viernes, 29 de julio de 2011

Cuatro días en la vida de una loca

Estimados amigos. No tenemos ni puta gana de trabajar. Hace calor y todo el mundo, excepto los pringados del todo, está de vacaciones. Nuestra pequeña venganza ha sido robar un fragmento del diario de la zorra de la directora del blog (jódete, puta) y reproducirla aquí. Queremos que quede claro que no es nuestra responsabilidad la porquería escrita a continuación.  
Attmente. los redactores.
Fragmento del diario en cuestión

Día 1. Limpio los cristales, pongo una lavadora. Borro a S. del chat (otra vez). Leo las peores conclusiones de la historia de las conclusiones de trabajos de investigación. Gano una partida al ajedrez y pierdo tres. No voy a la piscina porque aún no se me ha quitado el prurito. Preveo un verano jodido y doloroso. Tendría que volverme a tomar el tratamiento. 
Intento de nuevo responder el email de mi hermano. Desisto. 
Sigo con Sigmundo. Ya no veo el momento de acabar. Lo próximo será Kundera para compensar. Bebo tres Fantas de naranja. No quiero beber cerveza. Tampoco quiero fumar más. No puedo seguir dependiendo de cosas sobre las que no tengo control. Depender de D. Tener a alguien. No estar tan sola. Es solo el día uno. Me voy a un bar.
Día 2. Friego el suelo de toda la casa. Me lastimo al mover el sofá. No tengo resaca pero estoy triste. Sé que no estás muerto porque pasaste. Dejaste un rastro al pasar. Sé que no te atropelló un coche tuneado con reguetón a todo volumen mientras ibas a la carnicería a comprar. Sé que no te ha dado una embolia. Sé que aún sientes curiosidad.
Paso de almorzar. Preparo carne con patatas para mi hijo y aprovecho que queda un rato hasta que venga Cristina con los niños, para descansar. Tengo sueño. Quiero llorar. Todo sigue igual. No soy capaz de escribir a mi hermano aunque en mi mente ya sé qué le voy a decir.
Es Santa Ana, son las 3 menos cuarto de la tarde. Para mi molestia, entre los vídeos de Youtube de Radiohead, encuentras un tema de Britney Spears “Hold it against me”, del puto canal del VEVO cabrón. Paso de la depresión a la ira. Y no, Google Crome, esta página NO está en inglés, déjalo ya. Mi enfado es contra mí, por mi cobardía, mi debilidad, mi enfermedad, mi miedo a la soledad. Quiero ser como W. E. Henley, ser el capitán de mi alma. Qué cursi. Asco de síndrome de abstinencia.
Son las ocho. Cristina se acaba de marchar. Ojalá se hubiera quedado un rato más. Me planteo seriamente tomarme un ansiolítico, un nolotil y un protector estomacal. La cabeza me va a estallar. Abro el archivo del texto que quería terminar. Lo vuelvo a cerrar.
Ahora me mata el estómago: no tendría que haber tomado pastillas sin comer en todo el día. Me rindo voy a comer algo.
Vale, era hambre. Menos mal.
Día 3. Sí, hija: día 3. Esta mañana tras la decepción diaria y ya habitual, he ido a la facultad a dar mi visto bueno para que J. dé por finalizada su memoria, a ver si así me deja en paz. La muchacha ha trabajado, eso no lo puedo negar. A la vuelta, tengo un bajón bestial: la tensión. Será del calor. Me echo en el sillón y trato de descansar. Mi salud es una mierda.
Echo un vistazo al Diario Público y resulta que dos astrofísicos, posiblemente deformes, dicen que lo más probable es que estemos solos en el Universo. Sagan debía ser tonto. Ellos no. Ellos que no dicen nada de nada y hacen un artículo que les dará punto para unas oposiciones para ser astrofísicos rango one, diciendo lo mismo que dice mi tía Angelita: que lo de los extraterrestres es una majaronada. Yo que no tengo ni puta idea y que no estudié más porque no estaba bizca ni coja, de mi tía Angelita no me fío. También dice que lo del hombre en la Luna es un montaje, que a ver por qué ya no hemos ido más. En fin, la mujer tiene sus ideas. Más que muchos. Está para que la amordacen y la metan en el trastero el resto del verano, pero nadie puede negar que una opinión propia tiene. Bueno, quién soy yo para hablar.
Ayer en un ataque de soledad le puse un mensaje a S. que, amablemente, no ha querido contestar. Fue un momento malo, tras una conversación de hora y media con mi hermano. Gracias a Dios, mi hijo querido tiró un litro y medio enterito de agua en el suelo del salón y tuve que colgar. Ya solo sabía decir: “Sí, claro, tienes razón. Sí, sí. Lo haré así en cuanto reúna el valor. Pronto. Sí. Sí. Te tendré al corriente”. Estuve fregando el suelo como ida y puse el mensaje. Fue un momento de locura transitoria.
