Hay un tiempo para sentirse a salvo,
para sentirse plenos,
para sentirse libres.
Al menos eso cuentan las voces del coro
que leen mis pensamientos
como si fueran el eco
del aliento de entonces.
Mas, llegado el tiempo,
unas cuantas palabras,
unos ojos azules,
un poema, una carta,
y la paz se acaba
y viene el miedo.
Así se conoce el desconsuelo
y se conoce la locura.
Pero tranquilos, dice el coro,
la desdicha no alcanza a todos.
Algunos nunca se lo permiten.
Se aferran a certezas arbitrarias,
a pócimas y códigos solemnes,
a artificios convencionales,
a fútbol, hijos y mujeres.
Para otros, sin embargo,
el tiempo de sentirse libres,
de sentirse a salvo,
de sentirse plenos
habrá pasado, dejando un vacío
que solo llenarán soñando.
lunes, 30 de abril de 2012
domingo, 29 de abril de 2012
Cerrado por autocompasión
Las trampas que nos tendemos a nosotros mismos
Las palabras
que se escapan entre mis dedos como la arena seca
arena seca oscura y tibia
En la oscuridad de una noche eterna
en una remota playa
La playa de la lluvia de estrellas
La playa de las cosas pasadas
La playa donde me quedé siglos atrás
Eres un extraño
Soy una extraña
Nada remedia nuestra imposible comunicación
Yo fui la reina del amor
mientras me quisiste fui la dueña del amor
Ahora soy una extraña en una playa sin dueño
sin norte
sin pasión.
Ya no estás
tampoco yo.
No queda nadie. Cerremos el bar.
Las palabras
que se escapan entre mis dedos como la arena seca
arena seca oscura y tibia
En la oscuridad de una noche eterna
en una remota playa
La playa de la lluvia de estrellas
La playa de las cosas pasadas
La playa donde me quedé siglos atrás
Eres un extraño
Soy una extraña
Nada remedia nuestra imposible comunicación
Yo fui la reina del amor
mientras me quisiste fui la dueña del amor
Ahora soy una extraña en una playa sin dueño
sin norte
sin pasión.
Ya no estás
tampoco yo.
No queda nadie. Cerremos el bar.
jueves, 26 de abril de 2012
De mi vida como sirena
1.
En 2002 tuve una revelación: el
sitio donde trabajaba y había estudiado, donde pasaba las mañanas y las tardes
era un pozo que conducía directamente al Infierno.
En cualquier caso, yo no fui
consciente de que aquel descubrimiento se haría sólido y entraría a formar
parte de lo que creo saber hasta el mismo año 2012, en el que ahora estamos.
Lo cierto es que cuando en la
noche ya de vuelta en casa, me dejo suelta la melena y mojo mi cola reseca,
intuyo que parte de lo que he presenciado es como un sueño en que las personas
se transmutan en animales ante mis propios ojos. Sin ir más lejos, convivo
junto a una alimaña gigantesca, a la que tras mucho observar
reconozco como una hiena de dimensiones espectaculares.
Es un lugar peculiar este donde
me acogieron y al que tanto debo (como lugar), y estos mis compañeros son, como
si dijéramos, mi familia. Además, incluso en aquel tiempo, sentir que era
aquello una pequeña isla del Dr. Moreau no me resultó extraño siendo yo de una
condición semihumana, que mantenía a escondidas. Si era yo un bicho raro, por
qué no lo iban a ser los demás.
2.
Una mañana, sin saber cómo, escuché una conversación que no entendí porque
yo era una sirena especial que no se enteraba de nada. Ahora me he vuelto como
todos, una mierda.
Aquella charla que se
representaba entre una trol gigante especialista en la literatura de postguerra y
una chicharra-búho daba noticia de que un compañero había pegado a su mujer. Me
extrañó para la hora (eran las 8 a.m.), el tono jocoso de la conversa. Las
risitas de ambos entes susurrantes llenaban las escaleras. Inquietante. Volví
sobre mis pasos y preparé las clases en el baño de la planta baja, con el
pestillo echado.
Yo acudí a mi médico a decirle
que tenía visiones y oía cosas raras en las escaleras. Él me mandó un montón de
ansiolíticos y me dijo que no era tan raro pues tenía un oído superdotado. Inmediatamente,
procedió a una revisión en profundidad de la parte superficial de mi cuerpo. Me
volvió a inspeccionar las mamas, para indicarme que debía acudir ya sí que sí a
que me hicieran una ecografía. Espera que
me aseguro. Y volvió a tocarme con suavidad y lentitud las tetas.
