domingo, 22 de mayo de 2011

Todos en nuestras pequeñas vidas,
vidas sin rima,
sin ritmo;
en nuestras diminutas batallas
de esfuerzos cotidianos baldíos,
en nuestro calor,
en nuestro frío,
en nuestra pena
soledad con reverberaciones de hastío.

Todos parados
mirando al cielo,
mirando al suelo,
esperando un giro.
Parados
en mitad de la calle,
en mitad de la nada
oyendo los aullidos,
las hojas que crujen,
el chillar de los grillos.
Acurrucados
en los huecos de la roca.
Cenicientos
por el polvo de los siglos.

Todos cansados,
grises, macilentos,
escuchando
el reloj acompasado
con el latido sangriento
Todos solos,
compungidos,
esperando,
esperando que se nos robe el olvido,
que tanta locura acabe,
que pase la vida como un suspiro.
Y al fin ser ave, 
ser mar, ser aire,
ser piedra,  ser dios,
ser fuego, ser vacío.

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