jueves, 5 de abril de 2012

Sueño bajo un acebuche

Triste pastorear 
mediterráneo
calor, soledad,
pellejo de agua,
el queso de cabra, 
y el pan seco.


Mira el confín celeste,
clara la luz lejana:
el pastor bajo el acebuche
sueña con la ciudad blanca.


La ciudad del desfile 
de ataúdes,
de la tiña, de la peste y del agua
envenenada.
Do mercaderes de narices afiladas
campan a sus anchas.


La alcaicería es una turba
vocerío y olores,
damas y putas,
moscas y pesas trucadas.
El alguacil vigila y regaña.
Guiña a la prosperidad 
a la que de cualquier amenaza, 
salvaguarda.


Salir del laberinto de tenderetes,
del zoco de mil colores;
salir urgente a una calle despejada.


La calle-alcantarilla camino-ciudad
donde corre el jugo de humanidad:
orines, semen y caldo de pescado,
la sangre del desuello, el despiece,
la matanza sobre piedra lisa y ancha.


Cerdos y corderos.
terneros y vacas.
El pastor despierta agitado,
comprueba que está todo:
el rebaño, el perro
y, en el zurrón, 
las llaves de su casa.

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