Ya no me busques. No estaré. Y no volveré a ninguno de los lugares que frecuenté. Yo sí sé lo que es sentirse sola en un país extranjero, que la noche caiga como un telón tupido, negro, que baja rápido. Todos quedan detrás de un límite tangible y exacto de frialdad, decepción y miedo. Todos. Una suma de egoísmos y mentiras. Individuos que vistos desde lejos son lo que son, sombras alargadas que albergan un panorama desértico. Sombras como promesas de nebulosas que esconden una entera galaxia y que, al fin, ocultan una nada infinita.
Te diría que me irá bien. Pero para qué molestarse. Para qué mentir.
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