viernes, 11 de febrero de 2011

Epi oinopa ponton



Forcejeo entre la adoración y el desprecio; dos mares furiosos en tu pecho donde me sumo y me sumerjo, sometida de la herejía de tí mismo.
Admiro el vuelo de la nave de alambre sobre el rojo mar y el tinto cielo, con las costillas dolidas, con hambre y con miedo. Con los ojos hinchados. Forcejeo.
Desde el fuego tan barato que nos condena llega tu parálisis, como un relámpago que cierra esta farsa ociosa y mata esa voz que deseo y deja la gárgola inerte y muerta. Y las mieles de palabras vacías que abrasaron mis entrañas, sin más, desaparecen como la espuma del mar.
Atada y amordazada, veo como preparas el navío y hablas con los hombres y señalas al horizonte por donde, en este momento, el Sol se pone mientras yo forcejeo.

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