No volverá a importarme. Nada de lo que haces, hagas o hayas hecho me debería siquiera interesar.
Si me utilizas y me ocultas, y juegas de nuevo a apostarte mi alma no me turba, no me aturde, no me afecta. No me impide continuar.
Me lo prometí ayer, esta mañana, hace un mes, que no me iba a volver a preocupar.
Puedo, si quiero, dejar cualquier cosa. Dejé de respirar, dejé de mentir, dejé de volar. Dejaré de salir a la noche y soñar.
Y qué si suplantas mi identidad. Y qué si te mueres de la pena. Y qué si te importo menos que cero. O un potosí, lo que tarda en caer la arena.
Que me devore esta bestia.
Igual que lo dejo todo y me muero y vuelvo a nacer. Igual que sacrifico mi estómago para que la cosecha sea buena para que los que sobrevivan puedan comer. Igual que me dejo devorar por un demonio con tu rostro mientras soporto el dolor.
Agonizo. Pero no me importa, no debería importarme. En algún momento dejaré de morir y moriré. Entonces lo que me hayas hecho desaparecerá. Por eso no debería importarme.
Que me borres y en mi lugar dejes lluvia, suelo sucio y mojado.
Que donde estuviera yo haya barro.
Qué me podría importar.
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