miércoles, 20 de octubre de 2010

Hace días que te llevo clavado en el pecho. Como una sombra rara que me acompaña donde voy y me sigue y me distrae.

No me convienes. Ando por ahí pensando en ti y en tus manos que nunca he visto. Distraída, me golpeo con cosas banales y pierdo llaves y oportunidades.

Quiero poder echarte de menos pero no puedo.

Y te pienso.

Tú podrías ser un lugar donde vivir. Un libro que leer cada día. Un trabajo que yo resuelva a medias, algo incompleto. Una promesa. Un trayecto de tren interminable. Que desafía los accidentes geográficos y las inclemencias atmosféricas, que cruza fronteras y cordilleras de esas que tienen nieves perpetuas.

Y yo como una acera transitada mil veces que late, teme, quema y aflige al que pasa.

Deseo. Viento frío en la cara.


Quiero echar de menos tu espalda.

3 comentarios:

  1. Me ha gustado mucho, las figuras que utilizas en el texto lo poetizan de una manera sutil y pasional. Un abrazo.

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  2. Qué ganitas de viento frío en la cara, C. Me busta.

    A

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