martes, 12 de agosto de 2014

Todo volverá a ser igual


Un día me di cuenta de que era cojonudo ver las pelis en el portátil de mi madre porque todo el rato se me veía a mí por allí. De tan brillante. Mi madre es la caña, en eso hay consenso universal. En cuanto entro por la puerta, me deja el ordenador.

Una noche que venía muy mal de la calle pensé en escribir. Con contraseña, claro. Historias de borracheras, peleas y humillaciones de mierda con mi cara al fondo. Un diario. Por todo lo que pienso y no digo. Por todo lo que quiero y no hago.

Al principio no escribía casi nada: "Hoy el Flores le ha dado un navajazo al calvo de Informática". Y la fecha. "Al final Eva se va con el Dani y nos dan por culo a todos". Y la fecha. Así.

Ahora estoy enganchado. Y cuando no escribo me vienen pesadillas. O sueños raros, que de día no sé si he hecho las cosas. Un agobio. Así que escribo todo lo que puedo, sobre todo cuando llego a casa y mi madre está todavía en la cama o ya se ha ido a trabajar.

Al calvo de Informática no le dio por denunciar. Se acojonó y no dijo una palabra a nadie. Y eso al Flores le dio como un chute de hijoputez que te cagas y se puso peor de la mala leche. A nosotros nos trata bien. Somos como una familia. Si nos portamos, el tío es como un sargento guay de las pelis de guerra. Que te insulta todo el rato, pero daría la vida por ti.

Escribo para evitar tener pesadillas. Para no soñar. Escribo en secreto, claro. Porque si el Flores o alguno supiera que escribo me daban de hostias a base de bien. Por maricón, básicamente.

*

Yo no quería hacer aquello ni estar allí. Uno sabe cuando algo es demasiado. Yo amagaba las patadas y fingía darlas pero secaba el golpe a un milímetro de la piel. Nadie lo sabría ni ellos ni el fardo ni tampoco quien viese el vídeo de turno que alguien estaría grabando con su móvil desde algún balcón.

Llegamos al Monte de madrugada. Allí tenemos un sofá y una nevera vieja donde ponemos la priva. A veces, alguien trae hielo. El sitio mola un huevo. Estaba Dani con Eva, pegándose el lote. Dani había tenido mucha suerte. Había ido a ver una peli. Una de esas pelis raras de viejos que en condiciones normales el Flores lo habría machacado. Pero Eva es la horma del zapato ensangrentado del Flores.

El tío era del instituto de al lado y se había puesto chulo. El Flores y él se habían dado con el hombro cada vez que se habían cruzado. Ayer le levantó a una tía. Y ya está. A esperar que estuviera reventado de beber.

Alfonso me miraba y miraba al Cuenca, potó y se quedó frito en el sofá hasta que el sol picaba y ya se nos iba pasando la borrachera. Todos sin decir palabra escuchando a Eva contando la peli, diciendo cosas que solo se le ocurren a tías como Eva. Cada vez que hablaba parecía que le explotaba la camiseta y a todos se nos ponía tiesa.

*

El padre del Flores es el segurata del Tívoli y nos cuela cada vez que queremos. Hoy nos ha invitado a cervezas su amigo del restaurante cowboy y nos hemos montado en todos los cacharros de niños chicos con una borrachera de puta madre. Ha sido un día muy bueno. Ha venido Eva con su hermana, que está casi igual de buena, y al final nos hemos enrollado en el tren de vuelta.

*

Hemos pasado toda la tarde en la Fiscalía de menores. Mi madre está en la cama harta de Válium y de llorar. Todo ha sido culpa mía. Ella, además, que es profe, como el calvo de Informática, se ha empapado bien de montones de historias de mierda que no venían a cuento.

La culpa es mía, pero no he dicho ni pío. No podía más y se lo conté a Dani. Y Eva, que estuvo poniendo flores en la calle donde lo del muchacho aquel... Yo lo sabía. Y también tendría que haber sabido que Dani se lo contaría a ella. Estoy acojonado.

*

Por la mañana vamos al juzgado y tenemos que pasar por delante de un montón de gente. Siento el asco que me tienen y de repente me da por pensar en el karma y en el mal de ojo y en que necesito mucha suerte. En la habitación siempre el mismo madero, una mora de los servicios sociales que está allí porque soy menor, el abogado y, a ratos, mi madre, que ha tenido que traer mis Martins y la ropa de aquella noche. El secreto del sumario quiere decir que hay detalles que no nos van a decir para pillarnos. No nos dejan hablar entre nosotros y la mora, que se llama Fátima y es buena gente, me ha dicho que el Flores está en preventiva. No le he preguntado qué coño es eso porque no me sale hablar.

Vi a Alfonso al fondo de un pasillo con sus padres, llorando. Al Cuenca y al Flores no los he vuelto a ver. Mi madre dice que los padres del Cuenca han contratado un abogado muy caro y que van a lo suyo y que eso tengo que hacer yo y que le diga a ella la verdad. Pero no me sale hablar. Ella ya le daba al vino y ha empezado a mezclar con Válium. Dice que lo que me toca del seguro de mi padre puede ir para abogados buenos, pero yo le dije que no sin saber por qué.

*

Esta mañana mi madre me dijo que sabía que yo no había hecho nada malo, que estaba segura de que yo no tenía que ver con esto. Yo me puse a llorar, igual que Alfonso al fondo del pasillo pero en mi casa sin que nadie me viera.

