Un día me di cuenta de que era
cojonudo ver las pelis en el portátil de mi madre porque todo el rato se me
veía a mí por allí. De tan brillante. Mi madre es la caña, en eso hay consenso
universal. En cuanto entro por la puerta, me deja el ordenador.
Una noche que venía muy mal
de la calle pensé en escribir. Con contraseña, claro. Historias de borracheras,
peleas y humillaciones de mierda con mi cara al fondo. Un diario. Por todo lo
que pienso y no digo. Por todo lo que quiero y no hago.
Al principio no escribía
casi nada: "Hoy el Flores le ha dado un navajazo al calvo de
Informática". Y la fecha. "Al final Eva se va con el Dani y nos dan
por culo a todos". Y la fecha. Así.
Ahora estoy enganchado. Y
cuando no escribo me vienen pesadillas. O sueños raros, que de día no sé si he
hecho las cosas. Un agobio. Así que escribo todo lo que puedo, sobre todo
cuando llego a casa y mi madre está todavía en la cama o ya se ha ido a
trabajar.
Al calvo de Informática no
le dio por denunciar. Se acojonó y no dijo una palabra a nadie. Y eso al Flores
le dio como un chute de hijoputez que te cagas y se puso peor de la mala leche.
A nosotros nos trata bien. Somos como una familia. Si nos portamos, el tío es
como un sargento guay de las pelis de guerra. Que te insulta todo el rato, pero
daría la vida por ti.
Escribo para evitar tener
pesadillas. Para no soñar. Escribo en secreto, claro. Porque si el Flores o
alguno supiera que escribo me daban de hostias a base de bien. Por maricón,
básicamente.
*
Yo no quería hacer aquello
ni estar allí. Uno sabe cuando algo es demasiado. Yo amagaba las patadas y
fingía darlas pero secaba el golpe a un milímetro de la piel. Nadie lo sabría
ni ellos ni el fardo ni tampoco quien viese el vídeo de turno que alguien
estaría grabando con su móvil desde algún balcón.
Llegamos al Monte de
madrugada. Allí tenemos un sofá y una nevera vieja donde ponemos la priva. A
veces, alguien trae hielo. El sitio mola un huevo. Estaba Dani con Eva,
pegándose el lote. Dani había tenido mucha suerte. Había ido a ver una peli.
Una de esas pelis raras de viejos que en condiciones normales el Flores lo
habría machacado. Pero Eva es la horma del zapato ensangrentado del Flores.
El tío era del instituto de
al lado y se había puesto chulo. El Flores y él se habían dado con el hombro
cada vez que se habían cruzado. Ayer le levantó a una tía. Y ya está. A esperar
que estuviera reventado de beber.
Alfonso me miraba y miraba
al Cuenca, potó y se quedó frito en el sofá hasta que el sol picaba y ya se nos
iba pasando la borrachera. Todos sin decir palabra escuchando a Eva contando la
peli, diciendo cosas que solo se le ocurren a tías como Eva. Cada vez que
hablaba parecía que le explotaba la camiseta y a todos se nos ponía tiesa.
*
El padre del Flores es el
segurata del Tívoli y nos cuela cada vez que queremos. Hoy nos ha invitado a
cervezas su amigo del restaurante cowboy y nos hemos montado en todos los
cacharros de niños chicos con una borrachera de puta madre. Ha sido un día muy
bueno. Ha venido Eva con su hermana, que está casi igual de buena, y al final
nos hemos enrollado en el tren de vuelta.
*
Hemos pasado toda la tarde
en la Fiscalía de menores. Mi madre está en la cama harta de Válium y de
llorar. Todo ha sido culpa mía. Ella, además, que es profe, como el calvo de
Informática, se ha empapado bien de montones de historias de mierda que no
venían a cuento.
La culpa es mía, pero no he
dicho ni pío. No podía más y se lo conté a Dani. Y Eva, que estuvo poniendo
flores en la calle donde lo del muchacho aquel... Yo lo sabía. Y también
tendría que haber sabido que Dani se lo contaría a ella. Estoy acojonado.
*
Por la mañana vamos al
juzgado y tenemos que pasar por delante de un montón de gente. Siento el asco
que me tienen y de repente me da por pensar en el karma y en el mal de ojo y en
que necesito mucha suerte. En la habitación siempre el mismo madero, una mora de
los servicios sociales que está allí porque soy menor, el abogado y, a ratos,
mi madre, que ha tenido que traer mis Martins y la ropa de aquella noche. El
secreto del sumario quiere decir que hay detalles que no nos van a decir para
pillarnos. No nos dejan hablar entre nosotros y la mora, que se llama Fátima y
es buena gente, me ha dicho que el Flores está en preventiva. No le he
preguntado qué coño es eso porque no me sale hablar.
Vi a Alfonso al fondo de un
pasillo con sus padres, llorando. Al Cuenca y al Flores no los he vuelto a ver.
Mi madre dice que los padres del Cuenca han contratado un abogado muy caro y
que van a lo suyo y que eso tengo que hacer yo y que le diga a ella la verdad.
Pero no me sale hablar. Ella ya le daba al vino y ha empezado a mezclar con
Válium. Dice que lo que me toca del seguro de mi padre puede ir para abogados
buenos, pero yo le dije que no sin saber por qué.
*
Esta mañana mi madre me dijo
que sabía que yo no había hecho nada malo, que estaba segura de que yo no tenía
que ver con esto. Yo me puse a llorar, igual que Alfonso al fondo del pasillo
pero en mi casa sin que nadie me viera.
