Hoy no tengo tiempo: he de salir a coger una insolación, a comer los últimos espetos de agosto, a beber tantas cervezas como quepan en esta minibarriga mía. He de dejar entrar más canciones, más caricias. Necesito ganar unas horas al sueño para poder salir esta noche otra vez a ese chiringuito familiar y tranquilo que baja la luz y sube la música a las doce en punto mientras la luz de la luna ilumina tu rotro y el mío y pedimos una vela al camarero para vernos temblar ante el mar, mientras Dieguito juega con todos los que andan por allí con ganas de jugar.
Ayer me preguntó que qué es lo contrario de nacer (qué decías de las palabras). Me dijo que no recordaba el principio, que le contase cómo fue ir a Londres con él en mi vientre. Lloró y me dijo que echaba de menos ser más pequeño. ¡Si tan solo tiene 5 años! Después se durmió en mis brazos que nunca son más tiernos ni más graves ni más cálidos, y ya pudimos hacer nosotros nuestra particular partida de ajedrez.
NO hay nada, nada, nada mejor que vivir. Respirar, amar. Responder con alguna inspiración toda provocación. Soñar, quizás, que puedo tocar la luna, volar, retener la sonrisa perfecta, la Palabra (que no llega o no existe, o se me resiste). Y decirte que te odio y que te amo, poesía. Que me encanta (me somete) el poeta y su ritmo y su verbo. Que me deleito en el fugaz verano y ahora me voy a asirlo con las dos manos a ver si lo retengo aunque en el intento muera.
No me regañes.
Es un retrato maravilloso de la enorme potencia de una mente femenina, el cual despliegas en éste poema-relato.Y a la vez me provocó pensar como todo lo contiene ocultos los estratos definitorios del caso particular. Y reflecciono que ésto nos sucede a todos; ejemplo, cuando dices que jugaban ajedrez, ésta acción contiene en sí infinitas variantes de intensidad y profundidad, ¿Qué tanto es mucho, y qué tanto es tantito? Por eso es mejor leer todo varias veces.
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