jueves, 31 de mayo de 2012

Siempre una explicación hiriente y sencilla:
aquellas gaviotas en formación paralela
al horizonte perseguían el banco de sardinas;
el barco violando leyes hace pesca de orilla.
La niña toca a tu ventana,
pero tú decides: nada va a cambiar el mundo.
Excepto tu miedo, y mi esperanza.

¡Elige!
Miedo o esperanza...

Todo gira y no hay rumbo
ante una tormenta en medio del mar.
¡Qué soberbio sería!
¿Qué cree el marino en el momento antes de zozobrar?
¿Que batirá al océano?
El mar enorme, el mar eterno, el mar que ríe,
que sostiene en la levedad a las gaviotas
hambrientas;
este mar que hoy respira serenidad...

Días leves y calinosos en que los bancos de peces sonrientes
son la comida de los predadores.
Cual lindo corderillo con nombre que criamos en casa,
uno de los dos será devorado por el otro.
Con suerte seré yo.

lunes, 28 de mayo de 2012

Espera, Mayo, llévame contigo
hazme un hueco, Mayo,
dondequiera que duermas


Evítame ver de nuevo
las flores resecas
arbustos marchitos
y calles desiertas


Llévame, Mayo, 
a tu escondite silente
y déjame allí 
cuando al cabo regreses.


Deseo tanto, Mayo, 
perpetuar la primavera,
necesito como nunca 
parar el tiempo 
y anidar en otra tierra.


Algún lado, sin suelo,
sin cielo,
sin miedo.
Un lugar tan solo
muy lejos de esta tierra
donde yo no me hallo, 
donde nadie me encuentra.

sábado, 26 de mayo de 2012

limones dulces que esperan


Cruzar avenidas
costeando
hasta llegar a un lugar sin importancia
en el día más claro y exuberante.

La vista, alineada cual bandera,
compone de colores en la vereda.
Ficus y jacarandas
son las márgenes de la carretera.

A ambos lados, aceras 
cargadas de gente que pulula.
A una hora en que la ciudad está viva 
y las tiendas palpitan.

Voy muy despacio 
para empaparme de la vida,
acallo la radio
y escucho el idioma nativo.

Palabras sueltas entran entrecortadas
por mi ventanilla bajada:
tarroa, oigo, y, sin haber visto a la mujer,
sé cierto dónde está, qué hace y por qué.

Me sobreviene una sensación tan clara
en la comprensión y el recuerdo
de sentirse como extranjero;
cuando todo es diferente, raro, nuevo,
cuando no entiendes los verbos,
los gestos, las miradas.

Tan fantástico veo el lugar que atravieso,
que comienzo a mirar con otros ojos
coloridos transeúntes:
distintos unos de otros:
gentes de cristal opaco,
jóvenes de largas cabelleras,
orondas señoras en floreadas prendas.

Hombres pasean sus periódicos
de cafés en esquinas y satúrnea tertulia. 
Cada uno habla, gesticula, 
en este idioma herencia de otras herencias.


Así, cumpliendo rituales
y acatando costumbres,
todos andan la avenida,
que, conforme avanza, tibia, se adereza
con más árboles y menos tiendas.


Y justo cuando se cruza un puente,
vertiginosa, una nueva avenida 
también plena de verde y violeta,
me despierta.


Súbito fogonea un limonero
que frena mi sentir de forastera
y recuerda que este perderme
-que me entretiene en un viaje 
fantasioso
y delicado y lento 
y alienado-
flotará hacia limones dulces
que duermen en mi mesa.

miércoles, 23 de mayo de 2012

Una Underwood nº 5 de carro ancho


Después de mucho pensar, dar un paseo mental por cuadros y asomarme a la ventana. Busco entre mis cosas un objeto de la vida cotidiana.
Un útil que sea un pretexto para ir a la deriva.
Voy descartando los más sencillos, los más complejos; mi ropa, la plancha con que la estiro; el cepillo con que friego.
El tocado de la dama del cuadro que me encanta y me hechiza no es objeto cotidiano. Sugiere más un viaje a tierras exóticas con una amante extraña. No es ahí, no, donde tengo la cabeza.

