A más me adentro en esto, más me alejo de lo demás. La gente que me rodea se aparta. La mentira se hace más y más grande y me arrastra.
Si tuviera un Theo, le escribiría una carta. Le contaría cómo escribo mientras por mi cara se deslizan las lágrimas y relataría el modo exacto en que se empañan mis gafas. Segura de que cada día estoy más loca, no como si dijéramos excéntrica, sino enferma de la mente y del alma.
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