Se lo pone difícil la imaginación de los límites al triste mundo de la ONAN y sus países satélite y culturalmente afines. Por aquí, hace
tiempo que todos lo hacen todo con una conciencia absoluta de estar en la plaza
pública donde cada quien que asoma juzga al vecino de manera implacable, y como
si de ese juicio dependiese la continuidad de la especie. Esa es la principal causa de que vivamos una gran mentira y de que para soportar mirarnos al espejo tengamos una violenta necesidad de algún tipo de droga que puede ser trabajo, sexo, chocolate o solo un poco de ginebra barata. Adictos a razones, al orden, al desorden, a una sensación de control, a una sensación de libertad, a una sensación placentera, a una máquina tragaperras, a una o varias putas bien formadas.
En este mundo habitado por vegetales que se esconden de la luz, solo unos pocos
logran hacer algo que da igual y al mismo tiempo se salva. Algunos que no
piensan que estar en un mundo-espectáculo es una presión añadida a la mera
falta de ganas, a la barriga llena, a la acumulación y el despilfarro; y se resisten a hacer
cosas solo porque te las van a pagar y entonces idearlas de manera que gusten a
la masa, que normalmente es de un previsible que da náuseas.
La historia de Cold fish
venía hecha. Estaba dada por cómo son las cosas pues esta historia ya ha
pasado. Contarla sin piedad era más difícil. Y Sion Sonno ya abundó en la sutil
necesidad de algunas mujeres de ser libres a través de la sexualidad, de estar
confusas entre el fingimiento y la sumisión y el loco deseo de romper todos los
papeles que se le han asignado. Y es posible que sea un asunto cultural de determinadas coordenadas pero la contención y la decencia, la fórmula del ser bueno y actuar según los cánones de lo
que una conciencia colectiva aprueba está tan viva aquí como en cualquier
lugar. Y esas ellas pueden ser el detonante de toda la violencia con la que un desdichado como Syamoto
salpica y mancha de sangre la pantalla.
Así, del choque entre un
hombre naturalmente bondadoso, presuntamente leal y cuerdamente débil y un hombre que ha traspasado todos
los límites en pos de la satisfacción de sus deseos más animales nace el verdadero mal. Si el viudo que
briega con la hija adolescente y mimada, absurdamente joven y
descerebrada; si el viudo que confía en el amor de la joven sucesora de su esposa muerta,
y vive como todo el mundo, y es tan normal que su vida no tiene mácula ni tan
siquiera cuando sueña; si este viudo, digo, duerme y tiene pesadillas, sus
pesadillas nunca serán tan terribles como su propia estela al traspasar el espejo donde asiste a la ruptura con la creencia de donde empiezan y acaban sus
propios límites.
Los hombres somos un saco
medio vacío que se va llenando de arroz, declaraciones de la renta y películas,
de noches de teleseries y paseos por el parque con hijos en carrito. Un saco que
en el fondo alberga algo que el propio hombre desconoce, un poso de deseos
incontrolados, de orgullo y de arrogancia que, dependiendo de quién, está más o
menos contenida. Y si ese poso se adereza con la visión inesperada de una
realidad infernal que puede ser una masacre, un atropello o los capítulos
inenarrables de toda una guerra, si ese poso es removido con la cuchara de la
crueldad o con un enorme palo de metal y reflejos de sangre y
corrupción y trozos de la propia miseria, ese poso se eleva, sale del saco, lo
llena, lo colma y resbala en forma de espuma de cerveza, ese poso lo es todo,
es un veneno alado, es el hombre que golpea e incendia y la mujer que se
prostituye, corrompe y muere o mata, y es la madre o la hija de los desesperados suicidas que, ante el espectáculo grotesco, se sacuden el polvo y siguen como si nada.
Y todavía hay quién se pregunta por qué se suicidó D.F.W. cuando la Sustancia ya no funcionaba.
Impresionante texto.
ResponderEliminarPuntualización. No estoy de acuerdo en que de ese choque entre esos dos hombres nazca el verdadero mal. (siempre en el contexto de esta película) De hecho, en esta película no sé si hay mal. (habría que definir mal) Desde mi punto de vista Syamoto al final se libera, gracias a las enseñanzas del otro hombre (olvidé su nombre) aunque esa liberación le resulta excesiva de soportar -hubo un momento en que pareció que iba a poder con ella. Ambas películas son un proceso de aprendizaje y una liberación.
ResponderEliminarTe cuento Pilar: el Wallace ese, está casado con la prima de un sobrino hijo de de la hermana de un amigo que vive en Cincinnati. Así que lo conozco.
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