A poco que lo intento, sé cierto qué objeto elegiría y por qué.

Una máquina de escribir, como la Underwood que heredé de mi abuelo Miguel, que todavía negra y brillante me espera en la casa de mis padres.
¿Qué evoca esa máquina, de dónde sale, por qué ese y no otro útil?
Por lo que me ocupa casi por completo la mente y se resume en una imagen. Una fotografía de Miguel Hernández trabajando con Josefina tras una máquina de escribir.
Es la imagen que conservo del poeta junto a su esposa. Él dicta y ella le ayuda en su tarea. Es la imagen, además, que tengo de la unión de la pareja, del amor y del tiempo compartido. De lo que debe ser hecho y se hace con tesón pero con el consuelo de la compañía: la plenitud, en un momento fotografíado hace tanto. Y allí, en primer plano, la máquina de escribir, que palpita y llena el ambiente de laboriosa sonoridad.
Las teclas redondas y regastadas que habría de pulsar con fuerza para arriesgar la vida y decir la verdad. Para alzarse sobre las miserias y gritar. Golpes que mueven la fina espiga metálica que culmina en los tipos. La espiga que se enredaría en el cabello de ella en otra hora cualquiera.
La tela entintada marca el papel y graba un riesgo para ambos que después se cobró. La cinta, que a menudo -si se trabaja febrilmente- es necesario cambiar.
Y dos cilindros a cada lado de la máquina sirven para enredar la cinta y poder continuar.
Miguel necesita de aquella mano hábil y rápida que cambia el rollo antes de que a él se le pase el arrebato.
Ella continúa entonces con los dedos tiznados con la sangre del poema que es la tinta negra y el chasquido del tipo chocando contra el rodillo cuando el papel queda marcado para siempre con una llamada al amor, a la vida y a la muerte. A un destino negro porque, entonces como hoy, solo los cobardes sobreviven ilesos. Sin máquina de escribir y sin amor, sin metas, sin causas, sin valor.
Ella sería feliz ante la brillante máquina (yo lo habría sido), la imagino tecleando con dos dedos sin quitar los ojos de las redondas teclas. Sin apartarse ni un milímetro del hombre. Atentos los oídos a su verbo, universal, apasionado, valiente, caliente. El padre de sus hijos. El poeta más querido. El hombre que yo admiro. Y, entre ellos, una máquina de escribir que lo hace posible como una paloma mensajera mecánica...

martes, 22 de mayo de 2012

Reventaré
como el caballo explotado
tu esclavo,
correré 
la lengua fuera
y ganaré la carrera

Para que tu bolsa
engorde
para que te pese la bolsa
para que sientas la bolsa
en los bolsillos
de tus sucios pantalones.

Reventaré
hacia afuera
Y, si se me apetece,
mancharé todo
con mi sangre.

Mis vísceras serán Arte:
el Arte desde mi alma
a tus pantalones.


domingo, 20 de mayo de 2012

Puta Génesis (II)

Sale de la palpitante y húmeda 
vagina
-principio y divinidad-
un hilo de lava
que a su paso deja grabada
la sinuosa curva
de un río sonoro.

El parto se eterniza:
duele dar a luz tanta rabia
La sangre se mezcla con el fuego y resbala
se aleja, existiendo por doquier
Ya extendiéndose
desde la madre
razones y sentido
forma y contenido
en el río aún vacío
de las ánimas.

Puta Génesis (I)

En el principio no había nada:
un cúmulo invisible
de protones, neutrones, iones negativos
átomos deformes, moléculas torpes
en un enorme e incalculable finito negro,
sin inteligencia y sin belleza.

Porque sí, del choque entre los movimientos
surgió, imposible, un enorme coño:
un coño oscuro, gigantesco, húmedo,
eterno,
fertil.
Un coño del que salió el Universo.
Baboso pringado de la savia
de aquel trozo de la primera mujer:
el todo.
El gran coño dio a luz a un mundo
sin padre, sin luz, sin verdad.

¡Loado sea el desastre de la húmeda realidad!


