sábado, 16 de junio de 2012

RUGE GEA




R
uge Gea, de la que hereda la voz la Tormenta. Ruge, no sin razón, contra la crueldad que no quedará sin castigo: mirad aquí la hoz goteante en la sangre del padre y la obediencia mórbida del hijo castrador. Oh, la Justicia primigenia dando ejemplo.
Ruge Gea mientras da a luz al Mundo, pariendo dolorosamente todo; y es así, cumpliendo su sino, que ha de dar a luz tanta maldad, de la que al fin descendemos todos. 


El destino es la pregunta que fue dada antes de que fuera concebida la  respuesta .


Ω


En el origen sangra de la Madre el destino envuelto en la placenta en la que el Hombre se encoge y se recuesta.

Ω

El rugido de la existencia. 
Tan leve en su principio.
Tan suave, fácil, el inicio.

El reloj se ríe al fondo en un lugar borroso. 
¿Acaso importa el tiempo?
El sitio donde me pierdo.
El laberinto de Chronos.

Y siempre a mitad del camino,
la vida se bifurca
en una vuelta a empezar 
mas ya sin inocencia ni paz.
Ir por uno de las dos sendas 
sin mirar atrás, 
sin saber cuál...

¿Acaso?
Permanecer en la encrucijada.
El limbo donde instalar piel y vísceras 
y esperar.
En el mitad del camino, 
es imposible volver atrás. 
Hagas lo que hagas.
Vas hacia Allá, 
al final, 
solo un sendero que no se hace al andar,
que nada tiene que ver con tu voluntad.
Excepto en aquellas disyuntivas, 
las mínimas elecciones en potencia 
donde habita el escueto margen 
en que se mueve tu libertad: 
el resto es el rugido 
ensordecedor 
del transcurso del río.


Río de furiosas corrientes, 
río caudaloso y furioso 
que parece inmenso mar 
desde el que no ves orilla ni final.
Caimanes, tritones, serpientes, 
nenúfares gigantes. 
En las márgenes, 
la vegetación se espesa, 
las rocas son resbaladizas 
imposible la salida, 
aunque hubo quien lo logró.


Así es. 
Siempre alguien lo logra 
siempre alguien lo cuenta. 
Siempre el mito delante de la orfandad del alma.


Las crónicas que nos llegan 
como ecos de lejanía hablan 
de mujeres altas y albas de largas cabelleras 
armadas con arcos y flechas. 
Amazonas que atacan 
a todo aquel que se aventura.


Nadie, 
excepto los cronistas 
que raudos, 
exhaustos, 
la mirada perdida, 
consumidos y locos, 
volvieron a encauzar su triste destino, 
salió de los límites de la existencia 
que nos fue dada.

Ruge Gea y gime el poeta...