Por más rara que sea una fémina,
sabe cuando la están magreando y aquel mi médico cada vez que podía me magreaba.
Me imagino que lo hace con todo el mundo y que está en su naturaleza. Yo tengo
cola así que no me alarmo ni un tanto así.
Sigo su consejo: tomo los
ansiolíticos (a los que me hago adicta ipso
facto) y voy al especialista, lo que se salda con una mastectomía parcial y
un tiempo de niebla en el que ni tan siquiera llegué a hablar con mi creador.
3.
A mi vuelta, después del postoperatorio
y las vacaciones, me concentré en acabar mi tesis doctoral y preparar clases. Nada
más ya que, como sirena, no podía follar.
Al poco de llegar, subiendo las dichosas
escaleras supe sin preguntar que el tipo recién casado cuya naturaleza oscila
entre la del hombre-hipopótamo con paranoia y la de un gorila esquizo marchó al extranjero. Iban mezclándose los graznidos para informarme de que lo hacía
ciertamente para huir de los rumores de que zumbaba a su mujer que era además una
falsa sirena, campeona de sumo pasivo-agresivo.
Confusa aún, mi jefe inmediato, ¡ay,
los tiempos en que la jerarquía era tal!, me comunica que, dado que el mono
paranoide se había dejado todas sus clases sin dar y para no estar en boca de
todo el mundo, la asamblea de majaras ha decidido —en mi ausencia— que yo me encargase de su
docencia.
Y así lo hice por orden del oso
pardo torpe, que era por entonces coordinador de área. Estuve, como pueden
figurarse, bastante ocupada un tiempo y no recuerdo las maniobras orquestales
en la oscuridad de mis compañeros algunos de los cuales se movían por la
tarde-noche con más agilidad por ser animales nocturnos.
4.
Por fin, leí la tesis doctoral. Comencé
después una etapa de loco quehacer que impedía la observación naturista de mi
entorno, y pasé así unos años sin percatarme más que de ciertas actitudes
hostiles en instantes fatales, donde estupefacta y nada segura de si alucinaba
presenciaba destripamientos rituales propiciados ora por un par de cuervos con pañuelos
de seda, ora por un nibelungo con una cohorte de enanos pervertidos, ora por una
hiena con bolsos de marca,...
Habría creído que todo era cosa
de mi extrañamiento y mi dualidad pez-persona a no ser porque la encarnación de Cruella
de Vil, la cual luce abrigos hechos de piel de cachorros de
dálmatas, se comporta como una mezcla de buitre leonado y hiena: ríe como hiena pero da miedo como si dentro tuviese el espíritu del
león y por más que presuman algunas alimañas incluyendo a la serpiente sabia, de
elegante porte e impecable reputación, todos le hacen la rosca ante el temor de
una muerte profesional y/o social lenta y tortuosa.
A pesar de ello, no es un
espécimen especialmente odioso el buitre-hiena. Los hay peores, mejores o iguales pero más
temibles. El nibelungo, por ejemplo, está por encima en inteligencia, memoria, astucia
y carácter de estratega. Aquel hombre pequeño y de sonrisa falsa se mide con
cualquiera y es terriblemente peligroso. Alguien debiera quitarle el anillo, en
serio, pues se avecina un día en que el piso se abrirá y nos tragará a todos,
incluyendo a los habitantes del Olimpo: aquellos que están en el más alto
escalafón, los aristócratas de nuestra pequeña sociedad que encierra la más
triste de las réplicas de un mundo real.
5.
No hace mucho, con un retraso fuera de lo normal, conocí por fin al dios que nos acoge como un generoso padre, el que nos permite actuar
en módulos y pasillos. En general como todo dios padre, aunque su pasado esconde terrores que a todos apenan, siempre
acepta de buena gana lo que sea que le solicites y se muestra magnánimo y complaciente. Por mi parte, he de decir que todas mis sugerencias de los últimos años han sido aceptadas, palabra de honor dada en las escalas.
Lo malo es que palabras y sonrisas, irreprochable afabilidad con las masas y detalles pictóricos aparte, adolece de una memoria terrible que le hace olvidar peticiones y promesas. Quizás el mismo mal que le hace olvidar lo prometido le hace recordar las afrentas, reales o ficticias. Desdichadamente, esto lo convierte en un engendro como todos los otros pero con más peligro por el miedo a perder el poder. Curiosamente, sé que muchos lo aprecian y admiran pues no han visto al lobo que puede llegar a ser.