Nada se perdería. Poema en prosa

Una inmensa falta, una falta líquida y helada, un lago negro interrumpe su camino. En la duda de ser vacío, ella se asoma buscando su reflejo y no ve nada. ¡No hay imagen en el agua!
Oscuridad responde y en el temor de no tener alma ni cuerpo anida en ella un miedo que no parece miedo, que no se reconoce como miedo. Es una pasión y una turbulencia la que oculta el miedo, la que se ensaña con ella y a través de ella con todo.
¡No hay imagen en el agua!
Mira sus brazos que no son alas. Las alas con las que volar que ansía. La angustia se adueña de ella y todo su poder se convierte en fuego de ira. ¡Verse así sin alas!
Entonces mira sus manos como buscando unas garras, unas míseras garras, con las que quizás asirse a las paredes del pozo sin fondo en que se ve. Ahora se siente sucia y pervertida alimaña. Y no yerra pues en ese instante no hay razón que la distinga de un animal herido.
De sus labios maldiciones: odia las palabras y las bocas y los ojos y las miradas y los dedos y las caricias. Se quema en un mar de lamentos, en un mar de quejidos, gritos, aullidos, graznidos.
Conforme se hunde en lo negro, sin voluntad, siente denso frío. El dolor del frío es mudo, es un dolor que calma. Ve que se ahoga en el lago. Y así será si no domina su miedo y bracea con sentido para salir del pozo de agua negra de lágrimas...

Nada se perdería. Poema en verso


Una inmensa falta de voluntad,

una falta líquida y helada.



En la desdicha de ser vacío

de no tener alma

ni cuerpo

ni alas con las que volar,

soy nadie. 



Ni siquiera unas garras,

unas míseras garras

-como sucia y pervertida alimaña-

Uñas con las que me pueda sujetar

a las paredes de pozo sin fondo.



Así, sin alas ni voluntad

caigo más bajo

y más y más.

Soy nadie.



Maldigo las palabras

y las bocas

y los ojos y las miradas.

Caigo tan rápido,

pero este abismo parece no tener fin.



Nadie puede esperar al golpe

que acalle

todos los aullidos,

los graznidos,

los gemidos,

los reproches.

miércoles, 16 de mayo de 2012



No pasa un día sin que un hombre
alce los ojos al cielo,
sin que un hombre tenga un anhelo.


Deseo, fuego en las venas.
Fuerza que le mueve
desde una fuente eterna.
Un hombre que no languidece,
mas arde y se quema y renace
en una forma diversa.

Otro o el mismo hombre canta
en ese mismo instante
en esa misma ciudad
bajo ese mismo cielo
su decepción, su soledad.

Recita la triste poesía del alma.
Y una visión del vacío le atrapa.

Otro o el mismo hombre desea.
Desea a una mujer con alma,
la adora por su libertad.
Se asombra al verla volar.

En cualquier momento,
en cualquier tiempo,
ambos hombres
se encuentran en esa mujer.

Ella podría ser suya
y sería un arrullo de poesía,
una caricia de la vida.
Una promesa de aire y fuego
siempre en su amado cielo,
recuperado para él.

El hombre, asombrado,
conoce al ave silvestre,
cura y causa de melancolía,
cura y causa de amor.
Que sin necesidad de anillos ni pulseras,
siempre volvería a su ventana.

El hombre de la derrota
se sueña dueño del amor.
La verdad le toca de repente
y se evapora dejando un gusto
de luz.

Dulce sueño de la imaginación:
mientras ella navega a su lado:
éxtasis de la levedad.
El hombre suavemente roza
y saborea la libertad.
No hace falta que piense.
No hay prisa por despertar.

martes, 15 de mayo de 2012

Milva milva

Quizás deseas 
una mujer con alma,
y la amarías por su libertad.
Qué felicidad sería
tu asombro al verla volar.


Cuál sería la razón, entonces, 
Cuál el sentido
Por qué la necesidad
de su absoluta posesión.


Está en la humanidad 
imperfecta
Oído mil veces:
verdades de siempre.


Ese ser que podría ser tuyo,
que en ti sería poesía,
música que arrulla,
que vendría siempre.


La Milana sabe quién es su dueño,
pero no sabe vivir en cautiverio.

domingo, 13 de mayo de 2012

Sagrada Supernova de Dios, tuya es la gracia, mía la elección

Olvidé tomar mi medicación
y está claro que necesito la droga 
esa que me recetó el árbitro de mi vida.


