sábado, 25 de mayo de 2013
quiero inmunidad a los requiebros de amor
Día 4. La vita nuova no es tan dulce ni dantesca. ¿Será un páramo desangelado mucho tiempo? No me siento triste, ya no lloro, no me duele casi... ¿Es eso bueno para mí, para mi espíritu? El año que cambió todo de nuevo era un número primo como los otros... Entonces, ¿creo en el sentido último de la vida, en las lecturas mágicas que necesita el hombre vagabundo para no perderse en un barrizal de miedo? No, yo no creo, nunca he creído. Ya no creo en casi nada. ¿Será este el último número primo de mi vida? ¿Será esta vida nueva la vida definitiva? ¿Estoy en el último estadio, el que anuncia el final de mis días? ¿Así seré, pues, el resto de los tiempos? ¿Con este traje austero y tieso, tan sola, me encontrará la eternidad? ¿Será el eco de mí un eco sin amor ni risas, sin amistad ni duelo? Cada pregunta que me hago ansía una respuesta negativa, mas ¿no es el hecho de cuestionarlas la prueba incontestable de que la respuesta es afirmativa? ¿Cuándo los dioses se hicieron una pregunta sin tener la respuesta sentada con ellos, tomando de su vaso el caliz de la vida?
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario