-Ya solo me queda encontrarme con mi acosadora del C2 celeste metalizado y que me dé lo mío a la vuelta a casa.
Se lo dijo en voz alta, medio despierta medio dormida, en el lenguaje de Tiger, un idioma inventado, solo comprensible por ella. El día había amanecido cansado, nublado, espeso y dolorido. Las voces como cuchillos y las frases interrumpidas hacían que todo tuviese aun menos sentido.
Tempranito, el encuentro con Olga y el eterno y fugaz despertar al horror nuestro de cada día. Aquí y allí descaradas mentiras, reuniones que te fastidian el fin de semana, sonrisas falsas-falsísimas.
Corrige, corrige, corrige: 18 trabajos, 19, 20. Letras que bailan. Bailan de verdad. Las mira y se mueven. No es que la página esté borrosa como su foto de carnet, para disimular las arrugas. No. Esas pinches letras bailan las unas con las otras; mientras, en lugar de leer una y otra vez lo mismo, recuerda lo de ayer, lo de antes de ayer, y se acuerda de Pynchon y de la razón que tiene el gringo loco ese. Se duerme, casi.
Dos cafés tornan el extremo cansancio en extremo nerviosismo y en preocupación por no poder dormir hoy tampoco.
Otra vez se distrae en pensamientos que van de la jugada de la reunioncita en el único día libre a otras lindezas que la semana ha traído y lo que te rondaré morena. De pronto una cabezada de unos segundos y ahora ya está de vuelta a casa en el coche. "¿Cómo demonios he llegado aquí?". La alerta un largo pitido y mira a ambos lados sin saber qué ha pasado. "¿Qué he hecho ahora?".
Fatídico, trágico, horripiloso: la misma mujer, el mismo C2, la misma curva. Baja la cabeza, pisa el acelerador y sale que se las pela.
-Mañana -se dice- creo que cambiaré el coche con mi marido, compraré una peluca rubia y me pondré las lentillas.
Nota de la autora a la protagonista: no olvides mudarte, cambiar de trabajo, borrar la agenda del móvil y anular la cuenta de facebook. Una peluca jamás es suficiente.
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