Hace días que te llevo clavado en el pecho. Como una sombra rara que me acompaña donde voy y me sigue y me distrae.
No me convienes. Ando por ahí pensando en ti y en tus manos que nunca he visto. Distraída, me golpeo con cosas banales y pierdo llaves y oportunidades.
Quiero poder echarte de menos pero no puedo.
Y te pienso.
Tú podrías ser un lugar donde vivir. Un libro que leer cada día. Un trabajo que yo resuelva a medias, algo incompleto. Una promesa. Un trayecto de tren interminable. Que desafía los accidentes geográficos y las inclemencias atmosféricas, que cruza fronteras y cordilleras de esas que tienen nieves perpetuas.
Y yo como una acera transitada mil veces que late, teme, quema y aflige al que pasa.
Deseo. Viento frío en la cara.
Quiero echar de menos tu espalda.
Me ha gustado mucho, las figuras que utilizas en el texto lo poetizan de una manera sutil y pasional. Un abrazo.
ResponderEliminarGracias, Maite. Un abrazo
ResponderEliminarQué ganitas de viento frío en la cara, C. Me busta.
ResponderEliminarA