La buena noticia es que ya no piso la facultad hasta septiembre, que son casi las cuatro y aún no he fumado, que tengo sueño y quizás, si Dieguito me deja, me podría echar una siestecita. Que si no me contesta ya me quedará claro, aunque sea para mal, que le importo una mierda de verdad.
La mala, que estoy escribiendo fatal, que estoy triste y asustada, que estoy jodiendo a mi familia. Que pasar un verano de infierno me inspira igual que las segundas rebajas de Cortefiel. Que no puedo dejar de pensar. Y que cada vez oculto peor el síndrome de Tourette.
Sí. Hoy he recomendado a D. que amenace de muerte a su jefe (lo mío es de manicomio) y que después se vaya a sindicatos y Recursos Humanos para denunciar que el que se ha portado como un psicópata ha sido él. Lo tendría bien empleado el muy hijo de puta, pero D. está demasiado cuerdo.
Si tuviese un mínimo de inspiración, escribiría un cuento en que al cerdo ese le dieran lo suyo.
Odio la psicología, a los psicólogos, a todos los que aun habiendo empezado esa mierda de carrera no la han terminado, al jefe de D., al cabrón de S., a los listillos astrofísicos tocacojones y superdotados (intelectualmente) y paro ya porque me voy a quedar sin siesta.
Noche cerrada, hora sin confirmar (creo que ya es mañana): Me han crujido en el Chess.com; el último A., que tomaba no sé qué brebaje de té con caramelo y vainilla. Para compensar la mariconada, me abrí unas cuantas cervezas Alhambra (pero no se lo dije).
 Día 4. Apago el despertador siete veces. Ya voy tarde. Llamo a mi madre para mentirle y decirle que Dieguito se ha despertado y tengo que darle el desayuno. Salgo de casa sin ponerme la crema antiarrugas (¡oh, no!) y sin maquillar, menos mal que no hay paparazzis en mi círculo social.
Paso una mañana de resaca en Ikea, para mi mal. Qué de cojines, e ideas fetén para un pisito-ideal-para-volver-a-empezar. Hoy solo me ha atropellado un niño gordísimo alemán. Con lo barato que es todo, y la de gente que hay, el lío que se monta en las cajas, y lo torpe que es el personal, no sé por qué es tan difícil mangar.
A la vuelta, después de ahorrar, gastando 150 € en cosas que no necesitaba, conversaciones de mujeres con mi madre. Qué suerte, o sea, increíble: no hay caravana. Estamos como poco a 40º. Se está nublando de la misma calor. ¿Has visto cómo están en Cataluña? No. Como en otoño. Llueve sin parar.
Los albañiles de Isidoro tienen a Los Chichos a toda pastilla, paso sin mirar. Tres morenos descamisados que también comentan lo negro que está el cielo y uno desea que caigan chuzos de punta a ver si se ahogan ya. No vuelvo la cabeza, temo convertirme en estatua de sal.
Llegamos. Dieguito se alegra un mundo de verme. Comemos garbanzos. Nos bañamos en la piscina sin guardar la digestión. Me quedo a solas con mi hijo que me camela para que vayamos otra vez y ahora mismito al Game Stop.
Por supuesto, vamos. Ya soy socia. Les he sugerido que pongan una foto mía como cliente del año. Y me han dicho que no. Los muy desagradecidos.
Cuando llego, un mensaje de H. Me lo imagino jodido y bien jodido. Estoy por enviarle la bufanda del Málaga (menos mal que al final no la quemé).
Son las ocho y veinte, solo he fumado un cigarrillo en lo que va de día (vale, dos, ¿¿qué coño hago mintiendo aquí??).
Estoy de mejor humor. Me temo que es por haber gastado dinero sin ton ni son. Soy como cualquier gilipollas consumista o peor. Me ha flipado una cocina que sale baratísima del todo. ¡Una cocina, por favor! Es que una se aliena y se queda idiota en los sitios esos. Esto me pone de malhumor. Creo que soy bipolar.
Sharkdog ha movido pero no puedo entrar en chess.com ¬¬ Hijos de p***. Voy afuera, a fumar.
Entro. Mi vecina está como un cencerro. Viste así como los hippies pero se pasa el día limpiando. Ahora mismo está dale que te pego. Que son las diez de la noche, mujer. Menuda tía rara. A su lado, yo parezco normal. ¡Ja!
Como me llamo Pilar que mañana voy a limpiar, pero ahora me conecto al chat. 

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