Siempre una explicación hiriente y sencilla:
aquellas gaviotas en formación paralela
al horizonte perseguían el banco de sardinas;
el barco violando leyes hace pesca de orilla.
La niña toca a tu ventana,
pero tú decides: nada va a cambiar el mundo.
Excepto tu miedo, y mi esperanza.
¡Elige!
Miedo o esperanza...
Todo gira y no hay rumbo
ante una tormenta en medio del mar.
¡Qué soberbio sería!
¿Qué cree el marino en el momento antes de zozobrar?
¿Que batirá al océano?
El mar enorme, el mar eterno, el mar que ríe,
que sostiene en la levedad a las gaviotas
hambrientas;
este mar que hoy respira serenidad...
Días leves y calinosos en que los bancos de peces sonrientes
son la comida de los predadores.
Cual lindo corderillo con nombre que criamos en casa,
uno de los dos será devorado por el otro.
Con suerte seré yo.