Lo malo es que palabras y sonrisas, irreprochable afabilidad con las masas y detalles pictóricos aparte, adolece de una memoria terrible que le hace olvidar peticiones y promesas. Quizás el mismo mal que le hace olvidar lo prometido le hace recordar las afrentas, reales o ficticias. Desdichadamente, esto lo convierte en un engendro como todos los otros pero con más peligro por el miedo a perder el poder. Curiosamente, sé que muchos lo aprecian y admiran pues no han visto al lobo que puede llegar a ser.
Yo me traigo el agua de casa y procuro no comer nada guisado en este lugar pues he llegado a la conclusión de que
hay algo aquí que propicia la paranoia y todo el que tiene
una posesión (aunque sea una completa ficción) se vuelve como el Gollum, antes
conocido por Sméagol.
El buen dios de nuestro pequeño
paraíso cultural, ventoso y soleado, se ha mostrado como el lobo con piel de
cordero que quizás siempre fue. El hombre bonachón, -y, según las malas lenguas, alcohólico y mujeriego-, ha dejado
claro que, tras su ridículo e incompetente comportamiento, esconde un carácter fuerte
y una faceta déspota. Yo lo he visto. He visto cómo la sangre conducía a mi
despacho tras el amago de la reina hiena de “relevar” al hombre cordero.
Al ver la sangre, que no podía
ser más que el resto político de la voz gritona y apabullante, la risa vulgar y
el ahogado intelecto dedicado únicamente a maquinar el modo de medrar, tuve un amago
de mezquindad tan tremendo que casi dejé de ser sirena para ser una alimaña más.
He aquí quienes dominan la Tierra Media de este agujero alegre y pintoresco donde está la puerta del infierno
verdadero, donde aprender y enseñar son la última meta, donde todos tienen los
ojos puestos en los puentes, los aumentos y los incentivos. Donde perdí mi alma,
mi inocencia y donde estoy a un paso de perder mi locura y mi condición de sirena.
lunes, 23 de abril de 2012
Tu cara es un anuncio de cocacola. Algo que dice: "Hola, no soy una persona, soy una marca".
"Antes fui yo (una mierda de yo, pero yo), después fui padre, después de nuevo yo, ahora realmente lo que quiero es venderme como una marca".
Fui anarquista, revolucionario, ahora diseño sillas de colores pastel. Me cambio el nombre, critico y soy polémico para llamar la atención, me desnudo y cuando me miráis absortos, admirados, a la cara -la cara de logo de cocacola- os vendo algo de diseño.
Soy yo, el nombre de una marca, de un diseño, de un vacío enorme, miradme y decibid mi mensaje liberador.
domingo, 22 de abril de 2012
Tomar o no tomar
Anoche tuve un sueño de lo más raro. Una pesadilla. Terrible. Me vendía totalmente borracha, a la mañana no quise besar al tipo poderoso y me marchaba. Nada había servido para afianzar mi posición. Me sentía basura. Mis acompañantes me sentían basura. Era basura.
No tengo a quién contarle mis sueños.
Espero que la profecía no se cumpla y que lo que no se cuenta, no se cumpla.
El tipo más corrupto, más sucio y más desagradable del mundo es el hilo del que pendo en el sueño. Las amigas que me acompañan me abandonarán. Todos son personas de mi vida en la Facultad.
Últimamente, cada sueño es más real que la realidad.
Al despertar, un reproche de mi boca te culpaba por no haberme sabido salvar.
No tengo a quién contarle mis sueños.
Espero que la profecía no se cumpla y que lo que no se cuenta, no se cumpla.
El tipo más corrupto, más sucio y más desagradable del mundo es el hilo del que pendo en el sueño. Las amigas que me acompañan me abandonarán. Todos son personas de mi vida en la Facultad.
Últimamente, cada sueño es más real que la realidad.
Al despertar, un reproche de mi boca te culpaba por no haberme sabido salvar.
sábado, 21 de abril de 2012
El código de Hammurabi
A la hora establecida,
como había sido prescrito, los soldados empujaron al joven Rapi al Río Sagrado
en su zona más profunda y quedaron observando desde una loma escarpada.
