domingo, 26 de febrero de 2012

Era jueves y era tarde, siempre paras para saludarme, y yo siempre te doy conversación. Es la verdad. El jueves te enseñé unos poemas de Kavafis que tú no conocías y se te ocurrió. Ya ibas tarde, pero se te ocurrió. Dudaste y, al fin, me llevaste a tu despacho, cerraste la puerta tras los dos. Y me mostraste tus poemas de amor furtivo. Me dijiste que eso no querías compartirlo, lanzarlo al mundo, ni hablar de ello con nadie y te prometí no compartirlos.
Falté a mi palabra un poquito, solo porque no soy de fiar. Hoy te lo dije. Te dije que había puesto tus poemas en un lugar y no te importó. Los compartí, es verdad, pero no se los regalé a nadie. Además creo que sabes que soy lo contrario de lo que tú pretendes ser y no eres. Así que estamos en paz.
Hoy viniste tres veces; volviste a irte tarde. La última te despediste: "me gusta hablar contigo pero es que es muy tarde".
A veces pasan estas cosas. Me sorprendí el jueves y hoy ya estoy confusa. Lo he repasado en mi cabeza y estoy segura de que tiene sentido.
Yo leía sin saber que te encendía: yo leía para mí; y tú... no sé, al principio, no lo sé, pero después ya sí leías para mí. Te admiro tanto. Una vez más me abriste un mundo deslumbrante a cambio de nada.
Navegamos distintos mares mas, por algo que no entiendo, me ves y te demoras y llegas tarde por mi causa. Me revelas, como el canto del cisne, los secretos de tu vida. Cosas importantes. Más importantes que casi ninguna otra confidencia que hagamos. Que bebías hasta perder el sentido, que tuviste una muchacha con la que leías desde la altura de una montaña las cartas  a Théo. Una muchacha que no es tu mujer de ahora, a la que desnudabas encendido por otros versos como estos y me lo cuentas con esos poemas aún mojando tu boca.
Sé que estás triste porque todo acabó y todo se acaba y te distraes quizás conmigo.
Harto de todo; solo como pocos saben estar solos.
Hoy todo ha sido distinto, siempre has sido sincero y has dicho lo que pensabas. Pero hoy has sido tierno. Amable y tierno: me preguntaste si me sentí avergonzada. No me sentí avergonzada. Solo son poemas y yo no soy una chiquilla. No son los poemas los que me turban ni es la vergüenza la que me confunde.

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