viernes, 3 de septiembre de 2010

No soy como el roble

I saw in Louisiana a live-oak growing,
All alone stood it, and the moss hung down from the branches;
Without any companion it grew there, uttering joyous leaves of dark green,
And its look, rude, unbending, lusty, made me think of myself (W. Whitman)

Si te digo la verdad,
no distingo una encina de un roble.
Por eso no estoy segura
cuando escribo que eres un roble
de tronco grueso, oscuro y fuerte.
Que se levanta alto
y desafía al cielo con su mirada
y su porte
con su voz perenne y clara
y su tono firme.
Un roble o un refugio en la tormenta,
un sitio caliente y grande donde esconderme
una garantía para el débil, justicia sincera
y valiente.

Te veo como al roble solo
alzándote a lo lejos de los hombres
dando hojas perennes, tan bellas,
tan solidas en su verde esencia, tan inmutables
como tu verdad y como tus ramas.
Solo, sin necesidad de compañía y aun así,
aun así, creo ver que nos miras.

Te atiendo ahora y te entiendo,
te compadezco, ahí sin compañía, sin amor,
sin amigos.
No soy como tú, roble perfecto y solitario.
Yo pienso tanto en mis amigos,
pienso tanto en su consuelo,
en su sonrisa,
en nuestros mundos entrelazados
y en nuestro amor confuso;
cariño, certezas, promesas,
comprensión, admiración, fascinación.
En la voz de mis amigas enamoradas
y sus cabellos dorados y sus escotes
dorados y sus sonrisas doradas.
En las manos de mis amigos,
suaves en la espalda y los hombros,
en sus casas, cobijo y alimento,
en su lectura amena y sus cuentos.

Pienso en ellos y en ti tan solo, roble,
tan imposiblemente humano,
tan necesario y tan triste.
Y me doy cuenta de que no soy como tú
porque no puedo.
No estoy sola frente a la lluvia y al viento.
No me mantengo firme e indolente
a los desastres y al paso del tiempo.
No me siento yo sin mis amigos.
Y mi amor a mis hermanos está ausente
de miedo o inquietud,
ausente de desconfianza,
despreocupado, flexible.

No. No soy como tú.

No hay comentarios:

Publicar un comentario