sábado, 19 de febrero de 2011

Liberarse lentamente. Sin cantar victoria. Pero sin dudar.
Sin volverse atrás ni arrepentirse.
No atarse por otros lados.
Un paso cada vez. Si hoy se dio uno grande, ya hasta mañana no me moveré.
El vértigo es normal; las náuseas, también. Las lágrimas... no lo sé.
Un sacrificio ha de doler mas no debe pararnos.
El día llegará y nos sorprenderá sonriendo. Más o menos tristemente.
La poesía ayuda, la música también.
Esperar a la resaca de mañana para preocuparse.
Sumirse en el sexo. Refugiarse en el s. XVI.
Recordar que somos inmortales y somos sagrados y no nos ve nadie y nos ven todos.
Y que el único juicio verdadero es el propio. El que tengo dentro.
A ese juez he de dar cuentas, no a otro.

1 comentario: