sábado, 13 de noviembre de 2010

La tercera ventana

1. De cómo burlar a la muerte

Hay varias posibilidades:

a) Volver en cada sesión de espiritismo (no recomendada pro razones que no nos es permitido precisar);

b) Quedarte como fantasma eternamente en una casa donde tu intento de interacción con los habitantes será causa de su desdicha, locura y muerte la mayor parte de las veces (solo apto para sádicos);

c) Vender tu alma al diablo; hacerte vampiro; beber del río de la vida eterna. Todas estas, a mi modo de ver, soluciones análogas que pueden llevar toda una vida de búsqueda y acabar infructuosamente;

y d) Escribir la más sorprendente novela y  plagarla de criptogramas indescifrables que hará que muchos piensen en ti, te evoquen, maldigan, y admiren, y por ende te mantengan vivo en el recuerdo (una forma insatisfactoria porque en realidad tú estarás muertito igualmente).
Advertencia: a veces escribir una novela o incluso un microrrelato no es tan fácil como pudiera parecer.


2. La cuestión:
.................... ¿Qué hay detrás de la ventana?


A través de esa ventana quizás entra un haz de luz intolerable que la convierte en un cuadrado de líneas discontinuas. Luz deslumbrante del desierto.

O acaso su contorno se difumina pues empieza a desaparecer.

Pongamos que el cuadrado es la única abertura de un habitáculo, la caverna, desde donde miramos. La única visión que tenemos de lo que hay fuera. La perspectiva. Al principio vislumbramos una forma, que interpretamos, a la damos un sentido, a partir de la que imaginamos lo que hay fuera. Una esperanza de que hay algo.
(Somos jóvenes y quizás hayamos bebido algo).

Pero, en un segundo momento, tras un tiempo indefinido, no vemos nada. Solo el hueco, el umbral de nuestra cueva. La forma ha desaparecido. ¿Algo la oculta? Dormimos dentro, a salvo, soñando, puede que tratando de recordar aquella forma, de retenerla en nuestra memoria, en nuestra mente; porque en realidad ya no la vemos, aunque miremos.
(La edad adulta es un asquito)

Al fin, cuando despertamos de la ensoñación, cuando miramos de nuevo, forzando nuestra vista, frotando nuestros ojos, comprobamos perplejos que la ventana, la puerta, la salida se difumina. No es posible pues era la única certeza: que estamos dentro y que hay una ventana.
Pero la forma parpadea. No se cierra, no se achica, no es un fundido en negro, el plano que se cierra, el final de la película. No. Únicamente, la abertura se desdibuja anunciando su desaparición, su inexistencia, nuestro error al creer que era una realidad a la que asirnos, un camino que pudiéramos seguir, la entrada del mundo exterior y de la verdad que asumimos como fin de nuestra búsqueda.

PD: Desde el otro barrio uno que yo me sé debe estar riéndose bastante.

A Víctor que, si llega a leer esto, también se reirá 

3 comentarios:

  1. ¡¡Guau!! ¡Si Platon viviera sería Cartaphilus!
    También pareciera la vida desde dentro de una máquina fotográfica, con su diafragma que se abre y se cierra dejándole ver extarñas parcialidades de la vida. Me encanto!!

    Hemos superado en METAFORARIO las primeras 500 metáforas tengo pra enviarte un souvenir (jpg) pero no tengo tu correo, seguramente hay otras muchas otras formas que desconozco. En fin.
    Avisame.
    Abrazo
    julio

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  2. Víctor!!! :)

    Julio, gracias. Ahora mismo te pongo un correíto.
    Un abrazo

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