdad. Consciente de no saber quién era, me entregué a lecturas y viajes; indagué; estudié a los filósofos y pensadores; leí a Sócrates, Platón y Aristóteles, a Marco Aurelio, a Boecio, a Santo Tomás, a Maquiavelo, a Descartes, a Hegel y a Kant, a Kierkegaard, a Marx, a Wittgestain, a Sartre, a Ortega. Menudo lío tenía ya. Cambiaba de opinión y convicciones continuamente, débil como era entonces: ahora pesimista, ahora lógica; ora  racionalista, ora comunista; ya pragmática, ya idealista. Pasaba del estoicismo al misticismo y la masturbación. 
Estando en mi etapa de budismo zen, llegó el barco de bandera albiceleste. Trabé amistad y contacto con los marinos, extrovertidos y bonaerenses en su mayoría. Paseaba por el puerto, inmersa en mis divagaciones y ligera de ropa, y se me acercaron por decenas. Me cepillé a todos excepto al cocinero, por falta de tiempo y dada la apretada agenda de ambos.
De aquellos extenuantes días me queda una gran sabiduría y paz interior, además de una cierta propensión al psicoanálisis y un dolor de espalda crónico muy molesto, aunque lógico por otra parte. 85 tíos en 12 dias no es parco esfuerzo, y no solo físico sino también, y mucho, mental. Mañana, tarde y noche en loca orgía. A punto estuve de desfallecer en alguna ocasión pero aquellos marineros, fueren del rango que fueren, tenían el don de la retórica, y con unos argumentos y explicaciones ciertamente enrevesadas, si bien irrefutables, me levantaban la moral y la libido hasta ayudarme a cumplir con lo que ellos denominaban mi desafío vital, un reto conmigo misma, una búsqueda existencial dentro de mí que ningún ser humano que aspire naturalmente y sin fundamentalismo a la perfección espiritual y al autoconocimiento puede renunciar. "Renunciar es errar. Renunciar es fracasar. Renunciar es desconocerse y ya esta nave nunca va a regresar", me aconsejaban sensatamente entre jadeos y suspiros.
Mi periplo vital a partir de aquel mi autodescubrimiento físico-emocional fue intenso y relevante. Dejé de ser una hojilla que flota a merced del viento. Sustituí la fe por la razón, el camino transitado por la pasión, la casi inevitable lectura de PauloCoelho por experiencias sensoriales a ser posible con entes humanos de cualquier sexo, condición social, raza, religión, edad y peso. Obtuve gran riqueza espiritual, gran satisfacción sexual, gran reconocimiento social (vaya que me conocían todos) y lo más importante me encontré a mí misma. Sin leer a Coelho, sin ir al desierto, sin coger una insolación, sin beber absenta ni hablar con un tótem que solo Dios sabe por qué encontraríase en el Desierto del Sahara.
Así fue como hallé mi mismidad. Mi ser yo sin dejar de ser uno mismo, (¿o antes de ser uno mismo?), como dijo (o pensó) Kafka. Estaba ahí, ante mis ojos violeta, una calurosa tarde de agosto, levando anclas, rumbo a algún lugar por el que nunca quise preguntar.



Leila Ourzik


lunes, 9 de mayo de 2011

inventar una historia sencilla, que parezca verdad, en la que yo sea capaz de volar

"recuerdo cuando ayer compré esta soga,

el ferretero dijo que era su primera venta del día

y yo sonriendo le contesté que era

la última compra de mi vida”

Dicen que es más fácil, que estás más inspirado. El insomnio, el aturdimiento del desamor, una fabulosa borrachera. Estar derrotado, celoso, solo, haber sido humillado. Ser cornudo, el tipo al que han dejado. Haber perdido todo en un sucio bingo de barrio y no tener ni para comprar una soga en la ferretería. Entonces, dicen, te dará un arrebato, escribirás el mejor poema, el más desgarrador relato. Serás un chiste, una mierda, un don nadie y escribirás como tocado por la mano Dios. Después, cabizbajo, mirarás al suelo y encontrarás una moneda y lo entenderás. Entenderás el mensaje, la moraleja, la grandísima indirecta que te envía el Universo. Tomarás la moneda, que además está de cara, arrugarás el poema y lo insertarás en un bolsillo de la raída rebeca, arrastrarás los pies calle abajo, te alejarás apretando la moneda y entrarás en la ferretería.

martes, 3 de mayo de 2011

Cómo se roba un cangrejo




Después de estar en un recital de poesía


después de escuchar poesía


después de preguntar si eso era poesía


y que nadie supiera o quisiera contestar


dejé de tener hambre, frío y me sumí en el insomnio


Me sumí en el insomnio que me obsesiona


en la ortografía que me autoriza


en las pequeñas cosas que importan en la vida


telediarios, noticias de última hora


verdades de las que todos dudan


series americanas de hospitales


juegos de rol


novelas de amor


En mi esfuerzo por comprender


no paré de beber cola con ron-ron con cola


hasta descubrir que la poesía es un chiste


una tía en bolas


una buena escena de sexo


una excrecencia, un exabrupto


una chaqueta cómoda que cuesta un huevo


un dedo que igual sirve


para señalar para hacerse una paja


para llevar un anillo para hacer un gesto al Papa


un gesto obsceno de esos con un solo dedo


de tal elocuencia y perfección semiótica


que la policía del Vaticano te ofrecerá una visita


una visita privada por estancias privadas


aposentos privados que nadie más que tú verá


donde te explicará cómo se roba un cangrejo