Tatuado con una puesta de sol. Tocando el contrabajo con una vieja camiseta. El hombre que hoy quiero.
Está tan concentrado en la música, en el norte, en la noche. Toca como Dios, si Dios tuviese oído musical y sentido del ritmo y amor por el Arte. Si Dios a pesar de la resaca hubiese venido.
En un piso antiguo del barrio de Montmartre con sombrero de jazz, gafas de sol, marca el ritmo al resto sin notar que existo. No hay modo humano de no enamorarse de un músico. Te ignora de una manera afrodisíaca.
Ir con ellos de gira a morirse de hambre y tocar el theremín.
Algún día será el tipo acabado más sexi de algún lugar de este estrecho mundo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario