Se llama Davor y no nos entendemos bien;
su inglés es de pena y el mío tambíén.
Así nos llevamos...
a la perfección, nada de lo que dice
lo entiendo.
Es más que perfecto.
No capta mis sutilezas,
ni se ofende cuando no debe.
Es medianamente joven y tiene todo el pelo.
Dice que recuerdo un cuadro de Anita Kreituse
y se empeña en fotografiarme
desnuda con un tocado.
Es fotógrafo, no me entiende, me enciende. El hombre ideal.

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