Se encontraron en el Café Breton a las seis en punto de la tarde. Él llevaría una bufanda color berenjena y ella, un abrigo rojo y un ejemplar de Historia de Cronopios y Famas. Su afición por los microrrelatos y la ficción breve les había unido y decidieron pasar de la comunicación in absentia a un ya apetecido contacto personal, visual y táctil, más satisfactorio si bien arriesgado.
La tarde estaba lluviosa y en la calle resonaron graves las seis campanada en la Catedral al tiempo que Amanda escuchaba su propio taconeo ya entrando en el Breton, con sus labios color carmesí y sus ojos pintados en verde. Le gustaba el simbolismo y sabía que él lo apreciaría.
Rafael estaba ya sentado a la mesita y saboreaba un delicioso chocolate mientras observaba ansioso la puerta del establecimiento. Cuando se vieron, se reconocieron de inmediato. Ella sonrió y pensó que por la web cam él parecía más alto. Él se levantó para recibirla y pensó que la pantalla la favorecía, quitándole unos añitos de encima.
La conversación, claro, fue excelente. Los relatos, los blogs, los libros, ellos y sus amigos. La música. Los breves y la poesía. Todo aquello les entusiasmaba y les unía.
Al despedirse, se hizo un silencio.
-Mañana te escribo o te telefoneo, -prometió él.
-Me conectaré en cuanto llegue del trabajo, -dijo casi al mismo tiempo Amanda.
Al día siguiente ninguno de los dos entró en el blog del otro, no asomaron por el Facebook. No escribieron ni llamaron.
Él no se acercó al ordenador: "Ojos que no ven, corazón que no siente", -pensó.
Ella se distraía contestando a otros conocidos, mientras se repetía: "Agua que no has de beber déjala correr".
http://diariodeanonimamente.blogspot.com/2010/09/nueva-propuesta_13.html
Esto pasa mucho... los nuevos contactos por internet... ¿qué pasaría en una reunión de blogueros en un café?
ResponderEliminarSuerte!
Hay un sitio que se llama café con libros :)
ResponderEliminarA
Todos tomando cafés y soltando refranes.
ResponderEliminarLa realidad suele perder cuando se mide con la ilusión.
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