martes, 27 de septiembre de 2011

Abre los ojos, abre los ojos.
Hazlo pronto. Antes de que se nos lleve el viento y no haya marcha atrás.
Te amo de la única forma que se puede amar, desnuda y sin esperanza.
Pero debes despertar, con un beso, con un guantazo, con una pócima que te haga vomitar.
Debes despertar. Dulce durmiente. Entre los sollozos y los gemidos que ocultan la realidad, disfrazados de verdad.
No hay más verdad que el hoy que vuela, que el mañana pendiente de un hilo. Abre los ojos, ya.
La broma de la poesía de las grandes palabras te lleva hacia un pozo de oscuridad. Palabras como verdad, como libertad, como todos esos otros artificios creados por otras personas como tú y como yo. Que con la bolsa llena, o muriendo en nombre de un verbo se dejaron llevar, o se sintieron llamados a mentirnos antes de morir. Ahora están todos ellos pudriéndose. Al menos darán lugar a un helecho, a un jazmín, al cardo que alimenta a algún animal que nos alimentará. Si dudas, no avanzarás. No hay fantasmas ni sombras que emular. Solo pequeños gestos, humanos, honrados, llenos de dolor y trabajo y que pueden ayudar.
Es la única razón por la que no nos extinguimos: por un lento caminar hacia el amor a los demás. Por todos los cotidianos esfuerzos. Por el pensar para actuar. No para hundirse en el barro donde los inmortales se sumen en el ensueño de la inutilidad y la soledad. Como el inmortal. Hay que huir del espejismo de la espiritualidad. No dejar de ser cuerpo, de caminar, de sembrar, de ser uno más, útil a la comunidad. No estamos abocados al suicidio, a la indolencia, a la huida. Al no estar. Junto a los demás. Los tristes borregos que habremos de amar. Que debemos cuidar. Me siento como Cervantes con ganas no de quemar libros, claro, sino con ganas de romper pantallas planas y falsas expectativas de ser entes flotantes: profundos o superficiales. Entes no humanos, entes no sociales. Inútiles para el devenir de la especie. Yo sé que no eres vapor de agua, ni lluvia pasajera, ni brillo que se apaga. Abre los ojos y míranos. Somos pocos pero estamos aquí por ti, para ti. Porque te amamos.

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