lunes, 9 de mayo de 2011

inventar una historia sencilla, que parezca verdad, en la que yo sea capaz de volar

"recuerdo cuando ayer compré esta soga,

el ferretero dijo que era su primera venta del día

y yo sonriendo le contesté que era

la última compra de mi vida”

Dicen que es más fácil, que estás más inspirado. El insomnio, el aturdimiento del desamor, una fabulosa borrachera. Estar derrotado, celoso, solo, haber sido humillado. Ser cornudo, el tipo al que han dejado. Haber perdido todo en un sucio bingo de barrio y no tener ni para comprar una soga en la ferretería. Entonces, dicen, te dará un arrebato, escribirás el mejor poema, el más desgarrador relato. Serás un chiste, una mierda, un don nadie y escribirás como tocado por la mano Dios. Después, cabizbajo, mirarás al suelo y encontrarás una moneda y lo entenderás. Entenderás el mensaje, la moraleja, la grandísima indirecta que te envía el Universo. Tomarás la moneda, que además está de cara, arrugarás el poema y lo insertarás en un bolsillo de la raída rebeca, arrastrarás los pies calle abajo, te alejarás apretando la moneda y entrarás en la ferretería.

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