Fátima dice que tengo que reflexionar y recordar cada detalle pero yo no quiero decir nada, estaba ciego y cada vez que lo pienso lo veo todo más oscuro y seco. Ella es de la edad de mi madre pero sin arrugas y está bastante buena, lleva ropa de colores que me gustan y tiene un modo de mirar que dan ganas de apretarle los pechos. Cuando nos hemos quedado solos, me ha dicho en voz baja que tienen las Martins del Flores con sangre y que tengo que decir lo que sé.

*

Ayer empezó el juicio. Mi madre me ha vuelto a dejar el ordenador tras dar de baja el teléfono y el adsl, porque no se fiaba de que me pusiera en contacto con los demás. Como si tuviera yo ganas. También creo que la gente llamaba. Ella está más gorda y fea que antes y todo es por mi culpa.

En el juicio nos vimos todos: el Cuenca, un poco aparte con su abogado; Alfonso, demacrado, con pinta de estar cagado de miedo; el Flores, con ganas de mirarnos. Y yo quería mirarle, quería que viese en mis ojos que no había dicho nada, pero los ojos se me bajaban al suelo solos. No controlaba ni eso ya.

Sacaron nuestras Martins. El padre del chaval resulta que es teniente de la Guardia Civil. Una cagada. Yo no sé qué me pasaba pero no podía entender nada, no escuchaba las palabras y veía todo como nublado. Vino el profe de Informática y habló un rato. Creo que no pasó nada más. Hoy estoy mejor, creo que escribir me ha puesto mejor.

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Por la tarde bajó a verme Marta. Marta vive en mi bloque y nos conocemos desde Infantil. Éramos amigos y después ya yo me olvidé de ella y supongo que ella de mí. Pero ha venido a casa. Y mi madre se ha puesto muy contenta. Marta me ha contado montones de cosas que salen en los periódicos y lo que se dice en el instituto y que yo, según ella, debería saber. Van a por el Flores, dijo. El chaval murió por una puñalada, dijo. Tuve que disimular porque no me lo creo... Yo estuve allí. Allí hubo patadas, eso es lo que hubo.

Marta es rubia, la única niña rubia a la que he besado. Me contó que la madre del chaval se suicidó antes de ayer. Pensé en mi madre. El chaval se llamaba Andrés y era guapo y sacaba buenas notas y su madre no tenía ganas de vivir sin él. Marta dijo que yo me parecía a él, pero yo nunca me habría metido con un tío con la pinta de cabrón del Flores. Marta me abrazó un buen rato antes de irse y ni siquiera me empalmé.

Se llamaba Andrés y su madre se suicidó antes de ayer. Se metió en la bañera y se cortó las venas. Imagino que para no mancharlo todo. Son las cosas que solo las madres hacen. Incluso cuando ya no son madres... Esto es una mierda. Una grandísima mierda.

*

Hoy es domingo. No hay juicio y mi madre ha ido a la peluquería del centro comercial y me ha traído un portátil para mí. Todo está abierto en verano. Domingos y festivos, pasen y gasten su pasta. Es pequeño y sin conexión a internet y la pantalla no brilla y es enana, pero es para mí. Me pasé la noche jugando al buscaminas y escribiendo sobre Marta, sobre Eva, sobre Transformers que se follaban a Eva y sobre el sofá despeluchado del Monte. Es raro, ha llegado el verano y me he acordado del botellón del descampado de San Rafael, donde esta noche estarían todos ciegos y sin problemas.

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Mi madre llevó el portátil al juez. Me lo ha contado Fátima esta mañana en el descanso. Mamá estaba en el bar y no creo que estuviese desayunando. Fátima le dijo a mamá que me comprase otro y mantuviese mi afición a la escritura. Me cabreé con ella y con mi madre y tuve un momento súper raro en mí de decir barbaridades sin parar hasta que alguien me dio una hostia y me llevaron a la enfermería y no sé por qué me enfadé tanto, la verdad. Al parecer me meé encima y pospusieron el juicio para el día siguiente y por la tarde me vino a ver una psicóloga de asuntos sociales, también mora (¡¿qué coño pasa en este país?!). Después de dos horas de mierda, me mandaron a casa con mi madre y un papel en un sobre para el juez.

*

Último día de juicio. Me dejan el ordenador. Parece que soy cómplice en la comisión de un delito de homicidio y que me pasaré seis meses de internamiento en un centro de menores en Almería. Fátima dice que cuando acabe iré a un nuevo instituto y que mi madre ha pedido un nuevo destino. Que el Flores le dio una puñalada en el cuello al tal Andrés y que, de algún modo, Alfonso y yo lo ayudamos. Y es verdad. Lo ayudamos. Alfonso más, porque las patadas se las dio con ganas.

A mí me tratarán de modo amable por el contenido del ordenador de mi madre y por ser huérfano. Alfonso pasará un año. El Cuenca se va para su casa porque tiene otro abogado y no sé qué mierda pasa. Al Flores se lo llevan a Madrid. Porque tiene ya 17 años. No creo que lo vea nunca más. Así son las cosas en el mundo de verdad.

Me dejan el ordenador, tengo dos compañeros de cuarto. Uno es igual que el Flores, el otro se llevará todas las hostias. Ahora solo pienso en que cuando salga seré como el hermano mayor de American History X, voy a escribir y a fumar, me voy a hacer unos tatuajes, pero no racistas porque no quiero disgustar a Fátima. En un año todo volverá a ser igual.


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