Rapi sabía nadar. Había aprendido mientras sus hermanas lo llevaban con ellas cuando había ropas que lavar. No allí, claro, mucho más arriba, donde el Eúfrates se convertía en una playa y las muchachas se agachaban y frotaban con placas de jabón las telas mientras cantaban.
Rapi sabía nadar. Había aprendido mientras sus hermanas lo llevaban con ellas cuando había ropas que lavar. No allí, claro, mucho más arriba, donde el Eúfrates se convertía en una playa y las muchachas se agachaban y frotaban con placas de jabón las telas mientras cantaban.
Rapi se debatió
en las negras aguas. El pánico se apoderó de su alma durante unos segundos y no
lograba recuperar el control de sus músculos ni discernir adónde debía dirigir
su cuerpo. Aquella zona llevaba una fuerte corriente que tendía a empujar hasta
los troncos más grandes de árboles caídos, a los que llevaba sin esfuerzo hasta el
Arvand Rud, donde se perdían para siempre alejándose hacia un mar hostil y
extranjero.
Rapi era un
joven fuerte, aunque no lo pareciera porque siempre andaba solitario e inmerso
en sus pensamientos. Había ejercitado su cuerpo tanto como su mente.
No era de una familia ignorante: no solo sabía la lengua acadia, además del sumerio, sino que era capaz de grabar los caracteres en piedra, asimismo conocía las costumbres de las estrellas, los números y las leyes del rey, así como los nombres de cada una de las divinidades.
No había ido a la guerra. Pero tampoco nadie se lo había exigido. Hasta su casa no había venido emisario alguno y, aunque conocían la situación creada por los elamitas, confiaban en la sabiduría e inteligencia de su rey.
En el fondo de su espíritu, entendía que la Historia se volvía e iba y venía y cuando no era Larsa era Elam, y siempre la zona entreríos andaba en un continuo batallar entre vecinos que se saldaba con la vida de muchachos como él, así que ningún pecado ni ofensa a sus ancestros había causado. Su propio padre había perecido en una batalla de la que no quedaba memoria. Tras su muerte, recibieron una misiva donde les notificaban el suceso y su pérdida de rango aunque podían mantener la casa del padre dada la ausencia de herederos nobles.
No era de una familia ignorante: no solo sabía la lengua acadia, además del sumerio, sino que era capaz de grabar los caracteres en piedra, asimismo conocía las costumbres de las estrellas, los números y las leyes del rey, así como los nombres de cada una de las divinidades.
No había ido a la guerra. Pero tampoco nadie se lo había exigido. Hasta su casa no había venido emisario alguno y, aunque conocían la situación creada por los elamitas, confiaban en la sabiduría e inteligencia de su rey.
En el fondo de su espíritu, entendía que la Historia se volvía e iba y venía y cuando no era Larsa era Elam, y siempre la zona entreríos andaba en un continuo batallar entre vecinos que se saldaba con la vida de muchachos como él, así que ningún pecado ni ofensa a sus ancestros había causado. Su propio padre había perecido en una batalla de la que no quedaba memoria. Tras su muerte, recibieron una misiva donde les notificaban el suceso y su pérdida de rango aunque podían mantener la casa del padre dada la ausencia de herederos nobles.
Rapi desfallecía
arrastrado por uno de los remolinos que bullían en aquel lado del Río Sagrado
mientras imaginaba a su madre y sus hermanas desterradas y desposeídas de su
patrimonio en favor de su acusador. Y a su querida Ilitani, mutilada y lapidada,
como le había jurado hacer Naquerib.
Rapi se percató
de que los recuerdos lo estaban embargando y que le alejaban de la vida,
hundiéndose en ellos a través del remolino. Naquerib había desposado a Ilitani a pesar de conocer el amor existente entre ellos y haber sido testigo en una
ocasión de sus relaciones carnales. Había prometido vengarse. Y ahora lo había logrado.
Lo había acusado de brujería: lo había asesinado para robarle sus tierras y dejar el nombre de su familia enterrado en el lodo. Tenía que salir, tenía que luchar por su vida; sin embargo, el pensamiento se había apoderado de todas sus fuerzas y empezaba a hundirse cada vez más. Ya empezada la agonía, rendido a la fuerza del agua y del destino, vio un destello. Ese brillo señalaba la superficie. Era una señal, el Río habló. Salió una fuerza del propio remolino y la corriente cambió para favorecerle. El joven brotó bruscamente y nadó hacia la orilla ante los ojos de los tres hombres cuyas sombras largas se extendían montaña abajo. Rapi dirigió la mirada hacia la tercera forma, que no recordaba. Habría acudido allí mientras él se ahogaba.
