A falta de ideas nuevas, ideas viejas, recuerdos de viajes, vidas de otros; el inagotable ritual de recurrir al griego; revelar el mito desnudo una y mil veces. Enfadarse con el puto Dostoievski por culebronero y grande.
Una muchacha que descubre
a Klimt tras otra, la vida nos desenmascara y nos aleja. Descorcha una botella
pues ya no bebo, ni fumo, ni tomo antidepresivos ni apenas si echo un polvo una vez al mes. Si
se sobrevive al veneno de la sangre, habrá que enfrentar la cobardía ante el
espejo.
Otra joven que descubre a
Klimt. Nunca se agotarán las reproducciones de El beso. Y ahora los blogs y las
ventanas llenas de caras con estúpidas viñetas que hablan sin decir nada. La
mía se agota, la mía se difumina y se apaga. Me muero un mes para nada. Hay un
pintor que quiere ser Van Gogh. Nunca pisó un manicomio ni sufre hiperacusia ni
se cortaría una oreja así pusieran un Colt
Anaconda en la boca de su tierna hijita de tres años.
Y qué pasa con el tiempo
que estuviste confinada, esas largas tardes, esas interminables noches, ese
dolor inmenso. Dónde queda lo que fuiste, triste despojo a merced de la bondad
o crueldad de las enfermeras. ¿Qué haces de todo eso? Ese yo que desaparece sin más y no te cambia... Las noches oscuras y
gélidas en que empapas la cama se esfuman: existieron para nada. Solo quedan
bocetos de un Museum Hieraticum Erraticum
inventado, donde vemos el desfile de imágenes enturbiadas por el ojo
impresionista. Miopía impresionista acentuada a la derecha por húmedas drogas
legales. La noche del miércoles al jueves, falso meridiano de la semana
laboral, abismo desde el que no se vislumbra el fin de semana, muestra el
cuerpo de mujer sobre colchón de látex. La 547, habitada por los fumadores con
neumonía postferial, canta los goles de un Madrid-Barça que raya la medianoche.
Comemos inteligencia muerta con ojo en la noche del hombre testosterona en
nuestro infierno. Las 12 y veinte, hora alfa, 41 de fiebre, momento del
refrigerio. Imagen costumbrista: recorriendo el pasillo, el carrito de triste
motor reparte galletas y líquidos caldos nocturnos; un ruido agudo crepita de
modo audible por los ojos. La mañana se hace esperar pero no desentona; cual obra
maestra, se abre paso el adagietto de tonos móviles y voces de fregonas.
Momento álgido de bocas batientes y sillones reptantes. Auxiliares vociferantes
que custodian la manivela, el objeto más preciado de la 5ª planta, el ora
visible ora invisible abridor de ventanas, dador de la luz de la mañana que ahuyenta
el recuerdo de las recientes tinieblas.
Una joven descubre a Van
Gogh y pone un detalle de Las edades de
la mujer en su portada de Facebook. El viaje se acaba. Aunque siempre
alguien queda que descubre a Klimt y sorprende que una mujer con índice de masa
corporal igual o inferior a cero te lea la buena fortuna.