viernes, 20 de mayo de 2011

Muero de primavera. Muero de ganas de hablarte y obligarte a amarme. Sin romanticismo. O quizás --¿por qué no?-- con romanticismo. Porque lo cierto es que te quiero. Y quiero que cumplas tus promesas y me lleves a tu cama y me hagas lo que te apetezca las veces que te apetezca y después, si quieres, aguardas a que me duerma.
Espero poesía, caricias y besos. Besos largos como la tristeza, largos como el mar. Espero que cumplas tus promesas y me hagas olvidar. No saber quién soy, ni si estoy allí o en un viaje en barco o en una playa de cuento y soy una sirena. Quiero morirme de besos. De caricias. Y tu mano no alcanza, nunca llega. Aunque se curve mi espalda y tiemblen mis piernas; aunque esté atada, desnuda y dispuesta. Aunque esté presta a volar, tu mano no alcanza, no llega.

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