Sobreexposición a la música y a siestas interminables,
tanto que decir y tan tarde, fiebre independiente del cuerpo, una guitarra y un quejido.
La luz al final, esa pequeñísima ventana.
Este larguísimo túnel, húmedo, oscuro, gélido, no es interminable.
No puede ser interminable.
Estoy agotada de caminar hacia delante, recto, en esta negrura.
Prendo una cerilla y veo las paredes cubiertas por cientos de papeles.
Letras, palabras, poemas, cartas, tantas que ni un poco de la piedra queda al descubierto.
Ahí pegados comentarios, historias, promesas.
Se apaga la breve llama y sigo hacia el fondo mirando a un suelo que no veo.
La luz sigue siendo diminuta, no hay viento o ruido que anuncie un cambio.
El olor es el de la humedad y el moho.
Tiemblo, estoy cansada y triste.
Me aterra estar en tinieblas.
Pero no encenderé más fósforos.
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