Fátima dice que tengo que
reflexionar y recordar cada detalle pero yo no quiero decir nada, estaba ciego
y cada vez que lo pienso lo veo todo más oscuro y seco. Ella es de la edad de
mi madre pero sin arrugas y está bastante buena, lleva ropa de colores que me
gustan y tiene un modo de mirar que dan ganas de apretarle los pechos. Cuando
nos hemos quedado solos, me ha dicho en voz baja que tienen las Martins del
Flores con sangre y que tengo que decir lo que sé.
*
Ayer empezó el juicio. Mi
madre me ha vuelto a dejar el ordenador tras dar de baja el teléfono y el adsl,
porque no se fiaba de que me pusiera en contacto con los demás. Como si tuviera
yo ganas. También creo que la gente llamaba. Ella está más gorda y fea que
antes y todo es por mi culpa.
En el juicio nos vimos
todos: el Cuenca, un poco aparte con su abogado; Alfonso, demacrado, con pinta
de estar cagado de miedo; el Flores, con ganas de mirarnos. Y yo quería
mirarle, quería que viese en mis ojos que no había dicho nada, pero los ojos se
me bajaban al suelo solos. No controlaba ni eso ya.
Sacaron nuestras Martins. El
padre del chaval resulta que es teniente de la Guardia Civil. Una cagada. Yo no
sé qué me pasaba pero no podía entender nada, no escuchaba las palabras y veía
todo como nublado. Vino el profe de Informática y habló un rato. Creo que no
pasó nada más. Hoy estoy mejor, creo que escribir me ha puesto mejor.
*
Por la tarde bajó a verme
Marta. Marta vive en mi bloque y nos conocemos desde Infantil. Éramos amigos y
después ya yo me olvidé de ella y supongo que ella de mí. Pero ha venido a
casa. Y mi madre se ha puesto muy contenta. Marta me ha contado montones de
cosas que salen en los periódicos y lo que se dice en el instituto y que yo,
según ella, debería saber. Van a por el Flores, dijo. El chaval murió por una
puñalada, dijo. Tuve que disimular porque no me lo creo... Yo estuve allí. Allí
hubo patadas, eso es lo que hubo.
Marta es rubia, la única
niña rubia a la que he besado. Me contó que la madre del chaval se suicidó
antes de ayer. Pensé en mi madre. El chaval se llamaba Andrés y era guapo y
sacaba buenas notas y su madre no tenía ganas de vivir sin él. Marta dijo que
yo me parecía a él, pero yo nunca me habría metido con un tío con la pinta de
cabrón del Flores. Marta me abrazó un buen rato antes de irse y ni siquiera me empalmé.
Se llamaba Andrés y su madre
se suicidó antes de ayer. Se metió en la bañera y se cortó las venas. Imagino
que para no mancharlo todo. Son las cosas que solo las madres hacen. Incluso
cuando ya no son madres... Esto es una mierda. Una grandísima mierda.
*
Hoy es domingo. No hay
juicio y mi madre ha ido a la peluquería del centro comercial y me ha traído un
portátil para mí. Todo está abierto en verano. Domingos y festivos, pasen y
gasten su pasta. Es pequeño y sin conexión a internet y la pantalla no brilla y
es enana, pero es para mí. Me pasé la noche jugando al buscaminas y escribiendo
sobre Marta, sobre Eva, sobre Transformers que se follaban a Eva y sobre el
sofá despeluchado del Monte. Es raro, ha llegado el verano y me he acordado del
botellón del descampado de San Rafael, donde esta noche estarían todos ciegos y
sin problemas.
*
Mi madre llevó el portátil
al juez. Me lo ha contado Fátima esta mañana en el descanso. Mamá estaba en el
bar y no creo que estuviese desayunando. Fátima le dijo a mamá que me comprase
otro y mantuviese mi afición a la escritura. Me cabreé con ella y con mi madre
y tuve un momento súper raro en mí de decir barbaridades sin parar hasta que
alguien me dio una hostia y me llevaron a la enfermería y no sé por qué me
enfadé tanto, la verdad. Al parecer me meé encima y pospusieron el juicio para
el día siguiente y por la tarde me vino a ver una psicóloga de asuntos
sociales, también mora (¡¿qué coño pasa en este país?!). Después de dos horas
de mierda, me mandaron a casa con mi madre y un papel en un sobre para el juez.
*
Último día de juicio. Me
dejan el ordenador. Parece que soy cómplice en la comisión de un delito de homicidio
y que me pasaré seis meses de internamiento en un centro de menores en Almería.
Fátima dice que cuando acabe iré a un nuevo instituto y que mi madre ha pedido
un nuevo destino. Que el Flores le dio una puñalada en el cuello al tal Andrés
y que, de algún modo, Alfonso y yo lo ayudamos. Y es verdad. Lo ayudamos.
Alfonso más, porque las patadas se las dio con ganas.
A mí me tratarán de modo
amable por el contenido del ordenador de mi madre y por ser huérfano. Alfonso
pasará un año. El Cuenca se va para su casa porque tiene otro abogado y no sé
qué mierda pasa. Al Flores se lo llevan a Madrid. Porque tiene ya 17 años. No
creo que lo vea nunca más. Así son las cosas en el mundo de verdad.
Me dejan el ordenador, tengo
dos compañeros de cuarto. Uno es igual que el Flores, el otro se llevará todas
las hostias. Ahora solo pienso en que cuando salga seré como el hermano mayor
de American History X, voy a escribir
y a fumar, me voy a hacer unos tatuajes, pero no racistas porque no quiero
disgustar a Fátima. En un año todo volverá a ser igual.
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