Lo había acusado de brujería: lo había asesinado para robarle sus tierras y dejar el nombre de su familia enterrado en el lodo. Tenía que salir, tenía que luchar por su vida; sin embargo, el pensamiento se había apoderado de todas sus fuerzas y empezaba a hundirse cada vez más. Ya empezada la agonía, rendido a la fuerza del agua y del destino, vio un destello. Ese brillo señalaba la superficie. Era una señal, el Río habló. Salió una fuerza del propio remolino y la corriente cambió para favorecerle. El joven brotó bruscamente y nadó hacia la orilla ante los ojos de los tres hombres cuyas sombras largas se extendían montaña abajo. Rapi dirigió la mirada hacia la tercera forma, que no recordaba. Habría acudido allí mientras él se ahogaba.
Allí desde la
altura la tercera figura se le mostró brillante y cegadora. Pensó en un dios
aparecido para ayudarle y se desvaneció exhausto.
Al despertar
estaba ante el rey, a cuyos flancos estaban los dos ejecutores de su sentencia.
Las vestimentas de Hammurabi eran de oro y reflejaban la luz de la luna plena.
Rapi que trataba de descifrar aún lo que había ocurrido, comprendió que el rayo
que lo guio fue el brillo que el protegido de Ishtar emanaba. El rey habló. "La Verdad ha declarado inocente a este hijo de mi pueblo. Su acusador
será ejecutado y sus bienes y herederos pasarán a su custodia, así como títulos
y patrimonio. Espero que haga honor al favor del Río Sagrado y se ocupe del
bienestar de los que, desamparados de aquel falsario, caen bajo su potestad".
Rapi quedó en el
suelo, la noche se cernía a orillas del río que reflejaba la luz de las
estrellas y los tres hombres dignos desaparecieron despacio sin mirar atrás.
viernes, 20 de abril de 2012
Otra vuelta alrededor del sol
El mundo ha recorrido millones de kilómetros a un ritmo vertiginoso. De nuevo me toca elegir un relato y pasar la noche en el colegio, contando cuentos, oyendo cuentos.
Hace un año, leí, tuve frío, creo que en esos días era feliz. Todo se disponía a cambiar pero yo, que propiciaba el cambio con mi solo avanzar, no me daba cuenta de que lo que era aquella noche, no volvería a serlo más.
Lo que he sido, lo que era, lo que fui se va disipando frente a mí. No puedo decir que tenga control sobre nada, y sin embargo toda la circunstancia se ha visto avasallada por mi mera existencia.
Apenas tenía intención, apenas tenía conciencia de estar poniendo todo del revés. A lo más que llegué era a contar las lunas según mi sufrimiento. Un sufrir animal, un sufrir sin más que dolor: ni reflexión, ni conciencia. Sí que dejaron esas heridas cicatriz. Mas yo no tenía alma solo existía sin más. Así que el dolor no formó parte de nada, no tuvo significado, no será parte de mí. No será memoria. Lo que pasó no lo recuerdo. Vi las estrellas cambiar de posición en el cielo cada noche, hice lo que tenía que hacer. Ahora sí que tengo una conciencia que no deseo ni necesito. Percibo el peligro y la intensidad de la fuerza que me empuja. Y no puedo imaginar un misterio mayor de cómo va a continuar mi viaje sobre el mundo. Un par de paseos más de la Tierra en torno al Sol, unas pocas visitas más al colegio y el cuento acabará.
miércoles, 18 de abril de 2012
No digas "Hola, Pilar", borrego conformista
La guerra no viene del miedo ni de la ira, viene de la obediencia, de la idiotez y de la indolencia. Así que la culpa, sí, la culpa es del hombre normal no de los gobiernos infames e inasequibles.
A los cobardes del mundo: mejor ser corrupto con conocimiento de causa. El día que me claves tu cuchillo por la espalda, felicítate, no te sientas culpable. De otro modo, serías una marioneta. Debes odiarme. ¿Qué coño de enemigos somos entonces?
A los cobardes del mundo: mejor ser corrupto con conocimiento de causa. El día que me claves tu cuchillo por la espalda, felicítate, no te sientas culpable. De otro modo, serías una marioneta. Debes odiarme. ¿Qué coño de enemigos somos entonces?
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