Muchos pueden pensar que ser un moralista no es una aptitud. Pero se equivocan. No lo pienso razonar. No lo pienso justificar. Lo sé, y ya. Si se pueden tener unas dotes mediocres para, digamos, formar un puzle, jugar al ajedrez, componer un poema. Siempre se puede tener una percepción sobre la actuación en la vida ajena y arrojar un juicio que los anule por completo. La habilidad está en herirlos. La facultad de juzgar ha de ser practicada por quien la tiene. Se lo pide el cuerpo. Sea joven o sea viejo, sea feo o sea bello, sea chino o sea sueco. Necesita pasar su implacable rodillo sobre los defectos de los demás. Las debilidades no le pasan desapercibidas. Toda la información que tiene de ti vendrá de vuelta envuelta en un halo de implacable verdad. Una bola de energía negativa te atravesará. Nadie nunca les sobrevive: también tienen la facultad de matar de pena a quienes se dejan.
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