Tras el sabático ritual,
vuelvo ebria y carente de explicaciones,
fracaso más bien universal.
Me saco botas, blusa y pantalones.
La cama
da vueltas,
(¡y más de lo habitual!).
Mis sábanas
revueltas
de modo irracional
indican tu presencia;
y ahí te me apareces
con ciertas exigencias.
Y no es que no esté de acuerdo
con tu amable pretensión,
respetable, y aun lícita,
mas del todo imposible
tal y como ahoritita estoy.
Pero si sobrevivo a hoy,
-algo harto presumible-,
en la postura ínclita
a que tienes devoción
haré, amor, lo que debo.
Lo prometo, lo aseguro
y, si quieres, te lo juro.
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