viernes, 10 de mayo de 2013

La escoba del sistema

La literatura debe mover montañas, crear un mundo y moldearlo hasta formar algo que podría ser un mundo nuevo, que podría no serlo, que podría parecerlo o no parecerlo, pero que sin duda es. Si planos de ficción se mezclan, enredándose entre ellos, tensando las cuerdas, imbricándose los unos en los otros como planos tridimensionales que encajan como mamushkas, mientras algo como una música suena y desvela un secreto íntimo e inverosímil e inexactamente expresado por las notas que van calando los párpados, y aparece entre las sombras un contador de cuentos, se abre el telón y una historia comienza. Una línea se percibe cada vez más nítida en la estructura entretejida de miles de líneas. Una destaca, como si la corriente eléctrica fallara, como si la electricidad y el calor se concentrara por alguna razón en ella. Por alguna razón. Todo parte de una anomalía. Todo comienza por alguna razón desconocida, olvidada, escurridiza. Así de inespecífica y absurda es la vida. Ahora él está en el final de una historia de AMOR, la quiere acabar, la quiere dejar, la quiere cerrar... ¿Cómo deshacerse de Lenore? El amor de su vida, la mujer perfecta... ¿Cómo deshacerse de ella? Si ella se resiste a dejarse, si ella rehúsa ser un personaje, no se deja manipular... si le obsesiona ser un personaje hasta el punto de oponerse a todo. Y además él la hizo tan perfecta, tan deseable, tan inaccesible... 
Así nace Lang, así su pasado en común, así un mundo tras otro todos compartidos y relacionados: Jay el psiquiatra y la conspiración de la bisabuela Beadsman, la retorcida relación de los ancianos desaparecidos y el negocio familiar y, de nuevo, el psiquiatra y una vez más la voluntad de acabar con la relación de R.V. y Lenore. Así aparece Mindy y se desvela el pasado humbertiano de R.V. que ahora es impotente, inseguro, y recuerda a todos a un escarabajo pelotero, en contraste con Lang y sus ojos verdes y su ocasión de volver a empezar y elegir un nuevo camino, otro camino en lugar de la vía Metalman (quién no querría, qué hombre no ha deseado volver a un punto concreto de su vida y tomar una decisión distinta, probar una ruta alternativa pues aquella por la que optó le trajo a un presente siempre y en todo caso desdichado, un presente tan absorbente y deprimente que le niega cualquier posibilidad de un futuro). 
Y de fondo, un GOD (Grand Ohio Desert) que es el germen de la Concavidad (léase La broma infinita) que es la montaña creada por voluntad de un hombre, solo posible (¿o no?) si cedemos a la coyotización. Un GOD que simboliza la posibilidad del hombre de alterar el medio natural: expropiando, maquinando, creando el juego de las políticas fantasmales. Un desierto que ha de devolver el espíritu de Ohio a los aletargados y acomodados paisanos, ajenos ya a un pasado glorioso y heroico. Un GOD cuyo destino es, cómo no, ser algo turístico, comercial y blando, un centro lúdico atestado de turistas, excursionistas y autobuses, ridiculizado por la masa extremadamente rutinaria, mansa y complaciente. Lo contrario de siniestro, desde luego.
Al fin, con el GOD como escenario la historia de AMOR se deja terminar. R.V. consigue acabar a Lenore, acabar a Lenore y a Lang juntos. En un último exceso, de regreso al edificio inverosímil donde la historia se había estancado, todo ocurre. Entre las sombras del edificio Erieview: una sombra densa, anómala, simbólica, extraña y omnipresente, una sombra que cada día barre toda la realidad del edificio Bombardini, a través de la que observa R.V., aparecido de la nada, ahí despidiéndose, observando, mientras todos los personajes insustanciales y una Lenore ya totalmente difusa, y un imposible cúmulo de situaciones absurdas van acabándose las unas a las otras, hasta sencillamente no estar. Ya no hay relato, ya no hay sistema que supere a los individuos. Todo se ha evaporado. Todo menos R.V. y una preciosa Mindy que parece más dispuesta a cooperar como personaje, una Mindy cuyas piernas brillan en la oscuridad, una Mindy que provoca el deseo y anuncia una recuperación de la hombría de R.V., una Mindy a la que R.V. promete "contarlo" pues es un hombre de... ¿palabra(s)? 

1 comentario:

  1. Me agrada tu lectura. Pero me gustaría completarla con la macroperspectiva que debe presidir la mente de un narrador y así posiblemente lo imaginaría Wallace si convenimos en que "La escoba" es una de esas novelas reservadas a la historia de la literatura una vez cada 10 años.
    Lo que afirmo es que el “sistema” de esta novela es circular a la manera del eterno retorno (y no comentaré la metafísica plurisignificativa de los personajes por cuanto tú has insistido en ello) pero sobre todo circular a la manera compleja del simbolismo lógico: hay un sistema que no puede ser expresado en un lenguaje y requiere reconvertirse una y otra vez en otro nuevo sistema que tampoco puede ser expresado en ese otro nuevo lenguaje, y así sucesivamente. De ahí tanta metamorfosis narrativa. Ese lenguaje es precisamente "la escoba" que va barriendo "el sistema" (La escoba del sistema), lo cual significa que es la propia novela la que se convierte en una escoba que barre la mierda (i.e., las puercas historias) del mundo. Resulta genial, pues, que un escritor pueda reflejar a su modo y en su primera novela la aspiración suprema del arte en la modernidad: la literatura olvidada de cualquier objeto que no sea ella misma, reconcentrada sólo en sí misma, en el poder mutable de su lenguaje.
    Esa envoltura de estructuras y ese revestimiento de sistemas requieren una y otra vez una superposición lingüística. Por eso el gran inventor de historias, R.V., es en sí mismo la gran historia de La Escoba; la bisabuela Lenore también cierra el círculo con su bisnieta Lenore; y Lang y Mindy inician y cierran nuevas historias de amor con Lenore y Rick, prolongando la manipulación amorosa y lingüística que viven estos últimos personajes casi desde el comienzo. Pero para que no haya dudas de la circularidad, Wallace inventa un Dr. Jay, controlador de conciencia y un pajarraco, Vlad, espontaneidad de la autoconciencia, que sólo resultan sobrepasados por dos figuras, una, metafísica, el Anticristo, y otra simbólica, que, como bien dices, está por encima de todos, pues representa la aspiración suprema del lenguaje (GOD), el Grand Ohio Desert, invención de despacho, pero que en el fondo es la deificación del sistema, o si se prefiere, el dios sistema-negocio barrido por el poder del lenguaje.
    Los personajes que conforman una historia de amor que parece interminable por estar siempre presta a retornar constituyen en realidad los límites del sistema y no existen como entes fenoménicos (exceptuando quizá al Anticristo y sus amigos) precisamente porque los límites de un sistema (Wittgenstein) son los límites de su lenguaje, lo que significa que el sistema no se toca ni se huele ni se divisa, es intangible; y, como corresponde a un lenguaje mutable, el sistema se cambia como lenguaje, se historia como lenguaje y es barrido, arrastrado (Rick por Lang, Mindy por Lenore, Vlad por su propia autoconciencia, etc.) por la escoba del lenguaje.
    Y todo ello sólo significa que un lenguaje cuyos límites conforma los contornos de un sistema siempre termina escapándose por un “desagüe”, pues al fin y al cabo el barrido de una escoba es algo que simplemente “se muestra” pero “no se demuestra”. La escoba no demuestra nada. Un buen estímulo para continuar escribiendo historias.

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