¿Dónde
estás? Tantos días han pasado que ya no los puedo contar. Nadie sabe darme
noticia. Sé lo que dije pero claro que no quería despedirte. ¿Cómo? Si el
tiempo sin ti pesa más que un gigante golpe en el pecho: Lo que ahora siento: el
golpe sordo, seco y contundente. Como el rugido del mar furioso, ahora me duele
tu falta. ¿Dónde estás?
Ha pasado
ya tanto tiempo. ¿Acaso importa el tiempo? El reloj se ríe al fondo en un lugar
borroso. El sitio más largo y estrecho, donde me ahogo. ¿Y si voy a buscarte y
me pierdo en el mitad del camino? ¿Y si permanezco en la encrucijada, ese limbo
donde instalar piel y vísceras y esperarte?
¿Qué hago,
amor mío? Ven aquí y dime, como siempre, qué debo hacer contigo. Tengo miedo de
que tu marcha sea mi destino y que al fin yo la provocase, sin desearlo, pero
así sería si no volvieses. Ni tan solo sé adónde buscarte. Pasarán los días y
el dolor del pecho me impedirá respirar sin mi amante.
Espero un
poco más en la encrucijada. Pero, tras un tiempo, saldré a buscarte.