Quiero. Quiero pero no puedo. Tomarme la vida en serio. Cumplir con mi obligación desganada sin dudar, follar sin gozar.
Dios, menos mal que adoro follar y mi trabajo me parece una ocupación importante y llena de sentido. Y mis amigos, ¿qué digo? Amores. Nadie se puede ver fuera de su cuerpo flotando sobre el océano elevada por la fuerza y el apoyo incondicional de esos preciosos seres que atesoré como pepitas de oro.
Tensión, pasión, gustos, disgustos y más pasión y más amor.
Un niño que te da patadas en el vientre. Y tú le retas, sal y ya verás.
Mas este mundo está lleno de muertos. Muertos que viven y creen que lo que hacen es normal. O quizás, no. Pero ¿qué más da? A quién le importa lo que piensa un robot. Intencionadamente muerto.
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