viernes, 5 de noviembre de 2010

el fantasma

Después de las apariciones, las voces, las mañanas en que las cosas estaban en un lugar diverso del que correspondía, Elena -de un modo que desconozco- descartó que fueran bromas de sus hijos o los niños del vecindario.
Lo siguiente fue el molesto mensaje en el espejo de su tocador cada mañana. Limpiar el carmín y comprar carmín nuevo cada tres días la sacaba de sus casillas. Lo que dijera aquel mensaje en realidad no viene a cuento. Unas veces tenía significado y otras era una perogrullada pedante, ininteligible. Y, para el caso, qué importaba lo que quisiera o pretendiera.
Aquella casa ya no era acogedora y su legítima propietaria reclamaba su derecho a vivir en paz: ya valía de ser educada, ya valía de aguantar de modo estoico, paciente y amable.
Y Elena sencillamente gritó: "A ver, maldito voyeur, detestable intruso, déjame en paz". Y ocurrió que las aguas volvieron a su cauce y el mar fue mediterráneo y la montaña, dorada y el valle, encantado y la muchacha, triste.
Aquella molesta y ridícula presencia dejó de manifestarse. Y aunque dicen las canciones infantiles que se pasea como una sombra por las paredes de la casa al atardecer, ya no parece que exista. Y lo que no (a)parece, no es.

3 comentarios:

  1. Bueno el final, con ese juego de doble significado.

    Blogsaludos

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  2. ¡Bú! Te leemos, por supuesto :). Pero el fantasma estaba allí antes? lo trajo Elena? ( que es un nombre precioso), quizá es una sombra que no es pero existe? ( los de filosofías pasan horas con estas diferencias :p)

    Nah, Buen micro. Lo que no (a)parece, no es. Buy cierto.

    atte: Fantasma Cataplasma ( libro infantil muy recomendado)

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