El azul es un color demasiado
alegre
A
veces parece que al mundo lo mueve una necesidad
aguda y urgente de autodestrucción. Y quizás se impone, aunque sea a
intervalos de cordura, admitir la propia mediocridad antes de dar un paso más;
admitir la imposibilidad de tener nada de verdad, la imposibilidad de hacer
nada valioso, la escasa gana de luchar que queda tras una derrota brutal; asumir
el miedo a avanzar, las dudas sobre el propio ser y la integridad de los demás.
Y
puede que entonces tu cabeza explote o escribas un poema de mierda y entres en la
Pesadilla donde un barítono absurdo se pone histérico y grita, grita, grita.
Y un cantante de ópera ante un enorme y fálico micro se pone histérico y grita;
y la marioneta se pone histérica y grita: esa cosa parlante que creaste se
vuelve hacia donde tú estás, dando la espalda al público de cartón piedra, y
grita.
Y sigue la Pesadilla con la
abnegada ama de casa, con carita de ángel rechoncho, asidua a comuniones y
bautizos, que se revela y grita, amenaza, insulta, se quita la máscara y grita:
tu criada malpagada te escupe y grita; la madre de familia enloquece, abandona
todo y grita. Y un enano con bozal frente al espejo se desnuda y grita, escupe
y grita, te maldice y grita...
Y
finalmente todo acaba con una plegaria:
Bienaventurados los
millonarios porque de ellos serán las bragas de las niñas oprimidas. Bienaventurados
los indecisos porque no hay espacio en el Infierno para tanto cobarde, así que irán al más espacioso lugar llamado Cielo que está muy por debajo de su capacidad de ocupación. Bienaventuradas
las falsas libertinas, las caricaturas de sí mismas, las lascivas porterillas, las anuladas personas con prisa, porque en algún punto entre este
mundo y la nada dejarán tanto sitio algún día...
Poniendo orden en el caos, encontré un arma
ResponderEliminarLos que viajan a Saturno por favor hacer la fila.
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