Tan cerca estuvo el momento de que desbordase todo
por un fétido desagüe 
que de repente se abrió ante mis ojos en mitad del camino
una enorme brecha que escupía lava fría.


Apenas un reflejo milagroso, un giro de volante
y evité caer al abismo
Oh, mierda, jodidos reflejos
cuánto os maldecía...


Pero no os aflijáis, mis amigos,
al menos me di de bruces contra un enorme roble, 
al menos no me había puesto el cinturón,
gracias a la Suerte iba sola en el coche.


Enésima ley de la Ecología según San Mateo Floristero:
"Ahorra tiempo a Natura y autodestrúyete 
ya que es cuestión de tiempo y un ahorro de energía".

sábado, 12 de mayo de 2012


Un suspiro de esperanza
se adueña de mi pecho.
Yo no lo puedo controlar.
Va solo por sus fueros
recorriendo mi cuerpo,
entrando por mis sueños.

Se agranda, se agranda.
No sale de mí.
Se agranda.
Enorme.

Nadie lo nota
pero estoy llena de fe.
La savia andante de la calle
y esa promesa que vive de ti.

viernes, 11 de mayo de 2012

Muero de frío por ti
que te desnudaste entera
ajena a esta guerra


Ya estoy habituado
a las casualidades
botánicas: misterio y magia.
Hoy vi un cáctus que baila.

Pero, lástima, 
ya marchaba al frente
y al verte quise desertar.
No empeño mi palabra:
mas deseo regresar.


Dejaré mi reflejo
en las aguas  
de la laguna Estigia,
mientras bebo de la copa.


Quien hizo las palabras,
¿por qué las dotó de alma?
Una antología de paisajes 
codificados esconden
el modo de llegar adonde deseo.


Pero no lo haré...




martes, 8 de mayo de 2012

La sala 11


La mujer de la espada en alto,
cara grabada en la severidad,
en eterna pose de fuerza,
se acerca.
A su paso, la gente se aparta,
el reloj se para;
todo se sume en un silencio delgado.

La blonda espada en alto
se dirige a la viuda:
“Esto es lo que hay”,
“Doliente, sé racional”.
“Está prohibido llorar”.

El hombre nevera asiente con gravedad.
Siempre asiente, 
asiente y asiente
con mucha dignidad.

Huyo con las moscas al fondo de la estancia,
atrapadas por error en la sala helada.


Espero que haya abrazos y mucho vino en mi funeral. Y que me entierren desnuda en el suelo. No quiero un ataúd de caoba ni vestir mi traje de novia. Quiero que los gusanos no encuentren impedimento y que de mi boca salgan las raíces de algún almendro. ¡Por cierto, volveré desde el infierno a daros lo vuestro si no lloráis en mi entierro!

martes, 1 de mayo de 2012

De repente llega el calor.
Qué hace ahora el leñador,
dónde queda la camisa de franela,
el radiador;
el encierro tranquilo,
el teléfono y el ordenador.


Dónde están las serpientes 
que espantaban a mis enemigos.
Dónde los amigos verdaderos
Dónde quedó el corazón.


Los rastrojos secos vuelan,
todo lo dejan lleno de trozos negros,
diminutos tiznajos 
que ahora hemos de barrer.


¿Dónde está la casa, 
la casa del amanecer,
el salón de té de Madame des Ricochet?
Esta maraña de pelusas, cenizas de olivo,
arena oscura, olor a sardinas
e insectos no podría ser el Mundo,
donde en una pulcra sala tomábamos té.


Nunca estuve en ningún lado
pero soñé,
viajé con los ojos cerrados, 
la barriga llena de aguardiente,
los pulmones, de humo aromático
y las manos asidas a otro ser 
como si al soltarme fuera a caer.


Ahora que hace calor
señoras gordas con el maquillaje corrido
me dan conversación en el ascensor,
niños gritan en los pasillos,
y todos se tatúan 
pasajes del Corán. 
Imitando al gurú de turno
hablando de granizos y azafrán, 
anunciando el fin del mundo.