"[...] Pero oh, Dios, oh, Dios, ¡la juventud está tan presente en el mundo! Está por doquiera en los jóvenes cuerpos de chicas embotadas por el trabajo, sobre máquinas de escribir o tras mostradores de tiendas, de chicas al fin evadidas y libres que exigen la herencia de la juventud, que hacen subir sus ágiles y suaves cuerpos a los tranvías, cada una con quién sabe qué sueño. “Salvo que el hoy es el hoy, y que vale mil mañanas y mil ayeres”.
Este es un fragmento del cuento "El sacerdote" de W. Faulkner (aquí) que más allá de representar la lucha interior del joven protagonista, a punto de ordenarse sacerdote, constituye la universal verdad, ese carpe diem que nos es vedado por circunstancias ajenas a nuestra humanidad.
En qué engaño vive el que se reserva para el mañana o quien no avanza, estancado en algún hecho de su pasado. Pienso en todo ese entramado en que nos perdemos y que nos llega tan fácilmente por las reglas del juego social o las supersticiones de cualquier tipo.
Necesitamos tanto estar seguros que convertimos creer en saber. Mentimos. Vivir entre dogmas y reglas; en una óptica maniqueísta y cruel; no tener más opción que mentir y ser falso y vivir con ello, o ser fiel reflejo de las creencias y los protocolos, lo establecido, la tradición, el respeto al ritmo impuesto y al juramento milenario: ser ese clásico heredero del mundo que se nos dio.
No niego la satisfacción de sentirse íntegro y de enorgullecer a los miembros de nuestra tribu, incluso basándose en un espejismo o en una realidad impuesta ante nuestros ojos que no se han molestado en abrirse.
Piden el sacrificio de lo único que tenemos: la vida, la juventud, el ahora,... Es un precio muy alto.
No niego la satisfacción de sentirse íntegro y de enorgullecer a los miembros de nuestra tribu, incluso basándose en un espejismo o en una realidad impuesta ante nuestros ojos que no se han molestado en abrirse.
Piden el sacrificio de lo único que tenemos: la vida, la juventud, el ahora,... Es un precio muy alto.
Me gusta este blog. Aquí tienes un lector asiduo. Un cordial abrazo. :)
ResponderEliminarHola, Héctor! Mi casa es tu casa :)
ResponderEliminarUn abrazo
Cómo sufren los corazones jóvenes el sacrificio del ahora hacia el después. Más vale aprovechar o terminaremos siendo orgullosos herederos, íntegros miembros de una tribu con más sueño que sueños.
ResponderEliminarA
Tengo la esperanza, A., de que rompamos el círculo vicioso heredado.
ResponderEliminar