sábado, 27 de agosto de 2011

Por qué me duele


Vivimos del fuego, del dolor, del asombro. Yo, concretamente, vivo de ti, que eres dolor y eres fuego. Vivo del asombro y la admiración. Del miedo a perderte en la niebla. Del miedo a nunca conmoverte, a jamás llegar a ser poeta. Y sé que no lo soy ni lo seré. Porque no hay poeta sin memoria, y no me refiero a un fardo pleno de recuerdos o a ser portador de la espada de fuego que purifica y venga.  Me refiero a la cercanía de las palabras de los que fueron poetas, pescando el verbo a la deriva en un río de tiempo e inmortalidad. Yo no sé, no puedo. Vivo en una isla de olvido, ajena a la Historia, a la muerte, a la gloria. Aparte del resto; involuntariamente aparte. Sin nada que ofrecer, y esto me da igual. Sin nada que ofrecerte, y esto me mata.

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