martes, 7 de diciembre de 2010

2666



Acabé 2666. Lo he leído despacio, con un lápiz en la mano, anotando al margen mi lectura. Leer como una aventura que satisface y es placentera y fácil (al contrario que escribir), aunque puede no serlo, y que, si vale la pena, te cambia.
Tengo muchas notas que ya ordenaré. Las divagaciones de Bolaño sobre la literatura, la posteridad, la fama, el impulso del escritor y, sobre todo, las apariencias. Pensamientos que representan un laberinto de ideas y un callejón sin salida. Y me niego a caer en la tentación de hacer míos sus pensamientos aunque confieso que en ocasiones me revelan una verdad conocida o intuida.

-¿De qué va ese libro?
-Sobre todo, de la vida de un niño alga, un soldado, un escritor que pretende desaparecer y lo consigue. De la Segunda Guerra Mundial, de unos asesinatos en serie en México; de la fácil, dulce y vacía vida de un grupo de amigos, críticos literarios europeos; de la soledad de un tal Fate, periodista americano negro cuyo eje vital es sentirse y ser negro; del erotismo de la Baronesa Von Zumpe, un ser prácticamente inmortal al que Hans Reiter encuentra una y otra vez; de la Historia de la que en un momento de clarividencia se dice:
"...la historia, que es una puta sencilla, no tiene momentos determinantes sino que es una proliferación de instantes, de brevedades que compiten entre sí en monstruosidad" (p. 993).
Te lo advierto 2666 es un cómo, no un qué, aunque también hay un qué; o más bien varios.


-¿Por qué estás tan seguro de que 2666 es un año?
-Por algo que leí en Los detectives salvajes.
-¿Me lo recomiendas?
-Depende. ¿Quién eres?
-¿Me lo prestas?
-Depende. ¿Quién eres?
A veces me mareo como Ingeborg cuando contempla las estrellas y siente ganas de llorar, al comprender que todas esas estrellas, toda esa luz muerta, lo que ya no existe está aquí ante nosotros iluminándonos.
Ahora puedo decir que Bolaño es mi escritor predilecto del s. XX (así, ¡como si nada!) en nuestra lengua.
Estoy agradecida a Felipe por empujarme sin pretenderlo.

Primero, la lectura de los Detectives y la mirada retrospectiva del escritor. Un sentido del humor que me llena los pulmones y me estremece. Y que me libera de algún extraño modo de este baile de máscaras al que todos se han acostumbrado tan deprisa.
Después la "mitomanía" y el descubrimiento de huellas en cada cuento, en Amuleto, y la impresión (o la certeza) de que Bolaño va en serio, que, aunque se ría desde el otro barrio [*], cada cosa que escribió la escribió como un relojero suizo hace un reloj de encargo para algún rey. Y su vida y los datos autobiográficos que ayudan al sentido para algunos que queremos más de sus libros.
Y, por fin, 2666 con cientos (¿miles?) de historias, la de los críticos, la de Amalfitano, la de Fate, todas las niñas y mujeres muertas y olvidadas, la del propio Archimboldi. Mi sensación de angustia al comprobar que ni el mismo Bolaño sabe todo, ni mucho menos nos va a dar una respuesta; que todos ellos: la vidente mexicana y la vidente alemana (las que perciben); los -pobres unos y corruptos otros- judiciales mexicanos; Norton, Espinoza, Pelletier, Amalfitano (y el fantasma de su padre), Fate, Bubis, espectadores de segunda fila; la Baronesa y Archimboldi, con una perspectiva algo mayor; Klaus Haas que cree saber (y quizás sepa) porque está en medio de la escena, aunque ya se sabe que estar en el centro impide ver lo que está pasando justo ahí.

-2666 es, sin duda, la novela de un hombre muerto.
-¿La palabra póstuma no era ya suficientemente elocuente?
-No me refiero a eso.
"Las metáforas son nuestra manera de perdernos en las apariencias o de quedarnos inmóviles en el mar de las apariencias"

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